Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra idiota

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra idiota en el contexto de una oración.

Término idiota: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "idiota" aquí tienes una selección de 46 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra idiota para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Bermúdez es un idiota.
  • Pero tú eres idiota, criatura.
  • ¡Idiota! al ver a su tía mirarla así.
  • Creía firmemente que su marido era un idiota.
  • ¡Su don Víctor! ¡Aquel idiota! Sí, idiota.
  • No sólo es usted una bribona, sino una idiota.
  • Este idiota me está avergonzando, sin saberlo.
  • Valiente turrón te ha caído, grandísima idiota.
  • ¡Esto es un complot! Lo que es un idiota ese don Pompeyo.
  • Ya lo sé, una mujer honrada y buena, casada con un idiota.
  • Aquel idiota de don Robustiano le había puesto de mal humor.
  • ¡Imbécil! Si no fuera usted un idiota, le echaría a puntapiés.
  • ¡Salvarme o perderme! pero no aniquilarme en esta vida de idiota.
  • A veces yo deseaba que arrancaran la piel a golpes a semejante idiota.
  • Podrán, si quieren, cometer sus torpezas delante del mismo idiota del marido.
  • Coged a ese gato y matadlo dijo el idiota de las patillas blancas al practicante.
  • Sí, me voy, no tengas cuidado, por no patearle las tripas a ese idiota, miserable.
  • En todas partes, el hombre, en su estado natural, es un canalla, idiota y egoísta.
  • ¡Canalla! ¡Idiota! exclamó Hurtado, acercándose al médico con el puño levantado.
  • Si el muy idiota fue a cazar a Palomares, a estas horas debe de estar de vuelta o llegando.
  • Don Víctor no era más que un idiota incapaz de mirar por el honor propio, ni por el ajeno.
  • Se casó con un idiota borracho, que no podía sostenerse a sí mismo porque no sabía trabajar.
  • Y dime otra cosa, idiota, ¿qué tiene esa mona para que de este modo te hayas embrutecido por ella?
  • Batiste, siempre inmóvil, miraba como un idiota las estrellas que parpadeaban en el azul obscuro de la noche.
  • Hundir al ama, tenerla en un puño, y burlarse sangrientamente, del idiota del amo y del indino del canónigo.
  • Cerró el balcón don Fermín, volviose y miró con ojos de idiota a la rubia que enjugaba lágrimas villanas.
  • Me parece que una persona que ve en las palabras, no su significado, sino su sonido, está muy cerca de ser un idiota.
  • Y en aquella ocasión, ante aquel espectáculo, ¿qué cerebro, como no fuera el de un idiota, podría permanecer en calma?
  • Ana que le había consagrado el alma, una fidelidad de un amor sobrehumano, le engañaba como a un marido idiota, carnal y grosero.
  • Hurtado no podía soportar la bestialidad de aquel idiota de las patillas blancas, Aracil se reía de las indignaciones de su amigo.
  • Aquel solemne y majestuoso idiota creía que, para ser marido y padre a la inglesa, tenía que mostrarse frío con su mujer y su hija.
  • Otro lector constante era un vejete semi idiota que jamás se acostaba sin haber leído todos los fondos de la prensa que llegaba al Casino.
  • Aquel petulante idiota mandaba llevar castigadas a las enfermas a las guardillas y tenerlas uno o dos días encerradas por delitos imaginarios.
  • El primer impulso de don Fermín fue descargar el puño del paraguas sobre la cabeza de aquel hombre que se le antojaba idiota en aquella ocasión.
  • Él, él era el marido, pensaba, y no aquel idiota, que aún no había matado a nadie (y ya era medio día) y que debía de saberlo todo desde las siete.
  • Vengábase protegiendo ahora los amores de Mesía y Ana, del idiota de don Víctor que se ponía a comprometer a las muchachas sin saber de la misa la media.
  • ¡al monte! ¡al monte! Y con los ojos, al decir esto, se lo comía, y le insultaba llamándole con las agujas de las pupilas idiota, Juan Lanas y cosas peores.
  • Después corrió al cuarto de los chicos, y á golpes y gritos los sacó en camisa, como un rebaño idiota y medroso que corre ante el palo, sin saber adónde va.
  • Que para distinguirse de la masa de los creyentes, necesitaba recurrir a la teoría hoy muy generalizada del vulgo idiota, de la bestialidad humana, etc., etcétera.
  • Fija la mirada de idiota en las piedras de la calle, la impericia del artífice había dado, sin saberlo, a aquel rostro la expresión muda del dolor espantado, del dolor que rebosa del sufrimiento.
  • Ella y él eran cómplices de chiquillos enfermizos y tristes, que vivían entre harapos, y aquel idiota venía a pedirme dinero creyendo que era un mérito ser padre de su abundante y repulsiva prole.
  • ¡Idiota! ¡infame! ¡grosero! ¡idiota! Don Álvaro en aquel papel que olía a mujerzuela, hablaba con frases románticas e incorrectas de su crimen, de la muerte de Quintanar, de la ceguera de la pasión.
  • Lo malo que tiene usted siguió diciendo Andrés es que está usted casada con un hombre que es un idiota, un imbécil petulante, que le hace sufrir a usted, y a quien yo como usted le engañaría con cualquiera.
  • Las viejas se dedicaron a desplumar aves, las mozas a fregar y dejar como el oro peroles, cazos y sartenes, y un par de mozancones de la aldea, uno de ellos idiota de oficio, a desollar reses y limpiar piezas de caza.
  • él descubrió y propuso para administrador a aquel bendito exclaustrado fray Venancio, medio chocho desde la exclaustración, medio idiota de nacimiento ya, a cuya sombra pudo manejar a su gusto la hacienda del sobrino, desempeñando la tutela.
  • Si se encontrase allí algún maestro de la escuela pictórica flamenca, de los que han derramado la poesía del arte sobre la prosa de la vida doméstica y material, ¡con cuánto placer vería el espectáculo de la gran cocina, la hermosa actividad del fuego de leña que acariciaba la panza reluciente de los peroles, los gruesos brazos del ama confundidos con la carne no menos rolliza y sanguínea del asado que aderezaba, las rojas mejillas de las muchachas entretenidas en retozar con el idiota, como ninfas con un sátiro atado, arrojándole entre el cuero y la camisa puñados de arroz y cucuruchos de pimiento! Y momentos después, cuando el gaitero y los demás músicos vinieron a reclamar su parva o desayuno, el guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes, llamado en el país mataburrillo, ¡cuán digna de su pincel encontraría la escena de rozagante apetito, de expansión del estómago, de carrillos hinchados y tragos de mosto despabilados al vuelo, que allí se representó entre bromas y risotadas! ¿Y qué valía todo ello en comparación del festín homérico preparado en la sala de la rectoral?