Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra indiferentes

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra indiferentes en el contexto de una oración.

Término indiferentes: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "indiferentes" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra indiferentes para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • El error y la verdad son indiferentes.
  • Charlan casi siempre de cosas indiferentes.
  • Eran indiferentes y tenían fama de herejes en los pueblos comarcanos.
  • Miran indiferentes a las hormigas diminutas que suben rápidas en procesión interminable.
  • Nucha empezó a hablarle de algunas cosas indiferentes, y pasó sin transición a preguntarle.
  • Y al punto guardaron los planos, disimulando su excitación, y pusiéronse a hablar de cosas indiferentes.
  • La horrorizaba pensar que en tales días eran indiferentes para ella virtud y crimen, pena y gloria, bien y mal.
  • Aquellos criados indiferentes, mudos, respetuosos, sin cariño, le hacían echar de menos la humanidad que compadece.
  • Recogí varias cartas de mi madre, y entre muchas noticias para mí indiferentes, me comunicaba que la Shele se había casado.
  • Seguían hablando de cosas indiferentes y Ana esperaba con temor que don Fermín abordase el motivo de su extraordinaria visita.
  • Pues bien, el amor de Dios, a su manera, podía tener sus niñerías, sus nimiedades, ridículas para las almas frías, indiferentes.
  • Cuando ha terminado de tocar el pianista, él y Azorín han hablado de otras pocas cosas indiferentes, y luego Azorín se ha retirado.
  • Entre tanto no era posible tomar alimento alguno, y yo me moría de hambre, porque los demás, indiferentes a todo lo que no fuera el peligro, apenas se cuidaban de cosa tan importante.
  • Nosotros, la cuadrilla de vascos, ya habituados a aquella vida extraña e indiferentes a todo cuanto pasaba a nuestro alrededor, nos poníamos a jugar a la manilla o al truque nuestros ahorros.
  • ¡Tiene la Iglesia, amiga mía, tal sagacidad para buscar el camino de las entrañas! Verá usted, verá usted cómo reconoce la sabiduría de Nuestra Madre en muchos ritos, en muchas ceremonias y pompas del culto que ahora pueden antojársele indiferentes, insignificantes.