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Ejemplos de oraciones con la palabra hermoso

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra hermoso en el contexto de una oración.

Término hermoso: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "hermoso" aquí tienes una selección de 89 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra hermoso para que la puedas detectar fácilmente.

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  • Hermoso, el río.
  • ¡Hermoso porvenir.
  • Eso es muy hermoso.
  • El día era hermoso.
  • El panorama hermoso.
  • El tiempo era hermoso.
  • Mesía estaba hermoso.
  • El Rompeolas es hermoso.
  • Hermoso como un sol además.
  • ¡Hermoso día! murmuró Martín.
  • Todo esto era hermoso, según Ana.
  • Llegó el momento hermoso y solemne.
  • ¿Hay nada más hermoso que la muerte?
  • Y había sido hermoso, no cabía duda.
  • ¡Muy hermoso! exclamaba la magistrada.
  • ¡Oh, qué hermoso! exclamó sin poder contenerse.
  • Ofrecía el hermoso caserón un aspecto lamentable.
  • ¡Si parecía dormido! ¡Tan hermoso! ¡tan sonrosado!
  • Pero sí más hermoso, más pintoresco, un poco más joven.
  • Recordaba vagamente un perro negro de lanas, noble y hermoso.
  • Nunca la muerte pasó sobre la tierra con disfraz tan hermoso.
  • Hacía un sol hermoso, días azules, sin una nube en el cielo.
  • Su cara de usted es para mí un libro, el más hermoso de los libros.
  • En todas partes parecía hermoso, dominaba a todos con su arrogante figura.
  • Cara, cuerpo, expresión, todo lo que no es del alma es en ti noble y hermoso.
  • ¿Ve usted qué hermoso es su cuerpecito que le tiene a usted hecho un caramelo?
  • Con tu piojín a cuestas, serías el San Cristóbal más hermoso que se podría ver.
  • Paso a paso volvía la salud a enseñorearse del cuerpo siempre hermoso de Ana Ozores.
  • Encima se puso un paño de altar traído de la parroquia, que tenía un hermoso encaje.
  • La verdad es que un día tan hermoso convida a todo, hasta que le peguen a uno un tiro.
  • Su Caleta, que simbolizaba para mí en un tiempo lo más hermoso de la vida, la libertad.
  • Un hombre hermoso, como él lo era sin duda, con tales ideas tenía que ser irresistible.
  • Mesía estaba hermoso con su palidez mate, y su traje negro cerrado, elegante y pulquérrimo.
  • Pero luchar con un hombre hermoso, que acecha, que se aparece como un conjuro a su pensamiento.
  • ¡infame, si me levanto! Padre, por Dios, por Nuestra Señora del Amor Hermoso, tranquilícese usted.
  • En vano, siempre que el tiempo lo permitía, montaba en su hermoso caballo blanco de pura raza española.
  • ¡está el paseo grande tan hermoso a tales horas! O si no al obscurecer, a tomar el fresco, por una carretera.
  • ¡Era un perro de aguas más hermoso! Dicho esto salió del comedor, y al volver tenían una cazuela con liebre.
  • El hombre más hermoso que ella había visto, el compañero de sus sueños, el que debió haberlo sido de su vida!
  • El busto era hermoso, aunque, como se verá más adelante, había en él algo y aun algos de falseamiento de la verdad.
  • Y don Juan, animado por sus rancios entusiasmos, entornaba los ojos, como para ver mejor el hermoso cuadro del pasado.
  • Mauricia se echó a reír con aquel desparpajo que a su amiga le parecía el humorismo de un hermoso y tentador demonio.
  • ¡Capellanías, bulas, medias annatas, reservas! ¿qué tenía que ver el mundo, el ancho, el hermoso mundo con todo eso?
  • Y Ana se vio como un hermoso fantasma flotante en el fondo obscuro de alcoba que tenía enfrente, en el cristal límpido.
  • El mundo era de su hijo, porque él era el de más talento, el más elocuente, el más sagaz, el más sabio, el más hermoso.
  • Todo lo que en el alma humana puede existir de noble y hermoso brotó en la suya, como los chorros de lava en el volcán activo.
  • Él se estaba quieto, inmóvil, con los ojos muy abiertos y fijos, sin osar respirar, tan hermoso, que daban ganas de comérselo.
  • Rafael, su amigo y Andresito caminaban lentamente, con cachaza filosófica, mirando el hermoso grupo, sin intentar mezclarse en él.
  • Repasaba las cuentas de la Madre del Amor Hermoso, con sus ojazos de color de avellana asomados a los cristales de unas gafas de oro.
  • No sabía si era aquello un traje de Mefistófeles de ópera o el de cazador elegante, pero estaba el enemigo muy hermoso, muy hermoso.
  • El paisaje es ancho y hermoso, limitado al Sur por la fila de cementerios, cuyos mausoleos blanquean entre el verde oscuro de los cipreses.
  • II Insomnio i A las doce de un hermoso día de Octubre, Don Manuel Moreno Isla regresaba a su casa, de vuelta de un paseíto por Hide Park.
  • Quintanar, en cambio, le abría los brazos y le estrechaba con efusión, cada día más enamorado, como él decía, de aquel hermoso figurín.
  • Al menor rumor que indicase la aproximación de alguno, se encendía su hermoso semblante, y sus negros ojos brillaban con ansiedad y esperanza.
  • Quédese esto, pues, para las plumas de los novelistas, si es que la historia, buscadora de las grandes cosas, no se apropia tan hermoso asunto.
  • Una alegría de arcángel satisfecho brillaba en su rostro hermoso, fuerte en que había reflejos de una juventud de aldeano robusto y fino de facciones.
  • ¡Qué hermoso, Pascual! ¡Qué hermoso! Se hace un ligero silencio, durante el cual se oye el ruido del abanico al chocar contra el imperdible del pecho.
  • Mi amita se casó en Vejer al amanecer de un día hermoso, aunque de invierno, y al punto partieron para Medinasidonia, donde les tenían preparada la casa.
  • ¡Y aquel Ripamilán allá arriba, aquel viejecillo que contaba lo del parto como si acabara de asistir a él! También Ripamilán estaba hermoso a su manera.
  • Tenía ganas de pisar tierra española, de pasear por aquellas viejas murallas con sus garitas, sus baluartes y sus cañones, de ver el hermoso golfo de Cádiz.
  • Resuelto a que su amistad con aquel ángel hermoso no acabase de mala manera, en una aventura de grosero materialismo llena de remordimientos y dejos repugnantes.
  • ¡Ay, hijo mío, si ya te tenía yo dispuesta tu entrada en un monasterio muy retirado y hermoso que hay aquí, cerca de Madrid! Verás qué ricamente vas a estar.
  • Debía de ser demasiado grande, demasiado hermoso para estar tan cerca de aquella miserable vida que la ahogaba, entre las necedades y pequeñeces que la rodeaban.
  • Anita, que estaba en la obscuridad, sintió fuego en las mejillas y por la primera vez, desde que le trataba, vio en el Magistral un hombre, un hombre hermoso, fuerte.
  • La expansión de los gases desparramó por mar y cielo en pedazos mil cuanto momentos antes constituía un hermoso navío con 74 cañones y 600 hombres de tripulación.
  • Pero no de hacerlo con ánimo sereno, con el hermoso desdén del peligro, con el buen humor heroico que sólo cabe en personas de rica y roja sangre y firmes músculos.
  • ¡Sentir luego la irradiación del bien en sí, y contemplarse uno en aquel todo etéreo y sustancial, infinitamente perfecto y sano, hermoso, transparente y placentero.
  • En aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizás menos humano de su carácter, para dejar tras sí una impresión clara y enérgica de él.
  • Junto a las paredes brillan, en la primavera, las flores amarillentas del diente del león y del verbasco, los gladiolos de hermoso color carmesí y las digitales purpúreas.
  • La casa Ohando estaba en la carretera, lo bastante retirada de ella para dejar sitio a un hermoso jardín, en el cual, como haciendo guardia, se levantaban seis magníficos tilos.
  • Era un hombre como de cuarenta y cinco años, de semblante hermoso y afable, con tal expresión de tristeza, que era imposible verle sin sentir irresistible inclinación a amarle.
  • Los familiares se pusieron de pie y uno de ellos hermoso, rubio, de movimientos suaves y ondulantes, de pulquérrimo traje talar, perfumado, abrió una mampara forrada de damasco color cereza.
  • Sobre el cuerpo de la persona elegida porque sí, se forja otro más hermoso y se le adorna y se le embellece, y se convence uno de que el ídolo forjado por la imaginación es la misma verdad.
  • Aquel hombre, débil y enfermizo, cuyo hermoso y triste semblante no parecía nacido para arrostrar escenas tan espantosas, nos infundía a todos misterioso ardor, sólo con el rayo de su mirada.
  • De este modo devastaba el infeliz su alma, arrancando todo lo bueno, noble y hermoso para ofrecérselo a la ingrata, como quien tala un jardín para ofrecer en un solo ramo todas las flores posibles.
  • Pero viendo a nuestro comandante comprendí que todos los idiomas deben tener un hermoso vocablo para expresar aquella grandeza de alma que me parecía favor rara vez otorgado por Dios al hombre miserable.
  • Mírale qué hermoso! Pero al levantar la vista el padre, libre del peso de su angustia, no vió sino los ojazos de su cuñada, que irradiaban una luz nueva, más negra pero más brillante que la de antes.
  • Aquella mujer mimada por Dios, que la puso rodeada de ternura y bienandanzas en el lugar más sano, hermoso y tranquilo de este valle de lágrimas, solía decir en tono quejumbroso que no tenía gusto para nada.
  • Julián, que empezaba a descalzarse los guantes, se compadeció del chiquillo, y, bajándose, le tomó en brazos, pudiendo ver que a pesar del mugre, la roña, el miedo y el llanto, era el más hermoso angelote del mundo.
  • La primera vez que Maxi lo observó, movíase el disco con majestuosa lentitud, y era tan hermoso de ver con su coraza de tablitas blancas y rojas, parecida a un plumaje, que tuvo fijos en él los tristes ojos un buen cuarto de hora.
  • ¡por un don Juan de similor, por un elegantón de aldea, por un parisién de temporada, por un busto hermoso, por un Narciso estúpido, por un egoísta de yeso, por un alma que ni en el infierno la querrían de puro insustancial, sosa y hueca!
  • Hablando con imparcialidad, diré que era un joven realmente hermoso, de presencia noble, modales airosos, mirada afable, algo frío y reservado en apariencia, poco risueño y sumamente cortés, con aquella cortesía grave y un poco finchada de los nobles de antaño.
  • Varias veces noté que al subir una escalera delante de mí, cuidaba de no mostrar ni una línea ni una pulgada más arriba de su hermoso tobillo, y este sistema de fraudulenta ocultación era una ofensa a la dignidad de aquel cuyos ojos habían visto algo más arriba.
  • Pero en el momento que precedió al combate, comprendí todo lo que aquella divina palabra significaba, y la idea de nacionalidad se abrió paso en mi espíritu, iluminándolo y descubriendo infinitas maravillas, como el sol que disipa la noche, y saca de la obscuridad un hermoso paisaje.
  • Este fervor religioso de Vetusta comenzaba con la Novena de las Ánimas, poco popular, y la muy concurrida del Corazón de Jesús, no cesando hasta que se celebraba la más famosa de todas, la de los Dolores, y la poco menos favorecida de la Madre del Amor Hermoso, en el florido Mayo, esta última.
  • Tosco, de piedra común, tan mal labrado que a primera vista parecía monumento románico, por más que en realidad sólo contaba un siglo de fecha, siendo obra de algún cantero con pujos de escultor, el crucero, en tal sitio y a tal hora, y bajo el dosel natural del magnífico árbol, era poético y hermoso.
  • Junto a este hermoso ejemplar de la burguesía próximo a la decadencia, Andresito Cuadros, el hijo del dueño de Las Tres Rosas, aparecía empequeñecido y aplastado, con la delgadez amarillenta de un crecimiento rápido y ese aire aviejado de todos los hijos únicos, a quienes las atenciones exageradas de sus padres no dejan robustecerse.
  • él la cargaba con el ramo más hermoso que veía, seguíala en su correteo por el Mercado, de puesto en puesto, y después la acompañaba hasta su casa, lentamente, saludando a los vecinos de los pisos bajos, que consideraban a Juanito como un conocido y se hacían lenguas, especialmente las mujeres, del gancho de la costurerilla, una mosquita muerta que había sabido pescar un novio rico, según aseguraban los mejor informados de la calle.
  • Y al tener de repente la visión clara de su desgracia, al pensar en el pobre Pascualet, que á tales horas estaba aplastado por una masa de tierra húmeda y hedionda, rozando su blanca envoltura con la corrupción de otros cuerpos, acechado por el gusano inmundo, él, tan hermoso, con aquella piel fina por la que resbalaba su callosa mano, con sus pelos rubios que tantas veces había acariciado, sintió como una oleada de plomo que subía y subía desde el estómago á su garganta.