Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra guardar

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra guardar en el contexto de una oración.

Término guardar: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "guardar" aquí tienes una selección de 34 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra guardar para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Voy a guardar esta badila dijo el juez.
  • ¿De qué te sirve guardar tanto dinero.
  • Había que ser cauto y guardar la salida.
  • Para conseguirlo hay que guardar secreto.
  • Cuando se ponía a guardar ropa, la ayudaba.
  • ¡Vaya, que si yo me fiara de usted para guardar la casa!
  • Estaba acostumbrada a no guardar respeto a nada ni a nadie.
  • Con que a guardar los monises, y no se hable más del asunto.
  • Pero él era gato viejo y gustaba de guardar seguro su dinero.
  • Después de meditar un rato, volvió a guardar la cartera y se dijo.
  • El capitán nos indicó una peña cónica como el mejor punto para guardar el tesoro.
  • Y yo debo subir, y guardar para mí todos estos rencores, toda esta hiel tragármela.
  • Pero en todo aquello que se relaciona con el amor, la dignidad consiste en guardar el decoro.
  • Era hombre que antes de guardar un ochavo que no fuese suyo, se habría estado callado un mes.
  • La Ignacia tuvo que guardar la botella del medicamento, para que el enfermo no se la bebiera de un trago.
  • Lo primero que has de tener presente es que siempre, siempre, en todo caso y momento, hay que guardar el decoro.
  • Allen pidió al master madera para hacer dos cajas, una para él y otra para mí, para guardar nuestros efectos.
  • La ferretera, algo corrida, tenía que guardar los trebejos, después de oír comentarios verdaderamente injustos.
  • Cuando volvieron a sus casas se apresuraron a guardar cuidadosamente la inteligencia en los armarios y en los cajones.
  • Es que la conciencia se me ha subido aquí al cuello, a la cabeza, y me pesa tanto, que no puedo guardar bien el equilibrio.
  • Pero al comenzar la carrera pidió a Margarita le trasladaran a un cuarto bajo de techo, utilizado para guardar trastos viejos.
  • ¡aquello no era digno de ella! Para don Víctor había que guardar el cuerpo, pero al Magistral ¿no había que reservarle el alma?
  • Hay que guardar en todo caso las santas apariencias, y tributar a la sociedad ese culto externo sin el cual volveríamos al estado salvaje.
  • Pero este descanso se compensaba con el exceso de vigilancia para guardar el rebaño, cada vez más perseguido de lobos y expuesto a infinitas asechanzas.
  • Le hizo guardar los brazos bajo las mantas, le arropó, le dió un beso en la frente como se le da a un niño y un niño era entonces para ella y se fué.
  • Y un poco más adentro, como un tesoro difícil de guardar, estaba en pequeños sacos la aristocracia del casquijo, las bellotas dulzonas, atrayendo las miradas de los golosos.
  • Y en esto, mientras soñaba así y como para guardar en su pecho este último ensueño y llevarlo como viático al seno de la madre tierra, la pobre Manolita cayó gravemente enferma.
  • Seguía el relato de la mística noche nupcial, de la conversión de Valeriano, del ángel que velaba a Cecilia para guardar su pureza, con el desenlace glorioso y épico del martirio.
  • Si al principio, por ser tan niña, no había sacado ninguna enseñanza de aquella injusta persecución de la calumnia, más adelante, gracias a ella, aprendió a guardar las apariencias.
  • Es decir, dar por una cosa de la vida toda su independencia espiritual, resignarse a cumplir obligaciones y deberes sociales, a guardar consideraciones a un suegro, a una suegra, a un cuñado.
  • No se les ocultaba que su tía sabía hacer guardar los respetos debidos a la entidad de Jáuregui, presente siempre en la casa por ficción mental, de que era símbolo el feo retrato que en el gabinete estaba.
  • Cuando vivía el padre de éste señalando a Juan y yo era sólo primer dependiente! Entonces, aunque me esté mal el decirlo, todos los años, al hacer el inventario, quedaban dos o tres mil duritos para guardar.
  • Después de darse mucha importancia, haciendo que lo enseñaba y volviéndolo a guardar, con lo cual la curiosidad de las otras llegaba al punto de la desazón nerviosa, de repente ponía el papel en las narices de sus amigas, diciendo en tono triunfal.
  • Y el de las pelotillas lo aprobaba todo, contento con salir de la advertencia sin cañazo, cuando otro grandullón que estaba á su lado en el banco y debía guardar antiguos resentimientos, al verle de pie y con las posaderas libres, le aplicó en ellas un pellizco traidor.