Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "gasta" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra gasta para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Gasta mucho?
- Quien puede gasta.
- Mi mujer gasta un genio muy vivo.
- Ya sabes el diccionario que gasta.
- Es por la fachenda que se me gasta.
- Cuanto menos se riegue, menos se gasta.
- Tiene acento catalán, gasta bigote y perilla.
- Cada uno habla lo que le parece, y gasta las guasas que quiere.
- Con las finuras que usted gasta no es posible que nos entendamos.
- ¡Vaya con la señora esta qué genio gasta!, ¡y cómo me trata! ¿No sabe quién soy?
- Un hombre que gasta monóculo es, desde luego, digno de la consideración más profunda.
- Por verdad, más vino me gasta este mozo en lavatorios al cabo del año que yo bebo en dos.
- En Petrel, en este pueblo oscuro, en este pueblo diminuto, ¿hay un hombre que gasta monóculo?
- Y porque un joven se retira tarde y se gasta algún durete en picos pardos, me le llaman monstruo y el papá le maldice.
- Gasta como una marquesa, y el mes pasado costeó, en San Cayetano, una novena a la Virgen de las Angustias, que era lo que había que ver.
- Tenía tres mil y pico de reales, lo bastante para que viva con modestia, porque es muy económica, sumamente económica, tía, y no gasta más que lo preciso.
- A veces su imaginación agrandaba las cifras de la herencia, añadiéndole ceros, porque esa gente de los pueblos no gasta un cuarto, y no hace más que acumular, acumular.
- Es claro, dirían los partidarios de don Fermín, todo lo gasta en aguardiente, está siempre borracho y espanta la parroquia ¿cómo se quiere que el clero consuma los géneros de un perdido.
- Anda, bobillo que si te inquietaban mujeres, bien sabes tú que soy yo fiel perpetuo en esta tierra de esa mercaduría, y que me sustento de las posturas, así que enseño como que pongo, y que nos damos con ellas en casa, y no andarte con un pícaro y otro pícaro, tras una alcorzada y otra redomadona, que gasta las faldas con quien hace sus mangas.