Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra imposibles

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra imposibles en el contexto de una oración.

Término imposibles: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "imposibles" aquí tienes una selección de 14 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra imposibles para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Acéptalo y no me pidas imposibles.
  • No soy impertinente, no exijo imposibles.
  • No me predique un sermón, no me pida imposibles.
  • Pero ya sabe usted que haré los imposibles por servirle.
  • Si no se le pusieran en la cabeza cosas imposibles, estaría tan campante.
  • Los primos, que me sacaban de tantos apuros, ya habían hecho los imposibles.
  • Pero las trazas antiguas serían imposibles ahora, si llegara el caso de necesitarlas.
  • La niña fantaseaba primero milagros que la salvaban de sus prisiones que eran una muerte, figurábase vuelos imposibles.
  • Eran comunes las puertas de cuarterones, los baldosines polvorosos, los cerrojos imposibles de manejar y las vidrieras emplomadas.
  • Ya había miradas de fuego, sonrisas perezosas que presentían imposibles, celos dramáticos que daban al conjunto un tono de grandeza.
  • Y fue detrás de él, porque siempre que los dos amigos se encerraban, hacía ella los imposibles por oír lo que decían, poniendo su orejita rosada en el resquicio de la mal cerrada puerta.
  • La asociación benéfica a que pertenecía no se acomodaba al ánimo emprendedor de Guillermina, pues quería ella picar más alto, intentando cosas verdaderamente difíciles y tenidas por imposibles.
  • Cuando Maximiliano iba con jaqueca a la casa de su amante, esta le cuidaba casi tan bien como la propia doña Lupe, y hacía los imposibles por conseguir que no metieran bulla los chicos de la huevera.
  • La desproporción entre las estaturas de uno y otro, y entre el conjunto de su apariencia personal, mortificaba tanto al pobre chico, que hacía esfuerzos imposibles y a veces ridículos para amenguar aquella falta de armonía.