Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "inundaba" aquí tienes una selección de 14 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra inundaba para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- El sol inundaba de luz la magnífica rada.
- En el piso bajo y tienda una bollería que inundaba la casa de emanaciones de canela y azúcar.
- La vida, que con la luz inundaba la vega, iba penetrando en el interior de barracas y alquerías.
- Era domingo, y la animación ruidosa y expansiva de los días festivos inundaba la acera izquierda del paseo.
- De todos modos el ver allí al hijo del marqués de Vegallana le inundaba el alma de alegría, aunque él no quisiera reconocerlo.
- Julián iba perdiendo el miedo y un gozo muy puro le inundaba el espíritu cuando saludó al crucero con verdadera efusión religiosa.
- Madrid se inundaba de género a precio más bajo que el de las facturas de Don Bonifacio Arnaiz, y era preciso realizar de cualquier modo.
- Tan pronto se le inundaba el alma de gozo oyendo decir que el Gobierno iba a dar mucho estacazo y a pasarse los tales derechos por las narices.
- Pero si no fue desaire repetía el Provisor dejándose llevar, y con el rostro hermoseado por una especie de luz espiritual de alegría que lo inundaba.
- Y el espíritu se lo inundaba de luz y de una alegría que no podían obscurecer ni turbar todas las desdichas del mundo, al menos las que él había padecido.
- El contento que inundaba su alma le quitaba el cansancio, y provenía su gozo casi exclusivamente de que Jacinta, en aquel ratito en que le llevó aparte, le había dado un duro.
- Este nuevo sentido de que tenía conciencia Ana en estas expediciones a los ventorrillos altos de Vistalegre, camino de Corfín, le inundaba de visiones el cerebro y la sumía en dulce inercia en que hasta el imaginar acababa por ser una fatiga.
- Y como la alegría le inundaba el corazón, se sentía hecho un chiquillo aquella mañana sonrosada de un día de fines de Mayo, nublado, fresco, antes de que el sol rasgara el toldo blanquecino con tonos de rosa que cubría la lontananza por Oriente.
- Y mirándole a la cara y viéndola tan consumida, con la piel terrosa, los ojos mayores y más vagos, la hermosa boca contraída siempre, menos cuando sonreía a su hija, calculaba que la señorita, por fuerza, debía saberlo todo, y una lástima profunda le inundaba el alma.