Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "germán" aquí tienes una selección de 21 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra germán para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Gritó Germán.
- Germán gritaba.
- Pensó en Germán.
- Preguntaba Germán.
- Germán prefería matarlos.
- Germán, el niño de Colondres.
- Germán lo explicaba como podía.
- A Germán no había vuelto a verle.
- Va a salir la de Don Germán en la capilla de los Dolores.
- A Germán, que no pareció por Loreto, se le atribuían quince años.
- Aquella amistad de Germán había sido un pecado, ¿quién lo diría?
- Lo mismo había referido Germán al barquero, pero no se creyó la historia.
- Y un marinero dibujado por mi pluma que, según la leyenda que tiene al pie, era Germán.
- La niña quería ir a tierra de moros de verdad, a matar infieles o a convertirlos, como Germán quisiera.
- Le preguntaron dónde había pasado la noche y no quiso contestar por temor de que castigaran a Germán si se sabía.
- Y se encontró en la barca de Trébol, a medianoche, al lado de Germán, un niño rubio de doce años, dos más que ella.
- Germán aceptaba inmediatamente, y estaba dispuesto a convertirse en diligencia si Ana aceptaba el cargo de mula, o viceversa.
- De haber podido romper la cuerda que sujetaba la lancha se hubieran ido a la tierra del moro, porque Germán sabía el camino por el mar.
- La única ocasión en que Germán correspondió al tipo ideal que de su carácter y prendas se había forjado Anita, fue cuando aceptó la escapatoria nocturna para ver juntos la luna desde la barca y contarse cuentos.
- Cuando era niña, pero ya confesaba, siempre que el libro de examen decía pase la memoria por los lugares que ha recorrido, se acordaba sin querer de la barca de Trébol, de aquel gran pecado que había cometido, sin saberlo ella, la noche que pasó dentro de la barca con aquel Germán, su amigo.
- No estaba en Vetusta, no podía estar en aquel pobre rincón la realidad del sueño, el héroe del poema, que primero se había llamado Germán, después San Agustín, obispo de Hiponax, después Chateaubriand y después con cien nombres, todo grandeza, esplendor, dulzura delicada, rara y escogida.