Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra hablado

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra hablado en el contexto de una oración.

Término hablado: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "hablado" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra hablado para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Todo estaba hablado.
  • Y yo he hablado alto.
  • ¿Has hablado con él.
  • Le he hablado de usted.
  • Bastante hemos hablado.
  • Bastante hemos hablado.
  • ¿Se ha hablado de eso?
  • Dos veces le he hablado.
  • Yo no he hablado de eso.
  • Aquí se ha hablado mucho.
  • Ya he hablado con la santa.
  • La he visto y la he hablado.
  • Hubiera usted hablado antes.
  • Se había hablado mucho más.
  • He hablado largamente con él.
  • Hoy hemos hablado mi tía y yo.
  • Bastante he hablado, picarilla.
  • No he hablado con ella tres veces.
  • Le había visto, le había hablado.
  • No hemos hablado una palabra de ti.
  • ¿Y aquí no ha hablado de religión?
  • Después le pesaría de haber hablado.
  • Pero de los dogmas había hablado poco.
  • No he hablado con ella más que una vez.
  • Ea dijo entrando, bastante hemos hablado.
  • ¡Cuánto hemos hablado de esta cuestión!
  • Le parecía que ya habían hablado bastante.
  • Si desde el principio hubieras hablado conmigo.
  • A Jacinta y a Juan no les había hablado nunca.
  • No se había hablado palabra de amor, es claro.
  • He hablado pocas veces con él, apenas le trato.
  • Ya hemos hablado del primer caso, que es el mejor.
  • Hágase usted cuenta de que no hemos hablado nada.
  • He hablado con él y me ha parecido muy razonable.
  • Ellos, la Regenta y el Magistral, habían hablado poco.
  • Porque ha hablado usted mucho de ella durante el delirio.
  • He hablado mucho de usted a mi general le dijo a Martín.
  • Se habían hablado pocas veces y siempre entre mucha gente.
  • No me has hablado nunca de eso declaró severamente Jacinta.
  • Ha hablado de que en España hay más pulgas que en Francia.
  • Eran de esos hombres que casi nunca han hablado con mujeres.
  • Había hablado como quien repite una frase hecha, sin sentido.
  • No era la misma mujer con quien había hablado dos días antes.
  • Conocía á aquel hombre, aunque jamás había hablado con él.
  • A otro día ya estaba comprada la cartilla y hablado el maestro.
  • Don Cayetano le había hablado con mucha seriedad de la Regenta.
  • Hemos hablado de eso en el palco la Marquesa, don Robustiano y yo.
  • La madre había hablado de las calumnias con que le querían perder.
  • Porque aunque no le he hablado nunca, le hablaré, si usted me lo manda.
  • Y tantos otros han hablado aquí, han cantado, corrido, jugado, bailado.
  • Aquí hemos hablado mucho de esto, y la verdad, él podría ser auténtico.
  • De allí sacaba el guante morado del Magistral, del que a nadie había hablado.
  • Por respeto a sí misma, nunca había hablado de esto a nadie, ni al mismo Delfín.
  • Yo le juro a usted que con nadie he hablado de este asunto, absolutamente con nadie.
  • Yo no le he visto repuso el capitán, pero he conocido gente que ha hablado con él.
  • Y después había hablado de lo que él mismo sentía, de sus ilusiones respecto de ella.
  • No parecían armas, se había hablado del sable primero, pero no parecían sables de desafío.
  • Nunca, ni aun con el pensamiento, había hablado Maximiliano de doña Lupe con tan poco respeto.
  • Pero más adelante hay otro episodio, del cual no te he hablado nunca, porque no había para qué.
  • Se acordó de que Ripamilán le había hablado varias veces de un pozo seco que había en el Vivero.
  • Petra, por venganza, por mala índole, había hablado, había dicho a alguna amiga lo de su antigua ama.
  • Doña Lupe creyó que no la reconocería, pues sólo se habían hablado una vez en la función del Asilo.
  • Pero, a pesar de todo eso, si usted me hubiese hablado como hoy antes, hubiese venido aunque fuera a nado.
  • Hombre, a propósito de sabios dijo don Frutos Redondo, el americano, que hasta entonces no había hablado.
  • ¡Qué hombre tan raro! ¿Cuándo le había hablado don Cayetano de si tenía ella este o el otro temperamento?
  • En su cerebro estalló la palabra grosera con que el vulgo mal hablado nombra a los maridos que toleran su deshonra.
  • Había hablado con mucha afabilidad, con voz meliflua, pero poco, con cierto tono frío, y algo distraído al parecer.
  • El más calificado era un viejo catarroso, andaluz, gran narrador de anécdotas, mal hablado, y en el fondo buena persona.
  • Si ella hubiese hablado un día con un joven y otro día con otro sin hacer caso de mí, quizá no me hubiera hecho efecto.
  • No se había hablado palabra del negocio y hasta el mismo Peláez comprendió que había que abordar la cuestión espinosa.
  • El Magistral había eclipsado a la santa, se había hablado más de aquella dulce hermandad en la virtud que de Dios mismo.
  • El Magistral había hablado de las consultas que los periódicos protestantes establecen para dilucidar casos de conciencia.
  • Doña Ana jamás había hablado a solas con el Magistral, y después que cesaron las visitas apenas volvió a verle de cerca.
  • Ni uno solo de aquellos hombres que quedaban allá abajo le había hablado de amor, de amor cierto, ni se lo había inspirado.
  • Había hablado también de un amor universal, que no era ridículo por más que se burlasen de él los que no lo comprendían.
  • Y además, ¡habían hablado de tantas cosas! Don Fermín estaba satisfecho de su elocuencia, seguro de haber producido efecto.
  • El Obispo había hablado a los señores del margen, a la Audiencia Territorial ni más ni menos mal que al común de los fieles.
  • Justamente se había hablado de esto la tarde anterior en el Espolón, en un corrillo de murmuradores, clérigos unos, seglares otros.
  • Cuando ha terminado de tocar el pianista, él y Azorín han hablado de otras pocas cosas indiferentes, y luego Azorín se ha retirado.
  • ¡Volver con su marido! ¡Ser otra vez la señora de Rubín! Si un mes antes le hubieran hablado de tal cosa, se habría echado a reír.
  • Primero, habían hablado del tiempo, riéndose de los arabescos caprichosos que trazaban las gotas de lluvia escurriéndose por el cristal.
  • VIII CORRERÍAS DE CHICO Tanto me habían hablado de la maldad de los chicos, que fuí a la escuela como un borrego que llevan al matadero.
  • Les faltaba el título para la decoración de la familia, y habían hablado con el viejo marqués de Vernay, y en principio la boda estaba concertada.
  • Mesía al fin, cansado, y algo arrepentido de haber hablado tanto, puso término a sus confesiones, y volviéndose a don Pompeyo le invitó a usar de la palabra.
  • Más de dos años hacía que ella lo había conocido, pero él no había hablado más que con los ojos, donde Ana fingía no adivinar una pasión que era un crimen.
  • ¡Vaya si irían! Y la viuda de Pajares, que tan mal había hablado de Teresa, su antigua criada, hacía ahora elogios de ella como si fuese una amiga de la infancia.
  • Salieron lágrimas a los ojos, y sin pensar más, Ana entró en la capilla obscura donde tantas veces el Magistral le había hablado del cielo y del amor de las almas.
  • Doña Paula supo por el Chato, a quien se lo contó un mozo del restaurant del Casino, cuanto se había hablado en la cena inaugural, y lo que pretendían aquellos señores.
  • Perfectamente interrumpió Foja el señor Guimarán ha hablado como un libro, y eso que no los lee, pero no importa, ha hablado como el libro de su conciencia, según él dice.
  • Nicolás Rubín había hablado al capellán, su compañero de Seminario, el cual habló a la Superiora, que era una dama ilustre, amiga íntima y pariente lejana de Guillermina Pacheco.
  • No pudo menos de hacerla reír esta idea, y recordando que la noche anterior, Maximiliano, en las efusiones epilépticas de su cariño, había hablado algo de sucesión, dijo para su sayo.
  • Hasta llegar allí, el Magistral no había hablado, no había hecho más que estrechar la mano de don Víctor e invitarle con un ademán gracioso y enérgico al par, a subir aquella escalera.
  • Las amenazas de desahucio, la negativa á aceptar la paga incompleta, la expresión irónica con que les habían hablado de las tierras del tío Barret, otra vez cultivadas á pesar del odio de toda la huerta.
  • Había hablado la Regenta de ansiedades invencibles, del anhelo de volar más allá de las estrechas paredes de su caserón, de sentir más, con más fuerza, de vivir para algo más que para vegetar como otras.
  • Anochecía, seguía lloviendo, los mozos de servicio encendían dos o tres luces de gas en el salón, y Quintanar conocía por esta seña y por el cansancio, que le arrancaba sudor copioso, que había hablado mucho.
  • Además, como en materia de confesión los buenos clérigos son muy reservados, Ripamilán, que sabía tratar en serio los asuntos serios, nunca había hablado al Magistral de lo que podía ser la Regenta, juzgada desde el tribunal sagrado.
  • Había hablado, sin precisar nada, de malos pensamientos, pero le parecía indecoroso e injusto para con ella misma, hasta grosero, personificar aquellas tentaciones, decir que se trataba de un solo hombre de tales prendas, y señalar los peligros que había.
  • Recordó todo lo que se habían dicho y que había hablado como con nadie en el mundo con aquel hombre que le había halagado el oído y el alma con palabras de esperanza y consuelo, con promesas de luz y de poesía, de vida importante, empleada en algo bueno, grande y digno de lo que ella sentía dentro de sí, como siendo el fondo del alma.
  • ¡Y cuántas más lecciones le había prometido el Magistral para otro día! ¡Cuántas cosas nuevas iba a saber y a sentir! ¡Y qué dicha tener un alma hermana, hermana mayor, a quien poder hablar de tales asuntos, los más interesantes, los más altos sin duda! De la cuestión personal, esto es, de los pecados de Ana, se había hablado poco.
  • Sólo le había hablado una o dos veces en las funciones del asilo, así como por entrometimiento y oficiosidad, y cuando en dichas fiestas veíala rodeada de damas de la grandeza y de señoronas ricas, que tenían el coche a la puerta, doña Lupe habría dado el único pecho que poseía por meter las narices entre aquella gente, codearse con ellas y mangonear en los petitorios.