Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra íntimos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra íntimos en el contexto de una oración.

Término íntimos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "íntimos" aquí tienes una selección de 24 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra íntimos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Comprendía que eran allí todos íntimos de la casa menos él.
  • Al regresar hubo refresco para la familia y amigos íntimos solamente.
  • Sus íntimos amigos le oyeron hablar de calumnias y de celadas traidoras.
  • No había rincones seguros contra el atrevimiento de los amigos íntimos.
  • No se crea por esto que eran íntimos amigos los aficionados a platicar después del coro.
  • Aquel silencio era de esos que preceden a confidencias interesantes de dos amigos íntimos.
  • Sus atractivos físicos eran realmente grandes, y él mismo lo declaraba en sus soliloquios íntimos.
  • Yo hubiera querido identificarme con ella, saber sus pensamientos más íntimos, penetrar en su alma.
  • Casi nunca se sentaba, y hasta llegó a fastidiarle el registro de medicinas y demás pormenores íntimos.
  • Pero desde que eran de la catedral fumaba en secreto, sólo delante de la familia y algunos amigos íntimos.
  • Además se decía a sí mismo con muy buen acierto don Primitivo ¿para qué me voy a meter en sus inclinaciones y sentimientos íntimos?
  • No conozco seductores corcovados ni enanos decía, encogiéndose de hombros, las pocas veces que con sus amigos íntimos hablaba de estas cosas.
  • Salía muy poco, y decía a sus amigos íntimos que no se cambiaría por un Rey, ni por su tocayo Espartero, pues no había felicidad semejante a la suya.
  • No se atrevía a preguntar nada acerca de asuntos íntimos, ni a averiguar si la señorita había tenido con su esposo conversación decisiva respecto a Sabel.
  • Pero sus íntimos le habían oído, en el secreto de la confianza, después de comer bien, a la hora de las confesiones, que para él no había afrodisíaco mejor que el frío.
  • Algunos más audaces, más maliciosos, y que se creían más enterados, decían al oído de sus íntimos que no faltaba quien procurase contrarrestar la influencia del Provisor.
  • Entre la casa de los Marqueses y la de Quintanar se había establecido una especie de convivencia de que participaban Obdulia, Visita, Álvaro, Joaquín y algunos otros amigos íntimos.
  • Era pariente, era de los íntimos de la casa, de los que se quedaban a comer, y necesitaba hacer lo que los demás, correr, alborotar, y hasta dar pellizcos a las señoras, si a mano venía.
  • Pero ya veras como al Provisor le saben a cuerno quemado (así hablaba Visitación con sus amigos íntimos.) Le consolará Obdulia, que le asedia y le prefiere a don Saturno, al mitrado y a mi amigo Joaquín.
  • Ana veía a Edelmira y a Obdulia, que se había declarado maestra de la niña colorada y fuerte, correr como locas por el bosque de robles seculares perseguidas por Paco Vegallana, Joaquín Orgaz y otros íntimos.
  • A más de un liberal de los que renegaban de la confesión auricular, hubiera podido decirle las veces que se había embriagado, el dinero que había perdido al juego, o si tenía las manos sucias o si maltrataba a su mujer, con otros secretos más íntimos.
  • Y después del triunfo de su hijo sobre la impiedad representada en don Pompeyo Guimarán, después de aquella conversión gloriosa, su madre le admiraba con nuevo fervor y procuraba ayudarle en la satisfacción de sus deseos íntimos, guardando siempre los miramientos que exigía lo que ella reputaba decencia.
  • Pero en estas fiestas de amigos íntimos, de que a propósito se excluía a los parientes linajudos que no gustaban de ciertas confianzas, se portaban como pudiera cualquier plebeyo rico, aunque sin perder, aun en las mayores expansiones, algunos aires de distinción y señorío vetustense que les eran ingénitos.
  • De Ramirín, del mayor, una voz muy queda, muy sumisa, pero de un susurro sibilante y diabólico, que Gertrudis solía oir que brotaba de un rincón de las entrañas de su espíritu y al oirla se hacía, santiguándose, una cruz sobre la frente y otra sobre el pecho, ya que no pudiese taparse los oídos íntimos de aquélla y de éste de Ramirín decíale ese tentador susurro que acaso cuando le engendró su padre soñaba más en ella, en Gertrudis, que en Rosa.