Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra garganta

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra garganta en el contexto de una oración.

Término garganta: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "garganta" aquí tienes una selección de 60 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra garganta para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Un poco de ahogo en la garganta.
  • La piel y la garganta las teníamos abrasadas.
  • Jacinta, ponme un pañuelo de seda en la garganta.
  • De esta vez tenía en la garganta una pera de ahogo.
  • En sueños el grito se queda siempre helado en la garganta.
  • Ya sabía quién le apretaba con tanta crueldad la garganta.
  • ¡Ja, ja, ja! venía a decir, con la garganta y las narices.
  • Salían de su garganta las palabras como el acento de un impúber.
  • Se dejó decir la joven, sintiendo que se le apretaba la garganta.
  • No sabía qué contestar, y sentía que se le apretaba la garganta.
  • Se apretó a la garganta un pañuelo de seda blanco, y al cabo dijo.
  • Latidos en las sienes, sangre en las mejillas, angustia en la garganta.
  • La onda crecía, la sintió pasar por la garganta y subir, subir siempre.
  • El deseo de partir el dolor le apretaba la garganta con angustias de muerte.
  • Sentía latigazos en las sienes, y en la garganta mano de hierro que apretaba.
  • La voz se ahogaba en mi garganta y no tenía valor para decir la fatal noticia.
  • ¡Brava manera de masticar! Confesaban que la comida les subía ya a la garganta.
  • Todos comían mucho, menos don Pompeyo, a quien la emoción apretaba la garganta.
  • De la oprimida garganta del desdichado joven salía un gemido, estertor de asfixia.
  • ¡Qué escándalo! doña Camila cogió a Anita por la garganta y por poco la ahoga.
  • Echó ambas manos a la garganta, arrancó el alzacuello, los botones de camisa y almilla.
  • A Mesía le latió el corazón y se le apretó la garganta, con lo que se asustó no poco.
  • Al fin calculó que se le abría camino para soltar lo que tenía atravesado en la garganta.
  • Las lágrimas salían a sus ojos, y el nudo de la garganta volvió a apretársele de un modo horrible.
  • Tanta papelería exhalaba un olor a humedad, a rancio, que cosquilleaba en la garganta desagradablemente.
  • Era Rita, en chambra, con un pañuelo de seda atado a lo curro, luciendo su hermosa garganta descubierta.
  • Quería abrirse con las uñas la garganta la pobre, mirábale despavorida, pidiéndole con los ojos aire.
  • Nucha respiró de nuevo, llevándose la diestra a la garganta, que sin duda le oprimía el consabido ahogo.
  • Y la carretera, a la izquierda, se pierde a lo lejos, en rápido culebreo blanco, por la estrecha garganta.
  • Lo que yo le decía a usted observó doña Lupe casi sin poder hablar, con la alegría atravesada en la garganta.
  • No tenía voz, no le sonaba la voz, se le quedaba la intención de la palabra en la garganta sin poderla pronunciar.
  • Visita encogió los hombros, y después de pasar algo amargo que tenía en la garganta, dijo con voz ronca y rápida.
  • Su voz tornóse fosca, como si todo el alcohol que hinchaba su estómago hubiese subido en oleada ardiente á su garganta.
  • Sentía en la garganta manos de hierro, y por el espinazo y las piernas sacudimientos y un temblor tenue, frío y constante.
  • ¡Cómo me requemaba oyendo esto y cómo me requemo ahora mismo! Se me aprieta la garganta, y los ojos se me llenan de lágrimas.
  • ¡y acaso venían todos borrachos, por lo menos alegres! ¡Qué indecencia! pensó, sintiendo el despecho atravesado en la garganta.
  • Le amargaba extraordinariamente la boca, y su voz ahilada salía de la garganta con interrupciones y síncopas como la de un asmático.
  • Durante un rato estuvo la dama silenciosa, sintiendo que se le hacía en la garganta el nudo aquel, síntoma infalible de las grandes penas.
  • Se le puso un nudo en la garganta, le zumbaron los oídos y todo el lado derecho de la cabeza se quedó de repente frío y el cutis pálido.
  • Deso me podré yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y ansí fui yo loado della fasta hoy día de los amos que yo he tenido.
  • Sacáronme de entre sus manos, dejándoselas llenas de aquellos pocos cabellos que tenía, arañada la cara y rascuñado el pescuezo y la garganta.
  • Siempre sentía apretada la garganta y lágrimas en los ojos cuando veía a los niños pobres admirar los dulces o los juguetes de los escaparates.
  • El fuego hacía resaltar la blancura del pelo, el color atezado del rostro, y el enorme bocio o papera que deformaba su garganta del modo más repulsivo.
  • Holgué mucho de ver tantos hombres de bien en mi pueblo, cuando, estando en esto, oí al precursor de la penca hacer de garganta y a mi tío de las suyas.
  • Contempló Barbarita sin decir palabra al que le presentaban como nieto, y después miró a su nuera, que estaba en ascuas, con un nudo muy fuerte en la garganta.
  • Necesitaba horizontes inmensos, para no creerse aplastado, para poder ensanchar sus pulmones y arrojar la cruel madeja de suspiros que se apelotonaba en su garganta.
  • Pero, al llegar él solo hasta unas cubas que había delante de la cocina, uno de los marineros le tiró el cuchillo, con tal acierto, que se lo clavó en la garganta.
  • También alegre y bulliciosa corría de portal en portal, desafiando los más recios chaparrones, riendo a carcajadas si una gota indiscreta mojaba la garganta que palpitaba tibia.
  • Estrecha garganta por donde sólo cabían la angosta carretera y el río Abroño que se cruzaban en mitad de la hoz pasando el camino, perpendicular al río, por un puente de piedra blanca.
  • Hiciéronnos amigos la mesonera y los que allí estaban, y con el vino que para beber le había traído, laváronme la cara y la garganta, sobre lo cual discantaba el mal ciego donaires, diciendo.
  • ¡Cómo se ríe cuando está en el ataque! Tiene los ojos llenos de lágrimas, y en la boca unos pliegues tentadores, y dentro de la remonísima garganta suenan unos ruidos, unos ayes, unas quejas subterráneas.
  • Los gruesos labios le relucían con la pringue, y esta se le escurría por las comisuras de la boca formando un hilo corriente, que hubiera descendido hasta la garganta si los cañones de la mal rapada barba no lo detuvieran.
  • Cuando observaba a Mesía en acecho, cazando, o preparando las redes por lo menos, en el coto de Quintanar, Visitación sentía la garganta apretada, la boca seca, candelillas en los ojos, fuego en las mejillas, asperezas en los labios.
  • Sintió una bola extraña que se le atascaba en la garganta, y en un instante pasaron por su imaginación, como relámpagos lívidos, todas las escenas de novela que había leído, con sus terribles descubrimientos y sorpresas aplastantes.
  • Y por la vez primera, después de tanto tiempo, sintió dentro de la cabeza aquel estallido que le parecía siempre voz sobrenatural, sintió en sus entrañas aquella ascensión de la ternura que subía hasta la garganta y producía un amago de estrangulación deliciosa.
  • Al alejarse el tierno grupo, las lágrimas habían asomado a sus ojos, y no hacía ningún esfuerzo por contenerlas, sintiendo al llorar una sensación voluptuosa, como si sus pulmones, con extraordinaria dilatación, hubiesen expelido aquel nudo que le oprimía la garganta.
  • Pasando con desdén por junto a los espiritistas, se sentaba en el círculo de los empleados, oyendo más bien que hablando, y permitiéndose hacer tal cual observación con voz de ultratumba, que salía de su garganta como un eco de las frías cavernas de una pirámide egipcia.
  • Las flores de amor y alegría que sembrara el carnaval las destruyeron a penitencia limpia el Padre Maroto, un artillero retirado que predicaba a cañonazos y sacaba el Cristo, y el Padre Goberna, un melifluo padre francés que pronunciaba el castellano con la garganta y las narices y hablaba de Gomogga y citaba las grandezas de Nínive y de Babilonia, ya perdidas, al cabo de los años mil, como prueba de la pequeñez de las cosas humanas.
  • Y al tener de repente la visión clara de su desgracia, al pensar en el pobre Pascualet, que á tales horas estaba aplastado por una masa de tierra húmeda y hedionda, rozando su blanca envoltura con la corrupción de otros cuerpos, acechado por el gusano inmundo, él, tan hermoso, con aquella piel fina por la que resbalaba su callosa mano, con sus pelos rubios que tantas veces había acariciado, sintió como una oleada de plomo que subía y subía desde el estómago á su garganta.
  • ¡Cuántas veces en el púlpito, ceñido al robusto y airoso cuerpo el roquete, cándido y rizado, bajo la señoril muceta, viendo allá abajo, en el rostro de todos los fieles la admiración y el encanto, había tenido que suspender el vuelo de su elocuencia, porque le ahogaba el placer, y le cortaba la voz en la garganta! Mientras el auditorio aguardaba en silencio, respirando apenas, a que la emoción religiosa permitiera al orador continuar, él oía como en éxtasis de autolatría el chisporroteo de los cirios y de las lámparas.