Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra iii

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra iii en el contexto de una oración.

Término iii: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "iii" aquí tienes una selección de 75 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra iii para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Iii Yo, bueno.
  • Capítulo III.
  • Capítulo III.
  • Capítulo III.
  • Los amigos 279 III.
  • Iii 24 de Diciembre.
  • Iii ¡El Dulce Nombre!
  • Vida infantil 149 III.
  • La vida nueva 329 III.
  • III El cielo se nubla.
  • Los estudiantes 16 III.
  • Una cachupinada 90 III.
  • Llegada al pueblo 208 III.
  • Iii En Bolsa no se supo nada.
  • Realidad de las cosas 178 III.
  • Iii Quedamos en que no hay más cuentos.
  • Iii La santa vaciló antes de dar respuesta.
  • ¡Qué terrible es esto, Pepita! III Pepita.
  • Iii Doña Lupe se quedó que no sabía lo que le pasaba.
  • III Azorín pasa toda la mañana leyendo, tomando notas.
  • III LAS MOSCAS ANDRÉS salió a la calle con un grupo de hombres.
  • III Aquella tarde hablaron la Regenta y el Magistral en el paseo.
  • III DON Primitivo autorizó y bendijo la boda de Ramiro con Rosa.
  • III EN PAZ PASARON muchos meses y la paz del matrimonio no se turbó.
  • III EL PONTÓN Llegamos a tierra y nos condujeron delante de los jueces.
  • III Disolución i A mediados de Noviembre, Fortunata estaba algo desmejorada.
  • III LA CASA ANTIGUA VARIAS veces don Pedro fué y volvió de Madrid al pueblo.
  • III Don Alonso Gutiérrez de Cisniega pertenecía a una antigua familia del mismo Vejer.
  • Iii Esta última queja puso al señorito de Santa Cruz un tanto pensativo y desconcertado.
  • III LA TERTULIA DE LA RELOJERÍA Mi madre quería que, aprovechando mi licencia, me casara.
  • III FERMÍN IBARRA UNOS días después, Hurtado se encontró en la calle con Fermín Ibarra.
  • Iii En los primeros días que sucedieron a este gran suceso, nada ocurrió digno de contarse.
  • Ilustración III EL CAPITÁN ZALDUMBIDE El ser vasco en aquel buque constituía gran ventaja.
  • III Despertó Julián cuando entraba de lleno en la habitación un sol de otoño dorado y apacible.
  • iii De esta manera aquel misántropo llegó a vivir más con la visión interna que con la externa.
  • Iii Cuando conocí personalmente a este insigne hijo de Madrid, andaba ya al ras con los sesenta años.
  • Iii La faz napoleónica, lívida y con la melena suelta, volvió a asomar en la reja a la caída de la tarde.
  • Iii Maximiliano habló a su futura de las invitaciones que había hecho, y ella le oía como quien oye llover.
  • III UNA NOCHE EN FRAYBURU Aunque la veía por las tardes, solía pasar todas las noches por delante de su casa.
  • III PRIMERAS DIFICULTADES ANDRÉS Hurtado habló largamente con el doctor Sánchez, de las obligaciones del cargo.
  • Iii Se acercaba la hora, y en el patio sonaba el rumor de emoción teatral que acompaña a las grandes solemnidades.
  • Iii Los de Santa Cruz vivían en su casa propia de la calle de Pontejos, dando frente a la plazuela del mismo nombre.
  • Los árboles ostentando cuajarones que parecían de algodón, y el Rey Felipe III con pelliza de armiño y gorro de dormir.
  • III DOLORES DE VANIDAD El domingo siguiente, por la mañana, marchaba yo a casa de doña Hortensia, por las calles de Cádiz.
  • ¡como si aquello fuese suyo! III Batiste, al inspeccionar las incultas tierras, se dijo que había allí trabajo para largo rato.
  • III ANDRÉS HURTADO Y SU FAMILIA EN casi todos los momentos de su vida Andrés experimentaba la sensación de sentirse solo y abandonado.
  • CAPÍTULO III LA REUNIÓN DE LA POSADA DE ARCALE La posada de Arcale estaba en la calle del castillo y hacía esquina al callejón Oquerra.
  • Iii En los siguientes días, la observadora y suspicaz Jacinta notó que su marido entraba en casa fatigado, como hombre que ha andado mucho.
  • Y al otro se explica que el apellido Sarrió lo llevó por primera vez un guerrero que le prestó su caballo a Fernando III en la toma de Baeza.
  • La madre corrió derecha a la alcoba, donde estaba el pequeño en su cuna, dando unos gritos que enternecerían al caballo de bronce de Felipe III.
  • Iii De ocho a diez estaba el café completamente lleno, y los alientos, el vapor y el humo hacían un potaje atmosférico que indigestaba los pulmones.
  • III EL ÁRBOL DE LA CIENCIA Y EL ÁRBOL DE LA VIDA YA la ciencia para vosotros dijo Iturrioz no es una institución con un fin humano, ya es algo más.
  • Iii Como lo que debe suceder sucede, y no hay bromas con la realidad, las cosas vinieron y ocurrieron conforme a los deseos de Don Evaristo González Feijoo.
  • III Doña Lupe la de los Pavos i Maximiliano no se sentó, doña Lupe sí, y en el centro del sofá debajo del retrato, como para dar más austeridad al juicio.
  • Iii El bautizo se celebró con modestia suma en San Ginés, una mañana de Abril, y le pusieron al chico los nombres de Juan Evaristo Segismundo y algunos más.
  • Iii Conocedor Nicolás de la tremenda noticia, le faltó tiempo para pegar la hebra de su soporífero sermón, sólo interrumpido cuando Papitos trajo la ensalada.
  • Iii En la soledad de su alcoba, encontrose mi hombre más dueño de sí mismo, habiendo vencido aquella turbación inexplicable con que saliera de la casa de Santa Cruz.
  • Pero entre Bismark y Napoleón III lo echaron todo a perder, pues por causa de estos dos personajes sobrevino la guerra de 1870, que tantas esperanzas había de segar en flor.
  • III El primer día del año, a las ocho de la mañana, Concha y Amparo ya habían abandonado el lecho, extraña diligencia en ellas, que por lo común no se levantaban hasta las diez.
  • Iii A la mañana siguiente, Maximiliano encaminó sus pasos al convento, no por entrar, que esto era imposible, sino por ver aquellas paredes tras de las cuales respiraba la persona querida.
  • Atravesó la Plaza Mayor, desde la calle de Felipe III a la de la Sal, y en aquel ángulo no pudo menos que pararse un rato, mirando hacia las fachadas del lado occidental del cuadrilátero.
  • Iii Si todo lo que les pasa a las personas superiores mereciera una efeméride, es fácil que en una hoja de calendario americano, correspondiente a Diciembre del 73, se encontrara este parrafito.
  • Iii Una de las cosas a que Maximiliano daba más importancia para poner en ejecución su plan redentorista era que Fortunata le amara, porque sin esto la sublime obra iba a tener sus dificultades.
  • Al volver en sí advirtió que era ya día claro, y oyó el piar de los pajarillos que tenían su cuartel general en los árboles de la Plaza Mayor y en las crines de bronce del caballo de Felipe III.
  • III LA VENTA DE LA TERNERA Yo insinué varias veces, hablando con doña Celestina, después de comunicarle lo que le ocurría a la muchacha, que debía dar cuenta a su hijo de lo que pasaba con la Shele.
  • Iii Una tarde, doña Lupe vio entrar a su sobrina tan desolada, que no pudo menos de írsele encima, llena de irascibilidad, no pudiendo sufrir ya que no le confiase sus penas, cualquiera que fuese la causa de ellas.
  • CAPÍTULO III DE ALGUNOS HOMBRES DECIDIDOS QUE FORMABAN LA PARTIDA DEL CURA Concluída la paliza, Luschía dió la orden de marcha, y los quince o veinte hombres tomaron hacia Oyarzun, por el camino que pasa por la Cuesta de la Agonía.
  • CAPÍTULO III EN DONDE MARTÍN COMIENZA A TRABAJAR POR LA GLORIA En la época de las nieves, un general audaz que venía de muy lejos intentó envolver a los carlistas por el lado del Pirineo, y saliendo de Pamplona avanzó por la carretera de Elizondo.
  • III Estupiñá i En la tienda de Arnaiz, junto a la reja que da a la calle de San Cristóbal, hay actualmente tres sillas de madera curva de Viena, las cuales sucedieron hace años a un banco sin respaldo forrado de hule negro, y este banco tuvo por antecesor a un arcón o caja vacía.
  • Recuerdo que una vez, estando en Palacio, me suplicaron que les mostrase cómo era una, y tuve que capear, picar y matar una silla, lo cual divirtió mucho a toda la Corte, especialmente al Rey Jorge III, quien era muy amigote mío y siempre me decía que le mandase a buscar a mi tierra aceitunas buenas.
  • Iii Comió Rubín aquella noche sosegadamente con su tía, contándole algo de lo que había visto y oído en el café, a lo que respondió la gran señora expresándole su deseo de que no fuese más a aquel establecimiento, por estar muy lejos, y porque en él siempre encontraría una sociedad inculta y ordinaria.
  • Iii Esta niña y otras del barrio, bien apañaditas por sus respectivas mamás, peinadas a estilo de maja, con peineta y flores en la cabeza, y sobre los hombros pañuelo de Manila de los que llaman de talle, se reunían en un portal de la calle de Postas para pedir el cuartito para la Cruz de Mayo, el 3 de dicho mes, repicando en una bandeja de plata, junto a una mesilla forrada de damasco rojo.
  • III La revolución vencida i Quien supiera o pudiera apartar el ramaje vistoso de ideas más o menos contrahechas y de palabras relumbrantes, que el señorito de Santa Cruz puso ante los ojos de su mujer en la noche aquella, encontraría la seca desnudez de su pensamiento y de su deseo, los cuales no eran otra cosa que un profundísimo hastío de Fortunata y las ganas de perderla de vista lo más pronto posible.
  • XIV Era el Espolón un paseo estrecho, sin árboles, abrigado de los vientos del Nordeste, que son los más fríos en Vetusta, por una muralla no muy alta, pero gruesa y bien conservada, a cuyos extremos ostentaban su arquitectura achaparrada sendas fuentes monumentales de piedra obscura, revelando su origen en el ablativo absoluto Rege Carolo III, grabado en medio de cada mole como por obra del agua resbalando por la caliza años y más años.
  • ¡Oh, gallardas arboladuras, velas blancas, fragatas airosas con su proa levantada y su mascarón en el tajamar! ¡Redondas urcas, veleros bergantines! ¡Qué pena me da el pensar que vais a desaparecer! ¡Amable sirena, que te levantabas sobre las olas azules para mirarnos con tus ojos verdes, ya no te verán más! ¡Oh, días de calma! ¡Oh, momentos de indolencia! ¡Cuántas horas no habré pasado en la hamaca contemplando el mar, claro o tempestuoso, verde o azul, rojo en el crepúsculo, plateado a luz de la luna y lleno de misterio bajo el cielo cuajado de estrellas! III TENGO QUE HABLAR DE MÍ MISMO Tengo que hablar de mí mismo.