Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra gato

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra gato en el contexto de una oración.

Término gato: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "gato" aquí tienes una selección de 79 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra gato para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Qué gato?
  • ¿Qué gato?
  • Claro, el gato.
  • ¡El gato! ¡El moreno!
  • Aquí hay gato encerrado.
  • No se asomaba ni un gato.
  • Cosa fea, es para el gato.
  • ¡Hola! allí había gato.
  • El gato, ¿qué duda tiene?
  • Es el gato decían los otros.
  • , a jugar con el gato, ¿verdad?
  • Señores, cuando yo digo que hay gato.
  • ¿Quién le ponía el cascabel al gato?
  • ¡Lo digo yo! Como si lo dijera el gato.
  • ¿Pero ¿quién llevará el gato al agua?
  • Pero ¿quién le ponía el cascabel al gato?
  • Le hacía más compañía el gato que ellos.
  • Dijo Frígilis, moviendo la cabeza qué gato.
  • La empujó con suavidad de gato que esconde las uñas.
  • Parecía que el gato sabía ya algo de aquella traición.
  • Pero él era gato viejo y gustaba de guardar seguro su dinero.
  • El gato, un gato negro con los ojos dorados, se asomó al patio.
  • Ana tuvo aprensión de que olía a incienso el blanquísimo gato.
  • El gato era, sin duda, lo único que le quedaba de un pasado mejor.
  • El cerdo, del cual se aprovechaba todo, la vaca, el gato, etc., etc.
  • Teresina entraba y salía sin hacer ruido, como un gato bien educado.
  • Había una mujer que guardaba constantemente en el regazo un gato blanco.
  • Luisito tenía un gato viejo que le seguía, y que decía que era un brujo.
  • Compañeros dijo Fernando, cuando se come gato y perro juntos no pasa nada.
  • ¡A ver! ¡ese gato! ¡que se calle o que lo maten! Entraba en su despacho.
  • Anselmo silbaba en el patio, acariciando un gato de Angola, su único amigo.
  • El gato pulcro y rollizo entró y saludó a su amigo con un conato de quejido.
  • Coged a ese gato y matadlo dijo el idiota de las patillas blancas al practicante.
  • Mira que es pifia mandar traer esta babilla y esta falda que no sirve ni para el gato.
  • En esto entró Pepinito, y al ver al gorrión se acercó a una puerta y llamó al gato.
  • Ahora lo que falta saber es si con toda esa cristiandad nos querrá dar gato por liebre.
  • Aquí hay gato encerrado decía la astuta señora, o en términos más claros, gata encerrada.
  • Apenas se reirían si porque vengo de los Pazos me diesen de buenas a primeras gato por liebre.
  • Del gabinete de la derecha salió un gato blanco, gordo, de cola opulenta y de curvas elegantes.
  • Doña Paula esconde su gato, ¡un gatazo! ¿Y las casas que compra el Magistral por esos pueblos?
  • El ventero era morisco y ladrón, que en mi vida vi perro y gato juntos con la paz que aquel día.
  • Aquello de gato pedía sangre, Ronzal estaba seguro, pero no sabía cómo contestar al liberalote.
  • ¡Vaya unos gatos más buenos que compra este fondista a los carabineros! ¡Ah!, ¿pero es gato eso?
  • Al entrar el médico, la enferma solía bajar disimuladamente al gato de la cama y dejarlo en el suelo.
  • Su único amigo era un gato negro, Belzebuth, con el que andaba por todas partes llevándolo en el hombro.
  • No la dejaba vivir, y estaba en acecho de los solecismos para caer sobre ellos como el gato sobre el ratón.
  • Otro decía que a mi padre le habían llevado a su casa para que la limpiase de ratones (por llamarle gato).
  • Sacola de esta cavilación doña Lupe, que entró con pisadas de gato, y le dijo que era preciso tomara algo.
  • Sus ojos reventones se clavaban en su verdugo con un centelleo eléctrico de ojos de gato rabioso y moribundo.
  • Quitose también las medias y echó a correr detrás del gato, cogiéndolo por el rabo y dándole muchas vueltas.
  • Interrumpiendo un silencio de algunos minutos dijo el Magistral con una voz que se parecía a la del gato blanco.
  • Tú dirás que gato escaldado del agua fría huye (sonriéndose ligeramente, por primera vez en aquella conferencia).
  • Llegó a explicarse aquellas tardes eternas que pasaba Anselmo en el patio, sentado en cuclillas y acariciando al gato.
  • Belzebuth, el gato negro del doctor Cornelius, tenía un odio feroz a Poll, y dos o tres veces estuvo a punto de matarlo.
  • La casa misteriosa, la casa de la escalera, la torre de la cruz, el puente del gato negro, el tejado del depósito de agua.
  • Entró en la sacristía y amenazó al Palomo con la cesantía, porque el gato había vuelto a ensuciar los cajones de la ropa.
  • Luego le hacía cosquillas, acostaba al gato con él, le retiraba las sábanas con la debida precaución para que no se enfriase.
  • Si el gato de Anselmo mayaba abajo, en el patio, don Víctor se enfurecía, pero sin dar voces, gritaba con timbre apagado y gutural.
  • Pepinito entonces, asustó al pájaro con el pie, y al verlo revolotear, el gato se abalanzó sobre él y le hizo arrancar un quejido.
  • Puedes hacer rabiar al chico de Santa Cruz, porque en cuanto te vea hecha una persona decente se ha de ir a ti como el gato a la carne.
  • Todo anunciaba que el señor de los Pazos se llevaría el gato al agua, a pesar del enorme aparato de fuerza desplegado por el gobierno.
  • La enferma seguía la caza con la mirada, y cuando vió que cogían a su gato, dos lágrimas gruesas corrieron por sus mejillas pálidas.
  • Sobre esto reflexionaba doña Lupe aquella tarde, cosiendo en la sillita, junto al balcón de la calle, sin más compañía que la del gato.
  • Dábale palmadas en la rodilla, y le interrogaba prolijamente por todos los de la familia, desde Barbarita, que era el número uno, hasta el gato.
  • ¡es mi macho! Frígilis olvidó el guante y el gato, y quedó arrobado oyendo el repiqueteo estridente, fresco, alegre del jilguero de sus amores.
  • Así, al modo de perro o gato, no necesita de que un cura venga y le dé la solución, sino que basta y sobra con que uno mismo se entienda con Dios.
  • Aquí me tenéis, aquí tenéis a la personalidá del endivido verídico que se pasó la santísima vida peleando como un gato tripa arriba por las judías libertades.
  • La sirviente clavaba en la señora sus ojos de gato, y su irónica sonrisa podría ser lo mismo el único aspecto cómico de la escena que el más terrible y dramático.
  • Y a lo mejor se quedaba como un gato que acecha, los ojos como ascuas, y hablando bajito, bajito, y señalando para la mesa en que está el altar y la lamparilla, decía.
  • Luego buscó prestada una ratonera, y con cortezas de queso que a los vecinos pedía, contino el gato estaba armado dentro del arca, lo cual era para mí singular auxilio.
  • Será penitencia tal vez replicó la viuda en aquel tono de convicción ingenua que tomaba cuando quería jugar con la credulidad de su sobrino, como el gato con la bola de papel.
  • Un gato pardo iba y venía del mostrador a la mesa de don Santos, se le quedaba mirando largo rato, pero convencido de que no decía más que disparates, bostezaba, y daba media vuelta.
  • Mauricia aprovechaba el silencio de la sala de labores para lanzar en medio de ella un gato con una chocolatera amarrada a la cola, o hacer cualquier otro disparate más propio de chiquillos que de mujeres formales.
  • Lugar y ocasión admirables eran aquellos para reflexionar, con los trapos sobre la falda, la aguja en la mano, los espejuelos calados, la cesta de la ropa al lado, el gato hecho una pelota de sueño a los pies de su ama.
  • El Palomo, con una sotana sucia y escotada, cubierta la cabeza con enorme peluca echada hacia el cogote, acababa de barrer en un rincón las inmundicias de cierto gato que, no se sabía cómo, entraba en la catedral y lo profanaba todo.
  • Como hallase el pan ratonado y el queso comido y no cayese el ratón que lo comía, dábase al diablo, preguntaba a los vecinos qué podría ser comer el queso y sacarlo de la ratonera, y no caer ni quedar dentro el ratón, y hallar caída la trampilla del gato.
  • Doña Lupe tenía una falda de diario con muchos y grandes remiendos admirablemente puestos, delantal azul de cuadros, toquilla oscura envolviendo el arrogante busto, pañuelo negro en la cabeza, mitones colorados y borceguíes de fieltro gruesos y blandos, tan blandos que sus pasos eran como los de un gato.
  • Cuando era preciso meditar, por el picor de una de esas ideas, hermanas del abejorro, que se plantan en el cerebro y no hay medio de sacudirlas, o doña Lupe no meditaba, o tenía que hacerlo sentada en la silleta junto a la ventana de la sala, los anteojos en el caballete de la nariz, la cesta de la ropa delante y el gato muy repantigado en un extremo de la alfombrita.
  • En casa de doña Petronila, en el salón de balcones discretamente entornados, de alfombra de fieltro gris, era donde pasaban horas y horas los dos amigos del alma, hablando de intereses espirituales, como decía el gran Constantino, sin más testigo que el gato blanco, cada vez más gordo, que iba y venía sin ruido, y se frotaba el lomo contra las faldas de la Regenta y el manteo del Magistral, cada día más familiarmente.