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Ejemplos de oraciones con la palabra humo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra humo en el contexto de una oración.

Término humo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "humo" aquí tienes una selección de 81 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra humo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No hay humo sin fuego.
  • El rojizo humo envolvía al corro.
  • No señores, no hablo a humo de pajas.
  • Eso que usted cree obra del humo es la pátina.
  • Esto que yo tengo aquí entre mí, no es humo, no.
  • Por sus chimeneas salían columnas negras de humo.
  • Si todo es humo, humo que hay dentro de esta cabeza.
  • Una blanca columna de humo surte del tejado terrero.
  • El humo de la falla, denso y pegajoso, les hizo toser.
  • Por un instante el humo me quitó la vista del enemigo.
  • ¡El pícaro humo! El casero, que no ensanchaba el horno.
  • ¿Qué te arriesgas, pobrete, con el que ha de hacer humo?
  • El humo difumina con un trazo fuliginoso el cielo diáfano.
  • La puerta estaba cada vez más roja, el humo era más denso.
  • Pero ella cerraba ciertas puertas para que no pasase el humo.
  • ¡Pero si su cocina era infernal! La chimenea devolvía el humo.
  • Poco a poco, señor Ripamilán, que se me sube el humo a las narices.
  • Había por todas partes olor a aceite frito y humo de castañas asadas.
  • Aquellas manifestaciones y gritos habían sido espuma, humo de paja, nada.
  • No, aquel humo no era de incienso, subía a lo alto, pero no iba al cielo.
  • El humo de la máquina alejándose en bocanadas majestuosas hacia el horizonte.
  • Sí, todo humo dijo Fortunata, poniéndole cariñosamente la mano en el hombro.
  • Siempre estaba haciendo proyectos mientras miraba vagamente el humo de su pipa.
  • A lo lejos se veía el humo de alguna quinta aislada o la ruina de un castillo.
  • En fin, que el muy tunante se divirtió todo lo que quiso, y después la del humo.
  • ¡El humo! ¡el calor, la falta de costumbre, la polka después de cenar, las luces!
  • Chupó el cigarro y arrojó el humo para ocultar con él la expresión de sus emociones.
  • El humo y los silbidos de la fábrica le hacían dirigir miradas recelosas al Campo del Sol.
  • Estaba envuelto en el humo azulado, sutil y picante que se escapaba del fogón de los buñuelos.
  • A su cabaña los guía que el sol deja el horizonte, y el humo de su cabaña les va sirviendo de Norte.
  • ¡Humo! Todo queda reducido a unos cuantos latines que le echó el cura, y a la ceremonia, que no vale nada.
  • Aún veía la boca del infierno, que era igual á la puerta de su cuarto, arrojando humo y rojizo resplandor.
  • Cubríalas el humo, dejando ver las banderas, hechas con el primer trapo de color encontrado en los basureros.
  • El gas amarillento y escaso parecía llenar de humo la atmósfera cargada con el de los cigarros y las cocinas.
  • Sobre la fábrica de electricidad, a la derecha, se eleva un nimbo blanco del humo en que el resplandor refleja.
  • Toda aquella sabiduría lógica, que el pobre chico tenía en la cabeza, se le había convertido en humo sin duda.
  • Tomaba con calma las extravagancias de su colega, y su deseo era que una de aquellas escapatorias fuera la del humo.
  • Irás a casa de Flora, y desde el mirador podrás ver cómodamente el combate, el humo, los fogonazos, las banderas.
  • La bruma, el humo, el mismo aturdimiento de nuestras cabezas, nos impedía distinguir si eran españoles o enemigos.
  • ¡Pues no señor, con Ana! ¡Pásmese usted, con Ana! Desde la nube de humo en que estaba envuelto, don Álvaro contestó.
  • No es de todos los días ver envueltas en el humo de las locomotoras las inscripciones más retumbantes de la historia humana.
  • Enfrente veo las casas desparramadas de Izarte, que parecen de juguete, echando humo por la chimenea, y a lo lejos los montes.
  • La barraca aparecía como esfumada entre las nubes de humo de estas luminarias, que despertaban sorda cólera en toda la huerta.
  • ¡Cántela usted! Y él cantaba con su voz ronca de marino, formada por los fríos, las nieblas, el alcohol y el humo de la pipa.
  • Sufría frecuentes embaimientos, desmayos, y durante días enteros lo veía todo como en niebla, como si fuese bruma y humo todo.
  • Sobre el arenal de la playa se levantaban dunas tapizadas de verde, y las casitas esparcidas de la barriada de Izarte, echando humo.
  • De su incendiada cubierta elevábase una espiral enorme de humo blanco, que con el reflejo del incendio tomaba transparencias de rosa.
  • Y cerrando fuertemente un ojo porque el humo se le había metido en él, miró a la monja con el otro, y alargándole el cigarro, le dijo.
  • Llegaron por fin a la calle de Zurita y se metieron en una herrería, grande, negra, el piso cubierto de carbón, toda llena de humo y de ruido.
  • La cocinera enviada de Santiago empezó a malhumorarse, quejándose de que no entendía la cocina, de que la leña no ardía bien, del humo, de todo.
  • Iii De ocho a diez estaba el café completamente lleno, y los alientos, el vapor y el humo hacían un potaje atmosférico que indigestaba los pulmones.
  • El viento parecía haberse detenido, y el humo se quedaba sobre nuestras cabezas, envolviéndonos en su espesa blancura, que las miradas no podían penetrar.
  • Llevaron a Martín a un cuarto desmantelado y polvoriento, en cuyo fondo había una alcoba estrecha, con las paredes cubiertas de unas manchas negras de humo.
  • Arrojaba humo por las narices, agitando su melena de chispas, batiendo desesperadamente su rabo como una escoba de fuego, que esparcía hedor de pelos quemados.
  • Usted dirá respondió tranquilamente Álvaro, chupando su habano y tapándose la cara con el humo, según su costumbre de enturbiar el aire cuando le convenía.
  • El vaho y el humo borran las líneas y hacen que destaquen en mancha, sin contorno, las notas verdes y blancas de las mesas y la larga pincelada roja del diván.
  • Sobre una mesa de mármol brillaba entre humo espeso de tabaco, como una estrella detrás de niebla, la llama de una bujía que servía para dar lumbre a los cigarros.
  • A solas con él, la dama se entretenía fabricando en su atrevido pensamiento edificios de humo con torres de aire y cúpulas más frágiles aún, por ser de pura idea.
  • La mancha se agrandaba, tenía una forma parecida á la puerta de su estudi, y salía por ella un humo denso, nauseabundo, un hedor de paja quemada que le impedía respirar.
  • La noche era tranquila, no soplaba ninguna brisa, y el azul del cielo sólo estaba empañado por la columna de humo, entre cuyos blancos vellones asomaban curiosas las estrellas.
  • Cegado por el humo y contando los minutos como siglos, abrió Batiste la puerta, y por ella salió enloquecida de terror toda la familia en paños menores, corriendo hasta el camino.
  • Tras haberme Dios hecho tan señaladas mercedes como quitarme de delante a mi buen padre y tener a mi madre en Toledo, donde, por lo menos sé que hará humo, no me faltaba sino ver hacer en V.
  • Detrás el humo de las fábricas en la barriada de los obreros en el campo del Sol, y más allá los campos de maíz, ahora verdes con el alcacer, los prados, los bosques de castaños y robles.
  • Las mujeres, puestas de pie sobre las sillas, miraban con nerviosa curiosidad la nube de humo erizada de relámpagos que se acercaba, dejando tras sí un ambiente cargado de azufre y voladoras pavesas.
  • ¡Qué afecto más extraño debía producir desde lejos esta roca solitaria, con su penacho de humo en el aire! A ver si los que ven el humo creen que es algo diabólico y no se atreven a venir pensaba yo.
  • Veíamos a lo lejos ruinas negruzcas de algún castillo, casas de campo, cuyas chimeneas arrojaban columnas de humo en el aire, verdes praderas, lomas también verdes y algunos bosques espesos y sombríos.
  • Cuando el oído recibió tan fuerte impresión, claridad vivísima había iluminado el ancho espacio ocupado por las dos flotas, rasgando el velo de humo, y presentose a nuestros ojos todo el panorama del combate.
  • Yo, en el estado de pesadez que me encontraba entre los vapores del alcohol y el humo del tabaco, perseguía estas melodías atropelladas, monstruosas, que salían de la filarmónica y que iban cambiando a cada instante.
  • Resucitaba dentro de la ramera, pasiva bestia acostumbrada á los golpes, la hija de la huerta, que desde que nace ve la escopeta colgada detrás de la puerta y en las festividades aspira con delicia el humo de la pólvora.
  • Salían al mar los navíos ordinarios, empezaba la pelea, y a lo mejor cátate que aparecen en las aguas del combate dos o tres de esos monstruos de hierro, vomitando humo y marchando acá o allá sin hacer caso del viento.
  • Ilustración LIBRO TERCERO LA VUELTA AL HOGAR I LA HERIDA Por las mañanas, al asomarme al balcón, veo el pueblo con sus tejados rojos, negruzcos, sus chimeneas cuadradas y el humo que sale por ellas en hebras muy tenues en el cielo gris del otoño.
  • Flotaba un borrón de humo, que el aire disipó instantáneamente, y al través de sus últimos tules grises el abuelo giraba sobre sí mismo como una peonza, y caía boca abajo, mordiendo sin duda, en suprema convulsión, la hierba y el lodo del camino.
  • Sus navíos se habían mezclado con los nuestros, y como la contienda era a tiro de fusil, el buque enemigo que nos batía ocultaba la vista del resto de la escuadra, además de que el humo espesísimo nos impedía ver cuanto no se hallara en paraje cercano.
  • Estallaban luces de colores, y a su resplandor, tan pronto blanco como rojo, veíanse a lo lejos, terminando la doble fila de cirios, los sacerdotes con capas de oro, manejando los incensarios, con un continuo choque de cadenillas de plata, en el fondo de una nube de azulado y oloroso humo.
  • En el momento de entrar él, don Víctor (con una montera picona en la cabeza) cantaba un dúo con Ripamilán, rejuvenecido, junto al piano, que tocaba como sabía don Álvaro, con un puro en la boca, zarandeando el cuerpo y cerrando y abriendo los ojos brillantes que el humo del cigarro cegaba.
  • Barbarita no gustaba de prodigar su tesoro, y apenas acercaba el papel a las respingadas narices de las otras, lo volvía a retirar con movimiento de cautela y avaricia, temiendo que la fragancia se marchara por los respiraderos de sus amigas, como se escapa el humo por el cañón de una chimenea.
  • Y por mis entenado y difuntos, y así yo haya buen acabamiento, que aun lo que me debes de la posada no te lo pidiera agora, a no haberlo menester para unas candelicas y hierbas (que trataba en botes, sin ser boticaria, y si la untaban las manos, se untaba y salía de noche por la puerta del humo).
  • Más de una docena de curas la cantaban a voz en cuello, y el desvencijado incensario iba y venía, con retintín de cadenillas viejas, soltando un humo espeso y aromático, entre cuya envoltura algodonosa parecía suavizarse el desentono del introito, la aspereza de las broncas laringes eclesiásticas.
  • Le echaba humo de tabaco, le llamaba y solía poner entre los barrotes de la jaula un trozo de madera, como si fuese el dedo, y Poll, que era rencoroso, se echaba sobre él y le daba un picotazo con su pico fuerte, y cuando se encontraba que no tenía presa, se recogía, burlado y huraño, ante las carcajadas del pillo del grumete.
  • Ana pedía a la soledad y al silencio perezoso de la iglesia, algo como una inspiración, o como un perfume de piedad que creía ella debía desprenderse de aquellas paredes santas, de los altares, que a la luz blanca del día ostentaban sus santos de yeso y madera barnizada como gastados por el roce de las oraciones y el humo de la cera.
  • Rocas formidables, olas, playa con caracolitos, praderas verdes, setos, callejas llenas de arbustos, helechos y líquenes, veredas cuyo término no se sabía, caseríos rústicos que al caer de la tarde despedían de sus abollados techos humaredas azules, celajes grises, rayos de sol dorando la arena, velas de pescadores cruzando la inmensidad del mar, ya azul, ya verdoso, terso un día, otro aborregado, un vapor en el horizonte tiznando el cielo con su humo, un aguacero en la montaña y otros accidentes de aquel admirable fondo poético, favorecían a los amantes, dándoles a cada momento un ejemplo nuevo para aquella gran ley de la Naturaleza que estaban cumpliendo.