Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra inesperada

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra inesperada en el contexto de una oración.

Término inesperada: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "inesperada" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra inesperada para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Juanito balbuceó, sorprendido por esta pregunta inesperada.
  • Su manera de ser se revelaba de una manera insólita e inesperada.
  • Sintió además inesperada debilidad en las piernas y en el espíritu.
  • Y se refería a su vida y a esta última noche tan inesperada, tan aniquiladora.
  • Pero Juanito era de los que en la desgracia aguardan siempre una inesperada salvación.
  • Balbuceó el marido confuso, como casi siempre le ocurría, ante la inesperada interpelación de su cuñada.
  • La fisonomía de la señora se iluminó, pues sabía que su amigo llamaba peripecia a toda cobranza inesperada.
  • Hacía dos días que la muchacha esperaba estas palabras, y sin embargo le causaron el efecto de una revelación inesperada.
  • Mi amita no tuvo de alegría más que el tiempo necesario para comprender que el motivo de visita tan inesperada no podía ser lisonjero.
  • Pimentó, cazador de pájaros con liga, enemigo del trabajo y terror de la contornada, no pudo conservar su gravedad impasible de gran señor ante tan inesperada noticia.
  • Soltáronse del brazo y saltaron la falla, uno tras otro, con una agilidad inesperada y ademanes tan grotescos, que los municipales reían y hasta el desconsolado poeta dejó de mirar al balcón.
  • Don Saturno, cortado y sospechando algo del motivo de aquella inesperada oposición, se contentó con inclinarse a lo Magistral y torcer la boca y las cejas de una manera inventada por él mismo frente al espejo.
  • ¡Ja, ja! Yo la he visto, con estos ojos, y le aseguro a usted que si tengo algún pesar, ¡es el de no haberle roto una pierna, para que no baile más por unos cuantos meses! Guardó silencio el capellán, sin saber qué responder a la inesperada revelación de celos feroces.