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Ejemplos de oraciones con la palabra inercia

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra inercia en el contexto de una oración.

Término inercia: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "inercia" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra inercia para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No hay fuerza comparable a la inercia.
  • Le sujetaba la inercia de la vida ordinaria, sin grandes aventuras.
  • La inercia de Ana le presentaba cada vez nuevos obstáculos con que él no había contado.
  • La política de Alcolea respondía perfectamente al estado de inercia y de desconfianza del pueblo.
  • El carlismo seguía por la fuerza de la inercia, defendido débilmente y atacado más débilmente todavía.
  • Pero si se ponía en un pie de astucias diplomáticas, fingiendo ceder para resistir con la inercia, entonces.
  • Y su figura, en este ambiente de inercia, de renunciamiento, de ininteligencia, marca un contraste inevitable entre las dos Españas.
  • Yo siento como si hubieran pasado tres o cuatro horas en este ambiente de soledad, de aburrimiento, de inercia, de ausencia total de vida y de alegría.
  • Aunque la inercia la obligaba a pasar por allí los ojos, la atención retrocedía, y tres veces leyó los cinco primeros versos, sin saber lo que querían decir.
  • Al día siguiente el esfuerzo era menos costoso y su eficacia mayor por la velocidad adquirida, por la inercia del bien, esto era mecánico (así lo había dicho el señor De Pas.) La virtud podía definirse.
  • Abrióse una portezuela del mostrador y entró en la tienda la esposa de don Antonio, una mujer voluminosa, con la obesidad blanducha y el cutis lustroso que produce una vida de encierro e inercia y que le ciaban cierto aire monjil.
  • Este nuevo sentido de que tenía conciencia Ana en estas expediciones a los ventorrillos altos de Vistalegre, camino de Corfín, le inundaba de visiones el cerebro y la sumía en dulce inercia en que hasta el imaginar acababa por ser una fatiga.
  • Más de una vez, sin embargo, al resolver una injusticia, un despojo, una crueldad útil, vaciló su ánimo (estaba nervioso, no sabía qué hierba había pisado), pero el recuerdo de su madre por un lado, la presencia de aquellos testigos ordinarios de su frescura, de su habilidad y firmeza, por otro, y en gran parte la fuerza de la inercia, la costumbre, le mantenían en su puesto.