Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "impaciente" aquí tienes una selección de 36 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra impaciente para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Estaba impaciente.
- Estaba impaciente, casi airada.
- Impaciente, escudriñaba el mar.
- Yo, algo impaciente, me levanté y la dije.
- Cuando él tardaba, yo la veía impaciente y triste.
- Ea, vámonos, que es tarde dijo impaciente Guillermina.
- Vii No, no, no gritó Jacinta más bien airada que impaciente.
- Le preguntó Guillermina, que ya estaba impaciente por terminar.
- Frígilis debía de estar ya en el Parque esperándole impaciente.
- Carlos impaciente, al oir el ruido de las hojas, apuntó y disparó.
- Después del café pudo notar don Álvaro que su amigo estaba impaciente.
- Doña Ana tardó mucho en dormirse, pero su vigilia ya no fue impaciente, desabrida.
- Aquel día las hijas de confesión del Magistral le encontraron distraído, impaciente.
- Repartidas las limosnas, fue al 17, donde ya estaba Guillermina, impaciente por su tardanza.
- Serrano, impaciente, limpiaba los cristales empañados, para mirar, y abajo no se veía nada.
- Reía ella lo mismo que una loca, y pedía impaciente, por señas, que le renovasen el juego.
- En esto la mona del Cielo, impaciente porque no venía Guillermina, salió un instante al corredor.
- ¡Infame carcelero! Impaciente, Fortunata se lanzó a las determinaciones que exigen los casos graves.
- Notó Julián que el marqués, a diferencia de algunas horas antes, parecía malhumorado e impaciente.
- Llevé mis baúles a la barca, me tendí, apoyado en un rollo de cuerdas, y esperé impaciente la salida.
- ¡hable usted claro y pronto! gritó Mesía impaciente, más interesado en el asunto de lo que su amigo podía suponer.
- Su hablar era más áspero, su genio, más egoísta e impaciente, sus deseos y órdenes se expresaban en forma más dura.
- Tardábamos mucho, Ugarte, siempre impaciente, bnscó una piedra, vino con ella, y dio tal golpe en el candado, que lo hizo saltar.
- En vano la pobre mujer la dió prisa, revolviéndose impaciente en la barraca, como espoleada por la campana que sonaba á lo lejos.
- Junto á la puerta de la barraca estaba la esposa, rodeada de los pequeños, esperando impaciente, por ser ya pasada la hora de comer.
- Estaba cabizbajo como los que pierden dinero, como el cazador impaciente que se desperna de monte en monte sin ver pasar alimaña cazable.
- Impaciente ya, resolvió don Pedro la marcha antes de que pasase la inclemencia del invierno, a fines de un marzo muy esquivo y desapacible.
- Detrás de Mesía, que daba buena sombra, temblando sin saber por qué, impaciente, casi con fiebre, Quintanar se disponía a ver todo lo que pudiera.
- En aquel punto asomó por la puerta un rostro que a Julián se le antojó siniestro, y acaso pensó otro tanto el marqués, pues preguntó impaciente.
- Y montó en el cochecillo, nervioso e impaciente, con el deseo de llegar cuanto antes a casa para dejar a la familia y correr en busca del infalible protector.
- No tardé, sin embargo, en explicarme su ausencia, pues Don Alonso, una vez arreglado su breve equipaje, se mostró muy impaciente, hasta que al fin apareció el marinero diciendo.
- Mientras Teresina estuvo en el despacho, el Magistral la siguió impaciente con la mirada, algo fruncido el entrecejo, como esperando que se fuera para seguir trabajando o meditando.
- Don Víctor se levantó al siguiente después de pasar setenta horas en la cama, con fiebre un día entero, impaciente a ratos, angustiado otros, y siempre disimulando en presencia de Ana, que le cuidaba solícita.
- Toda la huerta que tenía agravios que vengar estaba allí, gesticulante y ceñuda, hablando de sus derechos, impaciente por soltar ante los síndicos ó jueces de las siete acequias el interminable rosario de sus quejas.
- Enfrente, bajo el sol que agrietaba la piel en fuerza de sacar sudor, que hacía humear las ropas y ponía un casco de fuego sobre cada cabeza, enloqueciéndola, estaba la demagogia de la fiesta, el elemento ruidoso que aguardaba impaciente, tan dispuesto a arrojar al redondel los sombreros en honor al diestro, como los bancos y los garrotes en señal de protesta.
- Y éste, arrastrándose por el suelo, olvidando sus travesuras diabólicas, sus latrocinios, su afición al establo, se emboscaba a la entrada de la capilla para ver salir a la nena y hacerle mil garatusas, que ella pagaba con risas de querubín, con júbilo desatinado, con el impulso de todo su cuerpecillo proyectado hacia adelante, impaciente por lanzarse de brazos del ama a los de Perucho.