Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra inocente

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra inocente en el contexto de una oración.

Término inocente: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "inocente" aquí tienes una selección de 81 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra inocente para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Eres una inocente.
  • Este hombre es inocente.
  • La Shele, muy joven e inocente.
  • Le hacía daño la inocente melopea infantil.
  • Era una inocente que no sabía lo que se decía.
  • ¿Pensaréis que este mi mozo es algún inocente?
  • Claro dijo Fortunata rebosando de orgullo inocente.
  • Mira, inocente, no te cuides de aumentar la especie.
  • La carta era inocente, podía leerla el mundo entero.
  • Ésos no son Judas, no sea inocente, señor arcipreste.
  • El niño inocente no es responsable de las culpas del padre.
  • Está usted insultando a una mujer honrada, inocente, virtuosa.
  • ¡Valiente idea tienes tú del mundo y de las mujeres, inocente!
  • La mandó sentar a su lado, y aun quiso seguir en su solaz inocente.
  • ¿Qué culpa tenía el pobre inocente de las bellaquerías maternales?
  • Al fin, yo me hallaba inocente y culpado y no sabía cómo disculparme.
  • Oh, malo sería que el Magistral no saliese inocente de aquella prueba.
  • Pero observa que es inocente de las trastadas que te ha hecho su marido.
  • Como se trata de una cosa inocente, no hay engaño ni asomo de disimulo.
  • El más inocente de aquéllos tenía unas cuantas muertes, sobre la conciencia.
  • Exclamó Guillermina echándose a reír cual si hubiera oído un inocente chiste.
  • Ayer el teatro era espectáculo tan inocente, para usted, como el resto del año.
  • Pues bien, ella de una en otra, al sentir lástima de aquella inocente enamorada.
  • Aunque no sirvo mucho para estas cosas, quise informarme para no caer de inocente.
  • En la cosa más sencilla e inocente encontraba motivo para una reflexión lúgubre.
  • Usted no ha sido imprudente, ha sido inocente, no ha pensado en las lenguas ociosas.
  • El negro es un inocente, e iba así en el barco entretenido, sin ganas de sublevarse.
  • La cual, como es tan inocente, tan medrosica, abandona a la sal y huye toda asustada.
  • Estos políticos y estos periodistas he de advertirte que son una gente muy inocente.
  • Ana oyó los gritos y se apresuró a perdonar aquella debilidad inocente de su esposo.
  • Ese inocente pequeñuelo le sirve a la pobre madre futura como escudo contra la muerte.
  • ¡Injusto estuve con la pobre chiquilla! ¡Inocente y angelical criatura! Soy un animal.
  • Ella misma pensó, no se ha recatado para decirme que el pobre Maxi está tan inocente de esto como yo.
  • ¡Qué inocente! ¡Como si él no fuese hijo de un antiguo tendero del Mercado! En fin, todo se andaría.
  • El pueblo es muy inocente, es tonto de remate, todo se lo cree con tal que se lo digan con palabras finas.
  • Pero hay mucho tonto, mucho inocente, y el Gobierno debe velar por los tontos para que no sean engañados.
  • Este juego inocente daba ocasión a multitud de sabrosos incidentes entre aquellos jugadores todos malicia.
  • Sus mejillas despedían lumbre, y dilataba la clásica naricilla con inocente concupiscencia de Baco niño.
  • Pero como no tenía más público que la tertulia del café, con ese inocente auditorio tuvo que contentarse.
  • Decía las oraciones en latín adrede por fingirse inocente, de suerte que nos despedazábamos de risa todos.
  • , quería decir la mirada del Magistral, que saludó a las señoras inclinándose con gracia y coquetería inocente.
  • A manera de pajarito posado en grueso tronco, venía la inocente criatura recostada en el magno seno que la nutría.
  • El mundo entero, y su madre con todo el mundo, pensaban groseramente al calificar de pecaminosa aquella amistad inocente.
  • Y Paco y Obdulia y Visita eran un poco locos, y en Vetusta los ociosos, que eran casi todos, murmuraban de lo más inocente.
  • ¡Inocente!, ¡tan chiquito y ya le quieren deshonrar! Pero no le deshonrarán, no, porque aquí está su madre para defenderle.
  • Tú eres una inocente le dijo poniéndole la mano en el hombro, tú no conoces el mundo, ni sabes lo que es una pasión verdadera.
  • Juzgábase entonces sin culpa alguna, inocente de todo el mal causado, como el que obra a impulsos de un mandato extraño y superior.
  • Mira, Caridad le decía, cuida sobre todo de esa pobrecita, que es lo más inocente y lo más quebradizo que hay y buena como el pan.
  • Fuimos a los estanques, vímoslo todo y en el discurso conocí que la mi desposada corría peligro en tiempo de Herodes, por inocente.
  • La inocente malicia), al tiempo de decir padeció so el poder de Poncio Pilato, acordándome que no había de decir más Pilatos, dije.
  • Es un vicio muy feo, hasta en los grandes, cuanto más en un inocente así! ¿Para qué le aguanta a Primitivo que le dé tanta bebida?
  • Pero en fin, aunque mantenga a su madre y a su abuela y a toda su familia, y sea un excelente chico, yo le quiero dar esta broma inocente.
  • Yo no comprendo que pueda ser cosa inocente e inofensiva que un sacerdote tropiece con los codos de todas las señoritas majas del pueblo.
  • (Eran sus frases) los placeres del mundo pueden ser, para un alma firme y bien alimentada, pasatiempo inocente, hasta soso, insignificante.
  • Entre creerse un monstruo de maldad o un ser inocente y desgraciado, mediaban a veces el lapso de tiempo más breve o el accidente más sencillo.
  • El gesto de inocente sorpresa que hizo al verlas a pie, confundidas entre la cursilería dominguera, fue una verdadera puñalada para las tres mujeres.
  • Al entrar en la casa, halló a doña Lupe muy incomodada con Papitos, sobre cuya inocente cabeza descargaba el mal humor que la noche en vela le produjo.
  • Con los mutuos cariños crecía la confianza, que empieza por ser inocente y va adquiriendo poco a poco la libertad de indagar y el valor de las revelaciones.
  • Llevaba una porción de escapularios y de medallitas, y era bastante inocente para creer que estos pedacitos de tela y de latón le iban a preservar de la desgracia.
  • ¡A otra, Ramiro, a otra! ¡Ahora sí que te quiero! ¡Y aunque me mates! Gertrudis en tanto arrollaba al niño, celosa de que no se percatase ¡inocente! de los ardores de sus padres.
  • Inocente desliz que el analista confirmó, especificando dónde y cómo se habían marcado las susodichas sábanas, y cuánto había costado el escusón y el perendengue de la coronita.
  • Y en su credulidad de calavera viejo e inocente echaba el cuerpo atrás con cierto orgullo, como si estuviera convencido de que sus prendas personales habían influido en tan asombrosa conquista.
  • Dejarían á sus espaldas la ruina de su trabajo y el cuerpecito de uno de los suyos, del pobre albaet, que se pudría en las entrañas de aquella tierra como víctima inocente de una batalla implacable.
  • El desasosiego y la ira habrían llegado qué sé yo a dónde, si no se desahogaran un poco sobre la inocente cabeza de Papitos, y se dice la cabeza, porque esta fue lo que más padeció en aquel achuchón.
  • Entrole entonces una de aquellas rabietinas que de tarde en tarde turbaban la placidez de su alma, y sus ojos, iluminados por aquel rencorcillo, querían interpretar en el rostro inocente del niño las aborrecidas y culpables bellezas de la madre.
  • ¡Cuántas destas deben hacer estos burladores entre la inocente gente! Finalmente, estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro meses, en los cuales pasé también hartas fatigas, aunque me daba bien de comer a costa de los curas y otros clérigos do iba a predicar.
  • Un domingo, por exigencias de los arrendatarios, tuvo que ir a su huerto de Alcira, y pasó el día como un desterrado, mirando melancólicamente hacia Valencia y sintiendo un inocente enfurruñamiento contra el sol porque marchaba despacio, retrasando la hora del regreso.
  • Señores, éste es un niño inocente, y ha pocos días que está con ese escudero, y no sabe dél más que vuestras merecedes, sino cuánto el pecadorcico se llega aquí a nuestra casa, y le damos de comer lo que podemos por amor de Dios, y a las noches se iba a dormir con él.
  • Pensó en la felicidad de dejar allí mismo, junto á un ribazo, aquel corpachón cuyo sostenimiento tanto le costaba, y agarrado á la almita de su hijo, de aquel inocente, volar, volar como los bienaventurados que él había visto conducidos por ángeles en los cuadros de las iglesias.
  • Robustos, cargados de espalda, con la cabeza inclinada como signo de perpetua esclavitud y miseria, vélaseles pasar lentamente con su traje de paño burdo, estrecho pañizuelo arrollado a las sienes, y entre éste y el abierto cuello de la camisa el rostro rojizo, agrietado y lustroso, con espesas cejas y ojillos de inocente malicia.
  • Estos versos que ha querido hacer ridículos y vulgares, manchándolos con su baba, la necedad prosaica, pasándolos mil y mil veces por sus labios viscosos como vientre de sapo, sonaron en los oídos de Ana aquella noche como frase sublime de un amor inocente y puro que se entrega con la fe en el objeto amado, natural en todo gran amor.
  • En la plaza de San Juan de Dios compré algunas golosinas, más que por el gusto de comerlas, por la satisfacción de presentarme regenerado ante las vendedoras, a quienes me dirigí como antiguo amigo, reconociendo a algunas como favorecedoras en mi anterior miseria, y a otras como víctimas, aún no aplacadas, de mi inocente afición al merodeo.
  • Desde la edad de doce años, en que la llevaron a comulgar por primera vez, no había vuelto a verse en otra como aquella, y con la impresión recibida retrogradaba su pensamiento a la infancia, llegando hasta adormecerse por breves momentos en la ilusión de que era niña inocente y pura, y de que, como entonces, ignoraba lo que son pecados gordos.
  • Ya que amistades nocivas le apartaban otra vez del buen camino y le envenenaban el alma con insinuaciones malévolas, con sospechas torpes e impías, más valía dejarle en paz, apartar de su vista el espectáculo inocente, mas para él poco agradable, de dos almas hermanas que viven unidas, con lazo fuerte, en la piedad y el idealismo más poético.
  • Pero no era más que un antifaz, pues examinándolo bien, bajo la máscara de pelo veíase la cara sonrosada e inocente de un ruño, la mirada tímida y la sonrisa bondadosa de esos seres detenidos en la mitad de su crecimiento moral, que aunque mueran viejos son débiles y blandos, faltos de voluntad, incapaces de vivir sin el calor que presta el cariño.
  • A los treinta y seis años, cuando él creía que ya nadie podía enseñarle nada, una señora inocente, joven, sin mundo, venía a mostrarle un universo nuevo, donde sin más que una sonrisita, una palabra que era como la letra de una música que había en el modo de decirla, se veía uno de repente entre los ángeles, gozando como en el Paraíso, sin querer nada más, sin pensar en nada más.
  • Era, en fin, la tertulia una reunión donde se desahogaba el liberalismo inocente de unos revolucionarios que, en costumbres y preocupaciones, imitaban a sus enemigos, y a pesar de haber sufrido de la dinastía reinante toda clase de desdenes y persecuciones, mostrábanla una fidelidad canina, y siempre era para ellos Fernando VII el rey mal aconsejado, Cristina la augusta señora, e Isabel la inocente niña.
  • Y Roseta, que ya no era inocente después de su entrada en la fábrica, dejaba correr su imaginación hasta los últimos límites de lo horrible, viéndose asesinada por uno de estos monstruos, con el vientre abierto y rebañado por dentro lo mismo que los niños de que hablaban las leyendas de la huerta, á los cuales unos verdugos misteriosos sacaban las mantecas, confeccionando milagrosos medicamentos para los ricos.
  • Juanito miraba con asombro no exento de envidia a la pobre mujer casi ciega, que saldría del mundo tan inocente como había entrado, después de arrastrar la más monótona y abrumadora de las existencias, siempre amarrada a la argolla de la domesticidad, sumisa y automática, y que todavía sentíase dominada por el agradecimiento, como si la vida de descanso puramente animal que ahora gozaba fuese una felicidad de que no se consideraba digna.
  • Belén se había puesto a charlar por lo bajo con una monja llamada Sor Facunda, que era la marisabidilla de la casa, muy leída y escribida, bondadosa e inocente hasta no más, directora de todas las funciones extraordinarias, camarera de la Virgen y de todas las imágenes que tenían alguna ropa que ponerse, muy querida de las Filomenas y aún más de las Josefinas, y persona tan candorosa, que cuanto le decían, sobre todo si era bueno, se lo creía como el Evangelio.
  • ¡Bueno se iba a poner Feijoo, al saber que la chulita había hecho mangas y capirotes de la doctrina práctica expuesta con tanto ardor y cariño por el simpático anciano, cuando dispuso la separación! ¡Cuánto mejor no haberse separado de aquel hombre sin igual! ¡Ella le habría soportado en su vejez caduca, y habría sido feliz cuidándole como se cuida a un niño inocente! Al llegar a la Plaza de los Carros, y al ver la calle de Don Pedro, pensó que no tendría valor para contarle a su amigo sus últimas calaveradas.