Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "humildad" aquí tienes una selección de 35 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra humildad para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Era humildad?
- Iba vestida con la mayor humildad.
- Hija mía, hay que tener humildad.
- Esto era humildad, lo de antes orgullo loco.
- No tengo más camino manifestó la joven con humildad.
- Me la dio el sito Maxi respondió Papitos con humildad.
- Era todo un gran hombre que por humildad vivía postergado.
- Mi humildad me inducía a creerme un salvaje entre civilizados.
- Entonces haré yo la comedia de la humildad y no aceptaré esa limosna.
- Las madres no tenían queja de ella y alababan su humildad y obediencia.
- No tenía las seducciones personales de Juan Pablo, ni la humildad del pequeño.
- Arrogante en su humildad, que más quería parecer cortesía que virtud cristiana.
- Era solícita, discreta, y fingía humildad, virtud, la más difícil en su concepto.
- El populacho religioso admiraba sin peros ni distingos la humildad de aquella señora.
- Y Celedonio en su expresión de humildad beatífica pasaba del feo tolerable al feo asqueroso.
- Entonces eché de ver claramente por primera vez, maldiciéndola, la humildad de mi condición.
- La mirada del Magistral fue altanera, provocativa, sarcástica en su humildad y dulzura aparentes.
- En fin, fuese lo que fuese, Jacinta se proponía no abandonar jamás su actitud de humildad y discreción.
- ¡Déjate de disimulos, habla o te arranco yo las palabras! Petra le miró cara a cara, fingiendo humildad y miedo.
- De arrancar toda tendencia a la humildad, a la renunciación a la tristeza, al engaño, a la rapacidad, al sentimentalismo.
- ¡Por Dios, Marquesa, no blasfeme usted! Diabluras un voto como este, un ejemplo tan cristiano, de humildad tan edificante.
- Era su fidelidad tan grande como su humildad, pues ya le podían reñir y decirle cuantas perrerías quisieran, sin que se incomodase.
- Diálogo poético sin duda, a pesar de la piel de becerro, porque la intensidad de la sensación engrandecía la humildad prosaica del contacto.
- Tenía Belén vara alta con las señoras, por su humildad y devoción y por la diligencia con que iba a contarles cuanto hacían y decían sus compañeras.
- Y mientras comía y bebía por máquina preparaba su arenga, sin poder pasar del exordio, que quería original, sin afectación, modesto sin falsa humildad.
- La Iglesia proclama la humildad y es humilde como ser abstracto, colectivo, en la jerarquía, para contener la impaciencia de la ambición que espera desde abajo.
- Ana le sonrió con dulzura franca y noble y con una humildad pudorosa que aludía, con el rubor ligero que la mostraba, a los secretos confesados la tarde anterior.
- Iba la Regenta edificando al pueblo entero con su humildad, con aquel sacrificio de la carne flaca, de las preocupaciones mundanas, y era esto por él, se le debía a él sólo.
- Y como no haya esta noche quien se quede a velar, me quedaré yo dijo la viuda, a quien no se le cocía el pan hasta no dar a Guillermina prueba palmaria de humildad y abnegación.
- Pero aguárdese usted dijo Fortunata que ya no estaba exaltada, sino en un grado de humildad lastimosa, y su tono era el de los penitentes muy afligidos, que no pueden con el peso de sus culpas.
- Por esta última razón no incurría en la humildad de confesarse indigno de tal joya, pues su amor propio iba siempre por delante de todo, y teníase por merecedor de cuantos bienes disfrutaba o pudiera disfrutar en este bajo mundo.
- Y sobre todo aquel demonio de Obispo abrumándole con su humildad, recordándole nada más que con su presencia de liebre asustada toda una historia de santidad, de grandeza espiritual enfrente de la historia suya, la de don Fermín.
- La timidez o falsa humildad endurecía esta, y como la energía interior no encontraba un auxilio en la palabra, porque la sumisión consuetudinaria y la cortedad no le habían permitido educarla para discutir, pasaba tiempo sin que la costra se rompiera.
- Y cuando, al despedirse, Ido le dio su nombre, agregando que era profesor de primeras letras en las escuelas católicas, Maximiliano discurrió que no estaba en armonía la humildad del empleo con el saber y la destreza dialéctica que aquel individuo mostraba.
- Pepa y Rosa vestidas de colorines, pero con trajes de buen corte ceñido, airosas, limpias como armiños, sinuosas al andar de faldas sonoras, risueñas, rubia la una, morena como mulata la que tenía nombre de flor, servían con gracia, rapidez, buen humor y acierto, enseñando a los hombres dientes de perlas, inclinándose con las fuentes con coquetona humildad, de modo que, según Ripamilán, aquella buena comida presentada así era miel sobre hojuelas.