Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ganas" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ganas para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¡Las ganas.
- Ganas no faltan.
- Yo no tengo ganas.
- Ganas de espilirse.
- El Arcediano rio sin ganas.
- ¿No ves que te tienen ganas?
- No tengo ganas de conversación.
- No tengo ganas de conversación.
- Las ganas teníalas la bestia, él no.
- Y buenas ganas se le pasaban, eso sí.
- No tenía malditas ganas de levantarse.
- ¡Qué ganas tengo de pasar el Pirineo!
- Me daban ganas de ir a pedirles perdón.
- Pero semejante lectura me daba ganas de.
- Fortunata sentía ganas de echar a correr.
- ¿Creéis que no tengo ganas de descansar.
- De repente le entraron ganas de volver abajo.
- Le repito que no tengo ganas de conversación.
- ¿Y no dirán, Tula, que tengo ganas de novio?
- Éntranle ganas de bailar, y quizás baila algo.
- De repente le entraron a Juanín ganas de llorar.
- Danme ganas a veces de desengañarle, y la verdad.
- ¡Marcharse a paseo!, qué ganas de calle tenía.
- Tienes ganas de novio y es natural que las tengas.
- ¡Qué ganas, qué violentos antojos se le pasaban!
- Tengo ganas de saber cómo se desenvuelve Salmerón.
- Ganas tenían las dos recogidas de seguir charlando.
- ¡si se están todos muriendo de ganas de chiquillo.
- Tenía yo ganas de que viniera para decirle una cosa.
- ¡Tengo unas ganas de conocer a esa célebre hermosura.
- Dice que tiene muchas ganas de hacerle a usted la visita.
- Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas.
- Nunca el timorato capellán sintió tantas ganas de mentir.
- He de escribir muchas cosas que no tengo ganas de escribir.
- Él está hace tiempo muy frío, y como con ganas de romper.
- Asaltáronle pensamientos tristes, y sintió ganas de llorar.
- Pero a pesar de esto, la joven sentía ganas de decirle algo.
- Pero esto, según la mujer de la venta, eran ganas de hablar.
- Me dieron ganas de llorar, de echar a correr o de no sé qué.
- Esta, a su vez, no tenía verdaderamente muchas ganas de teatro.
- ¡Cosa extraña!, le entraron ganas de esperar para verla salir.
- ¡Qué ganas tenía de verte! Anoche me entró como una angustia.
- Te aseguro, que me dan ganas, por ejemplo, de clavarle un puñal.
- Y al oírte hablar de conciencia en este tratado, me dan ganas de.
- Lejos de tener ganas de dormir, estaba muy despabilada y nerviosa.
- Estuve muy mala aquel día, y a ratos me entraban ganas de llorar.
- Pero con un solfeo que le dieron no le quedaron ganas de repetirlo.
- Ganas de llorar, de reír, y aun de hacer el tonto delante de ella.
- Pero Don José lo rehusó, aunque buenas ganas tenía de aceptarlo.
- Pero aquella noche, al retirarse, sentía la Delfina ganas de llorar.
- Fortunata apoyó esta proposición, pero él no tenía ganas de salir.
- Mire usted, don Julián, a veces me dan ganas de empapillarle a usted.
- Pero hay días en que siento ganas de reunir a sus hijos, a mis hijos.
- Me dan ganas de reír porque me hace gracia verle a usted tan sofocado.
- Tenía escalofríos, dolor de cabeza y ganas de bostezar a cada momento.
- Nunca como en aquel momento sintió el exaltado chico ganas de tener alas.
- Mas no teniendo ganas de reñir, dejaba sin contestación sus refunfuños.
- Fortunata estuvo aquel día aburridísima, con muchas ganas de levantarse.
- Era tan grande su dolor, que no tenía ganas ni siquiera de abrir la boca.
- Le dieron ganas de comprar un revólver para ponerse a disparar tiros al aire.
- Entráronle ganas a Manolito de montarse en el pollino, y como lo pensó lo hizo.
- Me dan ganas de salir y pegarles una corrida, que no paren hasta el Ayuntamiento.
- ¡Qué ganas siento de llorar! Sola, sin nadie que me diga una palabra de consuelo.
- El negro es un inocente, e iba así en el barco entretenido, sin ganas de sublevarse.
- Me entraron ganas de pegarle un tiro, por librar a la humanidad de semejante monstruo.
- Viendo estas cosas, dan ganas de ponerse una bomba de dinamita en el velo del paladar.
- Cuando Zaldumbide se encontraba alegre y con ganas de pasar el rato, pegaba él mismo.
- Cuando me siento con ganas de llorar y dada a todos los demonios, ¿sabe usted qué hago?
- No me duele nada, me siento bien, y para colmo de felicidad no tengo ganas de comer ni de dormir.
- Miraba la cabeza, ¡y qué ganas tenía de arrancarle una mecha de pelo, de pegarle un coscorrón!
- No había llegado Fortunata al segundo, cuando vio bajar a este, y le entraron ganas de saludarle.
- Me contestó con monosílabos, y, en vista de que no manifestaba muchas ganas de hablar, enmudecí.
- Vaya, vaya, este Juanito decía Estupiñá levantándose para marcharse, tiene hoy ganas de comedia.
- Tenéis muy puntuales ganas y ejecutivas, y han menester llevar en paciencia algunas pagas atrasadas.
- No es eso, hijo mío, no es eso respondía el Obispo sofocado, con ganas de meterse debajo de tierra.
- , pensaba Santa Cruz, y al pensarlo sentía ganas de dejar al chico entregado a sus propios instintos.
- Apenas me enteré de todo sentí ganas de irme a la cama, donde todavía estaba Antonio, para arañarle.
- Pero sonaba a cencerrada en el corazón de una doncella, que no estando enamorada, tenía ganas de estarlo.
- A Fortunata le hizo esto tan mal efecto, que sintió ganas de coger la palmatoria y tirársela a la cabeza.
- Voy yo a enseñar a mi payasa a dar bromitas, y le voy a dar una solfa buena para que no le queden ganas de.
- Subieron, no sin que a Jacinta le quedaran ganas de examinar bien toda la pillería que en el patio quedaba.
- Y anda que andarás, vino a hacerse la consideración de que no sentía malditas ganas de meterse en su casa.
- Estos se conformaron con lo que su hermano proponía, y a doña Lupe le dieron ganas de tomar cartas en el asunto.
- Se vio tan vivamente acometida de ganas de llorar, que no recordaba haber llorado nunca tanto, en tan poco tiempo.
- Andrés intentó conversar con ella, pero la vieja era de pocas palabras o no tenía ganas de hablar en aquel momento.
- Aquel cuarto aireado, claro, donde entraba el sol, en donde tenía sus libros, sus papeles, le daba ganas de trabajar.
- Tía y esposa, disimulando su tristeza, le contemplaban mientras tomó el chocolate, admiradas de que lo tomase con ganas.
- Cuando explicaba algo bajaba los párpados, con un aire de suficiencia tal, que a Andrés le daban ganas de estrangularle.
- No tenía ganas el joven de explicaciones ni disputas aquella hora, y como era un poco tarde se apresuró a irse a la clase.
- Desde que le veía en las mesas de enfrente, sentía una desazón profundísima, mal de estómago y como ganas de enfadarse.
- Y todavía me dan ganas de llorar cuando me acuerdo de Don Dionisio Alcalá Galiano, el más valiente brigadier de la armada.
- Cuenta Jacinta que nunca como en aquella ocasión sintió ganas de dar a una persona de bofetadas y machacarla contra el suelo.
- Al aburrido caballero se le quitaban las ganas de dar limosna, y por fin la dio para librarse de persecución tan terrorífica.
- ¡Qué ganas de meterse en lo que no les importa! Y ahora te pregunto yo dijo Fortunata más cariñosa, pero bastante más seria.
- Pero Jacinta le tapaba la boca, y mirando a la de Rubín se sonreía con esa ingenuidad que indica ganas de trabar conversación.
- Él se estaba quieto, inmóvil, con los ojos muy abiertos y fijos, sin osar respirar, tan hermoso, que daban ganas de comérselo.
- No, los llevaré yo, bien envueltitos en un pañuelo dijo la sobrina, a quien de súbito entraron ganas de ir a la casa mortuoria.
- Ellas no tenían ganas de probar bocado, y le instaban a él a que lo hiciese, empleando los más extraños medios de persuasión.
- No siguió, porque Jacinta, no pudiendo resistir más las ganas de entablar conversación, la miró otra vez y le hizo esta preguntita.
- Pero no tenía ganas de ver gente y se echaba fuera, metiéndose otra vez por el campo hasta divisar las arcadas del acueducto del Lozoya.