Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "gertrudis" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra gertrudis para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Pero Gertrudis.
- Mira, Gertrudis.
- Exclamó Gertrudis.
- , pensaba Gertrudis.
- Para ti soy Gertrudis.
- ¿Por qué, Gertrudis?
- Le preguntó Gertrudis.
- Le preguntaba Gertrudis.
- ¿Cómo así, Gertrudis?
- Gertrudis proveía a todo.
- No, madre, sino Gertrudis.
- Faltan once meses, Gertrudis.
- Doña Gertrudis cayó en cama.
- ¿Pero estás loca, Gertrudis?
- Porque esto exigió Gertrudis.
- Pero Gertrudis empezó a temer.
- ¿usted me entiende, Gertrudis?
- Nuestra casa, Gertrudis, nuestra.
- Pero si no son madres, Gertrudis.
- Gertrudis se sintió siempre sola.
- Cada hombre es un mundo, Gertrudis.
- Y Gertrudis temblaba al preguntarlo.
- He sorprendido tu secreto, Gertrudis.
- No, eso sí que no exclamó Gertrudis.
- Gertrudis y su voz temblaba a súplica.
- Déjame a mí, Manuela le dijo Gertrudis.
- Preguntó henchida de angustia Gertrudis.
- Esos también son míos pensaba Gertrudis.
- ¡Gertrudis! Cásate con ella, y se acabó.
- Y era ella, Gertrudis, la que así soñaba.
- Ramiro sufría y Gertrudis le sentía sufrir.
- Lo que empezó a cuajar la soledad de Gertrudis.
- No la puedo echar, Gertrudis, no la puedo echar.
- Era un género de soledad a que Gertrudis temía.
- Los ojos de Gertrudis se hinchieron de lágrimas.
- ¡Pero Gertrudis! Lo he dicho, se casará contigo.
- De continuo hablaba Gertrudis de ellos a sus hijos.
- Sí, sí le replicaba Gertrudis sonriendo gravemente.
- Preguntó Gertrudis, sin poder disimular su alegría.
- Yo soy viudo y sin hijos, como usted sabe, Gertrudis.
- No, nada la tiene y lo tiene todo, según dijo Gertrudis.
- Gertrudis tomó a su sobrinito, que no hacía sino gemir.
- ¡Mamá! Y la de Gertrudis, gravemente dulce, respondía.
- Y nadie estuvo en ella más alegre que lo estuvo Gertrudis.
- Pero a los pocos días insistió, y Gertrudis se defendía.
- ¡Gertrudis! ¡Tula! Pero has dicho que no la puedes echar.
- Buena gana de gastar mentiras en balde se decía Gertrudis.
- Gertrudis le replicaba que a los novios les convenía soledad.
- Después de todo, tú lo has querido así concluía Gertrudis.
- Este hombre me dedica un cortejeo platónico, se dijo Gertrudis.
- Gertrudis estaba brizando la pasión de Ramiro para adormecérsela.
- Lo extraño es pensaba Gertrudis que a pesar de todo no quiera irse.
- Y poco después, cojido de una mano a otra de Gertrudis, y susurrando.
- Y bien miradas y de cerca aún despertaba más Gertrudis el ansia de goce.
- No la puedo echar, Gertrudis, no la puedo echar y el hombre rompió a llorar.
- ¡Ah, doña Gertrudis, si yo pudiese hablar! ¡Pues cállese usted! Me callo.
- XXI ¿QUÉ le pasaba a la pobre Gertrudis que se sentía derretir por dentro?
- Es que Gertrudis la guarda para sí sola dijo Ramiro sin saber lo que decía.
- Y a partir de entonces no faltó Gertrudis un solo día de casa de su hermana.
- A ella, a Gertrudis, ante quien sin saber por qué temblaba, llamábale señora.
- Aquella noche, luego que hubieron acostado a los niños, dijo Gertrudis a Ramiro.
- Eres una santa, Gertrudis le decía Ramiro, pero una santa que ha hecho pecadores.
- ¡La Naturaleza no! La Santísima Virgen Madre, don Juan le interrumpió Gertrudis.
- Un milagro, Virgen Santísima gemía Gertrudis con los ojos velados por las lágrimas.
- Aquel noviazgo de recato y de reserva, bajo la mirada de Gertrudis, que era todo alma.
- Di a Manolita decía Gertrudis a Caridad que no se afane tanto, que aún estará débil.
- Y ahora quedábase Gertrudis con sus cinco crías, y bregando, para la última, con amas.
- Y Gertrudis, por su parte, le recomendaba que ocultase a los niños lo anormal de su estado.
- IV EN el parto de Rosa, que fué durísimo, nadie estuvo más serena y valerosa que Gertrudis.
- Y ahora le dijo Gertrudis a su hermana al oído a querer mucho a tu marido, a hacerle dichoso y.
- La pobre criatura posaba alguna vez su manecita en la mano de Gertrudis, que sostenía el frasco.
- Gertrudis, toda encendida, bajaba la cabeza y se callaba, mientras le tocaba a rebato el corazón.
- ¡El cristianismo, al fin, y a pesar de la Magdalena, es religión de hombres se decía Gertrudis.
- El pobre señor sentía un profundísimo respeto, mezclado de admiración, por su sobrina Gertrudis.
- ¡No que él se convirtiera! ¡eso jamás! pero ¡su Gertrudis, sus niñas! y lloraba el desgraciado.
- ¡Mira qué hermosura! exclamó Gertrudis una tarde, al ocaso, en que estaban sentados frente al mar.
- Y Gertrudis tuvo que vencer la repugnancia que la sangre, sobre todo la negra y cuajada, le producía.
- ¡Bueno, déjate de bromas! Y desde entonces empezó Gertrudis a frecuentar más la casa de su hermana.
- Ramiro vivía sumido en una resignada desesperación y más entregado que nunca al albedrío de Gertrudis.
- Cuando una vez, poco antes de morir, su hermana Rosa tuvo un vómito, de ella Gertrudis huyó despavorida.
- Mira llegó a decirle una vez Gertrudis a su hermana ante aquellas señales, no te pongas así, tan babosa.
- Una vez en que Ramiro quiso que se sentaran en el suelo, sobre la yerba montañesa, Gertrudis le contestó.
- Gertrudis sufría al ver la atención con que los pequeños, sus sobrinos, seguían los juegos del averío.
- Y ésta parecía aún más que antes la criada, la sirvienta, y más que nunca Gertrudis el ama de la casa.
- Recojiólo Gertrudis con avidez, y como si nunca hubiera hecho otra cosa lo lavó y envolvió en sus pañales.
- ¡Pues bien, Gertrudis, quiero decirte toda la verdad! No tienes que decirme más verdad le atajó severamente.
- Pasó rápidamente por el magín de Gertrudis replicarle que quedaban otras madres, pero se contuvo e insistió.
- Adiós, Ricardo, que seas feliz y hagas felices a otros, y ten por seguro que nunca, nunca te olvidará GERTRUDIS.
- ¡Pero eso que pretendes es una locura, Gertrudis! La locura, peor que locura, la infamia, sería lo que pensabas.
- Es, en efecto, terrible dijo el médico en cuanto Gertrudis se repuso dejar así cuatro hijos, ¿qué digo cuatro?
- Luego fué, apoyada en ella, en Gertrudis, Manuela, y de poco se muere de la congoja que le dió sobre el enfermo.
- Y fué esta muerte, tan natural, la que más ahondó en el ánimo de Gertrudis, que había asistido a otras tres ya.
- El biberón, ese artefacto industrial, llegó a ser para Gertrudis el símbolo y el instrumento de un rito religioso.
- Mas tuvo que contenerse al tropezar con el reproche de aquellos ojos de Gertrudis, que hablaban mudamente de seriedad.
- Besaron, primero Gertrudis y Rosa después, la frente cérea del anciano y abrazáronse luego con los ojos ya enjutos.
- Que aunque no fueses, como en realidad lo eres, su madre, ¿tienes derecho, Gertrudis, a perseguirme con tu presencia?
- Y al ir a besar a aquel rollo de carne que le presentaban como su hijo rozó su mejilla, encendida, con la de Gertrudis.
- Murió Manuela clavados en los ojos de Gertrudis sus ojos, donde vagaban figuras de niebla sobre las sombras del Hospicio.
- ¡Para la elección, sí! X Y era lo cierto que en el alma cerrada de Gertrudis se estaba desencadenando una brava galerna.
- Entonces sería vuestra madrasta pensó Gertrudis, pero no se atrevió a desnudar este pensamiento pecaminoso ante el niño.