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Ejemplos de oraciones con la palabra habitación

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra habitación en el contexto de una oración.

Término habitación: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "habitación" aquí tienes una selección de 95 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra habitación para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Sí, sí que hay habitación.
  • La habitación está en la penumbra.
  • No, no hay habitación en esta casa.
  • Tampoco hay habitación en esta casa.
  • Acerqueme poco a poco a la habitación.
  • Era una habitación muy bien puesta y cómoda.
  • ¡Están a obscuras! no hay luz en esa habitación.
  • Moreno entró en su habitación, seguido del criado.
  • Las idas y venidas frecuentes de Sabel por su habitación.
  • Al entrar en su habitación, pensaba esto o algo análogo.
  • Abrir la puerta, que esta mentira no cabe en la habitación.
  • El señor doctor está en la habitación de miss Guillermina.
  • Él entonces se puso a dar paseos rápidos por la habitación.
  • Del salto se puso Fortunata al otro extremo de la habitación.
  • Las Josefinas permanecían en la habitación que hacía de coro.
  • Perucho se coló en la habitación, ocultándose tras del biombo.
  • Le preguntó Don Baldomero desde el otro extremo de la habitación.
  • Subió don Pedro a su habitación y volvió con la escopeta al hombro.
  • Era el de la habitación en que había muerto la hija de los Marqueses.
  • Era la habitación donde había muerto la hija segunda de los Marqueses.
  • Examinaba la habitación y habría deseado poder escudriñar la casa toda.
  • Pensaba descansar un ratito y pasar luego a la habitación de Guillermina.
  • Entré en este terreno en que estoy como se pasa de una habitación a otra.
  • Voy, señorito gritó una voz dulce y fresca desde una habitación contigua.
  • Ésta es mi habitación, y no me parece decente que te estés metido en ella.
  • La una conducía a la sacristía, la otra a la habitación que hacía de coro.
  • Después se lanzó por las escaleras, dirigiéndose a la habitación de Nucha.
  • También mandó Guillermina despejar la habitación y que se apagaran las luces.
  • A las diez estaba el misántropo en su habitación, disponiéndose para acostarse.
  • Salté de la cama y entré por la puerta excusada en la habitación de mi señora.
  • La cuestión era entrar todas las noches en la habitación de la Regenta por el balcón.
  • Dijo que no estaba para nadie y se paseó por la estrecha habitación como por una jaula.
  • Acabando de vestirse, empezó a dar trancos por la habitación, manoteando y hablando solo.
  • Indicó a doña Lupe que le librara de este martirio poniendo a Nicolás en otra habitación.
  • Durante el bachillerato, Andrés había dormido en la misma habitación que su hermano Pedro.
  • Apenas salía de su habitación donde vivía esclava de su niña, cosida a ella día y noche.
  • Después de un breve sueño, vio ella la escueta figura de Maxi dando paseos en la habitación.
  • Mientras el belicoso médico no venía, todo era paz y sosiego en la habitación de la enferma.
  • Volvió a echarse, y se entretuvo contemplando con errante mirada las paredes de la habitación.
  • Mauricia se levantó y andando lentamente retirose a la habitación donde dormía y tenía su ropa.
  • III Despertó Julián cuando entraba de lleno en la habitación un sol de otoño dorado y apacible.
  • En su habitación pudo el capellán notar mejor que en la cocina la escandalosa suciedad del angelote.
  • Barbacana servía mejor para preparar desde su habitación una emboscada, hurtando el cuerpo después.
  • Lo tomaban en la habitación próxima a la entrada, y al salir lo volvían a dejar después de doblarlo.
  • Destinósele una habitación contigua a la alcoba de la señora, y que le servía a esta de guardarropa.
  • Cierto día entró el capellán en la habitación de la señorita y encontró un inesperado espectáculo.
  • ¡Bribona! ¡Bribonaza! tartamudeó el señorito, iracundo, paseándose por la habitación aceleradamente.
  • Aquí abajo le pondremos a usted y le llevó a una habitación bastante grande, con una ventana a la calle.
  • La empujó suavemente y entró en la casa habitación de sus pájaros que dormían el sueño de los justos.
  • Oyó el marqués chirriar puertas, indicio de que la chica se había acogido al sagrado de alguna habitación.
  • Guillermina, no conformándose con el escondite, quiso salir con ánimo de recibir la visita en otra habitación.
  • Y miraba a los astros con ojos interrogantes, como inquilino que escoge la mejor habitación para trasladarse a ella.
  • Detuviéronse un instante en la habitación, y Don Manuel, poniéndole una cara muy seria, hizo a su primo esta pregunta.
  • Díjole la Delfina que deseaba hablarle, y él la invitó con toda la cortesía de que era capaz a pasar a su habitación.
  • Fortunata sintió como un desvanecimiento, y al incorporarse se le iba la cabeza, y la habitación daba vueltas en torno suyo.
  • Antes que doña Lupe respondiera, Maximiliano estrelló la hucha contra el suelo, y las piezas de cobre inundaron la habitación.
  • La claridad se esparcía por la mesa, y el resto de la habitación estaba en penumbra manchada, con verdosa pátina de tapiz viejo.
  • Y esta habitación está allí cerca, a la derecha de la puerta, recayente al patio, al final del zaguanillo de cuadrilongos ladrillos rojizos.
  • Pepe, el casero de los Marqueses, con la boca abierta, en pie, pasmado y triste, esperaba órdenes en la habitación contigua a la del moribundo.
  • En aquellas tristes horas engañaba el insomnio paseándose a ratos por la habitación, a ratos echado y descabezando un ligero intranquilo sueño.
  • Pero en tan corto espacio creyó que la habitación danzaba como una peonza, que el techo descendía hasta apoyar en su cabeza su peso irresistible.
  • En las veces que fue admitido a la intimidad de la habitación de Nucha y se le consintió aproximarse a la nené y vivir su vida, jamás osara hacerlo.
  • Este se había levantado, y poniéndose a dar paseos por la habitación con las manos en los bolsillos, expresó sus magnánimos pensamientos de esta manera.
  • Será una tontería, ¡ya sé que lo será!, pero no me atrevo a salir de mi habitación, yo que antes revolvía todos los rincones y andaba por todas partes.
  • A eso de las tres, marido y mujer estaban solos en el despacho, él en el sillón leyendo periódicos, ella arreglando la habitación que estaba algo desordenada.
  • El médico le había aconsejado que anduviese, y a pesar de que los dolores le hacían encogerse y apoyarse en los muebles, no cesaba de andar por la habitación.
  • Se le permitía ir al departamento de Josefinas, y como tenía habitación aparte y pagaba buena pensión, gozaba de más comodidad que sus compañeras de encierro.
  • Era grande la habitación destinada a Julián, y la luz del velón apenas disipaba las tinieblas, de entre las cuales no se destacaba más que la blancura del lecho.
  • El carpintero silbaba, el tordo, el mejor tordo de la provincia, que Quintanar llevaba de habitación en habitación, silbaba también colgada de un alambre su jaula.
  • Desde aquel día el hombre la miraba con llamaradas en los ojos, y sonreía, y en cuanto salía de la habitación el aya le pedía besos a ella, pero nunca quiso dárselos.
  • Sin poderme contener, viendo el entusiasmo de los dos marinos, comencé a dar vueltas por la habitación, pues la confianza con que por mi amo era tratado me autorizaba a ello.
  • Tras el pocillo de aromoso chocolate, dio a Julián la mejor cama y habitación que poseía, y le despertó cuando la gaita floreaba la alborada, rayando ésta apenas en los cielos.
  • Arreglada ya la capilla, sólo en la habitación de su madre podía verla, y allí fue, no bastándole el beso robado en el corredor, cuando el ama lo cruzaba con la nena en brazos.
  • Antes de las doce, todo estaba en silencio, y los papás se retiraron a su habitación, después de encargar a Jacinta que estuviese muy a la mira para que el Delfín no se desabrigara.
  • Después de esto, tornó a ver con claridad las cosas, y dejando vagar sus miradas por la habitación solitaria y semioscura, pensaba en lo mismo, pero apreciando mejor la realidad de las cosas.
  • Volviose, saludó a su esposa con una sonrisa, y con majestuoso paso, no obstante calzar bordadas zapatillas, se restituyó a su habitación que estaba al otro extremo del caserón de los Ozores.
  • Se fué el doctor, y la muchacha de los ojos negros descorrió las cortinas y Martín se encontró en una habitación grande, algo baja de techo, por cuya ventana entraba un dorado sol de invierno.
  • Parecíale que aquella habitación donde reinaba tan imponente silencio, donde ardían tan altas y graves las luces, era el mismo templo en que no hacía dos horas aún se había puesto de hinojos.
  • El marqués se paseaba por la habitación ceñudo, contraído, hosco, con esa expresión torva y estúpida a la vez que da la falta de sueño a las personas vigorosas, muy sometidas a la ley de la materia.
  • Permanecía en pie en medio de la habitación, como una estatua, contemplando la figura lastimosísima de su marido, sin atreverse a preguntarle nada ni a pedirle una aclaración sobre las extrañas cosas que revelaba.
  • Esta habitación obscura y húmeda exhalaba un vaho de alcohol, un perfume de mosto, que embriagaba el olfato y turbaba la vista, haciendo pensar que la tierra entera iba á quedar cubierta por una inundación de vino.
  • Cruzó rápidamente el helado zaguán, la cavernosa cocina, y, atravesando los salones solitarios, se apresuró a refugiarse en la habitación de Nucha, donde acostumbraban servirle el chocolate por orden de la señorita.
  • Aquellos millones fantásticos, saliendo de la boca de Juanito, rodaban sobre el pobre tapete de la mesa, parecían infundir por la mísera habitación un ambiente de aplastante opulencia, algo semejante a la sonora vibración de montones de oro.
  • ¡Afortunado mortal! Desde entonces, su nombre pareció llenar la habitación, y las dos mujeres le aposentaron en su memoria, imaginándolo como un ser poderoso, todo bondad, que peloteaba los millones y se divertía haciendo ricos a los pobres.
  • Pararon en una habitación relativamente chica, con ventana de reja, donde las negras vigas del techo semejaban remotísimas, y asombraban la vista grandes estanterías de castaño sin barnizar, que en vez de cristales tenían enrejado de alambre grueso.
  • Gesticulaba en medio de la habitación, iba de un lado para otro, parábase delante de los esposos sin ninguna muestra de respeto, daba rápidas vueltas sobre un tacón y tenía todas las trazas de un hombre completamente irresponsable de lo que dice y hace.
  • ¡Tengo una liga rota! Y así continuaba el diálogo de exclamaciones sueltas, lamentos y protestas, mientras las dos jóvenes, en chambra y enaguas, mostrando a cada abandono rosadas desnudeces, iban de un lado a otro, como aturdidas por el ambiente cálido y pesado de la habitación cerrada.
  • Rafaelito era socio de todos los círculos distinguidos y decentes donde se baila, mientras arriba, en una habitación con luces verdes, guardada y vigilada como antro de conspiradores, rueda la ruleta con sus vivos colorines o se agrupan los aficionados en torno de las cuatro cartas del monte.
  • Dicha luz reproducía en el techo de la habitación el foco de los candelabros, con las sombras de su armadura, y esta imagen fantástica, temblando sobre la superficie blanca del cielo raso, atraía las miradas de la triste joven, que estaba tendida en una butaca con la cabeza echada hacia atrás.
  • La claridad que bañó la habitación, una vez abiertas las maderas de la ventana, permitió a Nucha distinguir al fin el sofá de repis azul, los dos sillones haciendo juego, el velador de caoba, la alfombra tendida a los pies del sofá y que representaba un ferocísimo tigre de Bengala, color de canela fina.
  • Durante el diálogo que he referido, sin responder de su exactitud, pues sólo me fundo en vagos recuerdos, una tos recia y perruna, resonando en la habitación inmediata, anunciaba que Marcial, el mareante viejo, oía desde muy cerca la ardiente declamación de mi ama, que le había citado bastantes veces con comentarios poco benévolos.
  • Tónica así la llamaban sus parroquianas comía en casa de éstas, cosía once horas, cuando no tenía que salir para comprar tela, hilo o botones, y por la noche regresaba a su habitación de la calle de Gracia, un piso tercero de una casa vieja y pequeña, que las dos mujeres tenían como taza de plata, según expresión de las vecinas.
  • Atravesando la cocina, colóse en la habitación baja donde despachaba Primitivo, y empujando la puerta, le vio sentado ante una gran mesa antigua, sobre la cual se encrespaba un maremágnum de papelotes cubiertos de cifras engarrapatadas, de apuntes escritos con letra jorobada y escabrosa, por mano que no debía ser diestra ni aun en palotes.
  • Si alguno de los molidos músicos de la cencerrada se atreviese a asomar la cabeza y mirar hacia las ventanas del cacique, vería que, por fanfarronada o por descuido, no estaban cerradas las maderas, y podría distinguir, al través de los visillos y destacándose sobre el fondo de la habitación alumbrada por el quinqué, las cabezas del abogado y de su feroz defensor y seide.
  • Y no contento con las largas conversaciones que allí sostenía con su novia, todavía por las mañanas, a la hora en que Amparo estaba en el tocador, las criadas en el Mercado y la mamá en la cama, subía la escalera, y en el rellano, ante la puerta entreabierta de la habitación, hablaba más de una hora con Conchita, hasta que se levantaba doña Manuela y comenzaba el movimiento de la casa.