Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra gritando

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra gritando en el contexto de una oración.

Término gritando: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "gritando" aquí tienes una selección de 37 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra gritando para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Lo lanzó sobre un diván y gritando dijo.
  • En seguida se entró por la casa gritando.
  • Villuendas se reía sin atajarle, gritando.
  • Algunas noches entraba en su hogar gritando.
  • Guillermina empezó a dar palmadas, gritando.
  • En el arroyo, la gente se arremolinaba gritando.
  • La mona se refugió entre las faldas de su ama, gritando.
  • Y ya a diez pasos de la verja volvió atrás furioso, gritando.
  • Sonó una bofetada y la voz de Visanteta gritando a todo pulmón.
  • Volaban los condenados gritando como brujas sorprendidas en aquelarre.
  • Iv Tío, por Dios, tío, despierte usted volvió a decir Fortunata gritando.
  • Así había estado una semana gritando, delirando, hasta morir en un sueño.
  • Discreto animal, que hablaba como un teólogo y nos despertaba a todos por la mañana, gritando.
  • Auxiliado por este, Maxi logró levantarse y corrió un buen trecho por el camino abajo, gritando.
  • El agua invadía rápidamente aquel recinto, y algunos marinos asomaron por la escotilla gritando.
  • La madre de Carlos y las criadas, alarmadas salieron de sus cuartos gritando, preguntando lo que era.
  • Con toda la que le dio el miedo sacudió el brazo para librarse de aquella prisión, mientras seguía gritando.
  • Siempre estaba yendo y viniendo, hablando, gritando, riñendo a su mujer y a su hermano, a los criados y a los pobres.
  • Vamos, hijos, quitaos de en medio les dijo Guillermina a punto que la zancuda destruía con el pie el lavadero, gritando.
  • Al segundo día, Fortunata dijo a doña Lupe que se marchaba, lo que dio motivo a que la señora saliera por los pasillos gritando.
  • Estaba el pobre chico encendiendo el quinqué de su cuarto, cuando la señora apareció en la puerta, gritando con toda la fuerza de sus pulmones.
  • Mas debía ser errónea tan maliciosa suposición, porque Rita aprovechó un segundo de suspensión de hostilidades para huir nuevamente, gritando.
  • En efecto, sin darse cuenta de ello, comenzó a parodiar a Perales a quien acababa de ver dando patadas en la escena y gritando como un energúmeno.
  • Sé que, después de todo, le tengo cierto cariño, y si abandonase su amistad, una voz insufrible me había de estar gritando siempre en favor suyo.
  • Esparcióse un murmullo de satisfacción en el público, y hasta una vieja empezó á palmotear, gritando ¡vítor! ¡vítor!, entre las risotadas de la gente.
  • Todo lo refería gritando bastante, a fin de que el punto de sordera del arcipreste, agravado por el viento, no le impidiese percibir lo más sustancial del discurso.
  • Salieron corriendo su mujer, enferma, y las cuatro hijas, gritando como locas, y se abrazaron á él, intentando arrancarle la escopeta, tirando del cañón con ambas manos.
  • El viejo continuaba hablando junto al lecho del enfermo, excitado por la indignación, con voz sorda unas veces y gritando otras, de modo que cubría aquel estertor angustioso.
  • Oíanse en aquella parte del café cláusulas furibundas, proposiciones que parecían dichas en un púlpito, y descollaba sobre el tumulto la valiente voz de Pedernero gritando.
  • Veía al pequeñín cuando lo colocaba su padre sobre la dura espina del animal, golpeando con sus piececitos los lustrosos flancos y gritando ¡arre! ¡arre! con infantil balbuceo.
  • Batistet, con el ansia de salvar algo, corría desaforado por las sendas, gritando, aporreando las puertas de las barracas inmediatas, que parecían parpadear con el reflejo del incendio.
  • Los perros barraqueros salían con ladridos feroces, atraídos por el estrépito de la lucha, y las mujeres, en las puertas de sus casas, levantaban los brazos al cielo, gritando indignadas.
  • Como su carácter era algo arrebatado y su genio vivo, daba las órdenes gritando y con tanto coraje, que si no las obedeciéramos porque era nuestro deber, las hubiéramos obedecido por miedo.
  • Entre éstos vi a Marcial, que se multiplicaba gritando y moviéndose conforme a su poca agilidad, y era a la vez contramaestre, marinero, artillero, carpintero y cuanto había que ser en tan terribles instantes.
  • Marchaban al paso, tímidas, anonadadas, haciendo comentarios en voz baja, siguiendo de lejos a una compañera infeliz que, retorciéndose y gritando como una fierecilla en el cepo, era arrastrada por un alguacil.
  • El del colegio no tenía más que algunos macizos con hierbas y flores, y era una cosa extraña que daba cierta impresión de algo alegórico, ver al mismo tiempo jugar a las niñas corriendo y gritando, y a los frailes que pasaban silenciosos en filas de cinco o seis dando la vuelta al patio.
  • Y cuando unos tíos repugnantes llegaron en un carro para llevarse su caballo á la Caldera 16, donde convertirían su esqueleto en hueso de pulida brillantez y sus carnes en abono fecundizante, lloraban los chicos, gritando desde la puerta un adiós interminable al pobre Morrut, que se alejaba con las patas rígidas y la cabeza balanceante, mientras la madre, como si tuviese un horrible presentimiento, se arrojaba con los brazos abiertos sobre el enfermito.