Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "hermosísima" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra hermosísima para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Estás hermosísima.
- Una estatua hermosísima.
- Es una mujer hermosa, hermosísima.
- Hermosísima, eso sí, hermosísima.
- Se votó por unanimidad que era hermosísima.
- Está hermosísima así, pero no hay que tocar en ella.
- Está más delgadilla, más pálida, pero hermosísima.
- Era una mujer, pero una mujer espléndida, hermosísima.
- ¡Hermosísima! ¡Pero se necesita valor! Amigo, es una santa.
- ¡Va hermosísima! decían en tanto las señoras del balcón de la Audiencia.
- ¡Ah! Desde entonces ha crecido una cuarta lo menos y se ha vuelto hermosísima.
- Cecilia, hermosísima joven e ilustre dama romana, consagró su cuerpo a Jesucristo.
- Esperamos un rato y apareció la dueña de la casa, doña Hortensia, una mujer opulenta, hermosísima.
- ¡Pero qué hermosísima está hoy esta rosa de Jericó! ¡A la catedral, a la catedral! gritaron los del salón.
- ¡Una hermosísima mujer! añadió el materialista en sus adentros al mirarla a su lado con llamas en los ojos y carmín en las mejillas.
- Que lo dijera su mujer, que mal de su grado subía colgada de su brazo, hermosísima, casi contenta, pese a todos los confesores del mundo.
- Tónica era para él como esas vírgenes de cabeza hermosísima, que bajo la deslumbrante vestidura sólo tienen para sostenerse tres feos palitroques.
- Pero ¡oh escándalo! ahora (don Custodio lo había averiguado escuchando detrás de una puerta), ahora el chocho del poeta bucólico dejaba al Magistral la más apetecible de sus joyas penitenciarias, como lo era sin duda la digna y virtuosa y hermosísima esposa de don Víctor Quintanar.
- ¡Para legua y media escasa! ¡Y con una tarde hermosísima! Apoyándose en un palo, dando tiempo a que anocheciese, deteniéndose a cada rato para recrearse mirando el paisaje, no tardó mucho en llegar al cerro que domina el caserío de Naya, tan oportunamente que vino a caer en medio del baile que, al son de la gaita, bombo y tamboril, a la luz de los fachones de paja de centeno encendidos y agitados alegremente, preludiaba a los regocijos patronales.