Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra invisible

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra invisible en el contexto de una oración.

Término invisible: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "invisible" aquí tienes una selección de 27 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra invisible para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Loreto quedó invisible.
  • Un obstáculo invisible se levantaba entre él y los suyos.
  • Y remedaba con rústica gracia la voz del marimacho invisible.
  • Llegaba hasta Batiste el confuso rumor de un hervidero invisible.
  • Pero al llegar, decía en alta voz como si hablara con un ser invisible.
  • Ella era el general invisible que dirigía aquellas cotidianas batallas.
  • Completó su pensamiento, amenazando con el puño cerrado a un ser invisible.
  • Invisible ya, hundido en las sombras, Batiste escuchó todavía su voz lenta y triste.
  • Sentía en torno de su persona la imagen invisible de un padre que no había conocido.
  • Proseguía Sabel mansa, Primitivo complaciente, Perucho invisible, la cocina desierta.
  • Se creía en sus momentos de fe egoísta, admirada por el Ojo invisible de la Providencia.
  • Hasta el odioso Pimentó, que permanecía invisible, tuvo que trabajar en tales preparativos.
  • Los variados verdes, más parece que los ha hecho el arte con una brocha, que no la Naturaleza con su labor invisible.
  • Decía, medio en broma, medio en serio, que al pasar iba dejando como rastro, un hilo invisible que no debía romperse.
  • Figurábase ser una muñeca viva, con la cual jugaba una entidad invisible, desconocida, y a la cual no sabía dar nombre.
  • Dejó los guantes sobre la mesa, pidió café y se puso a mirar de hito en hito a Joaquín, que hubiera querido hacerse invisible.
  • El amor sacrílego iba y venía volando invisible por naves y capillas como una mariposa que la primavera manda desde el campo al pueblo para anunciar la alegría nueva.
  • Y otro día, en saliendo de casa, abro mi paraíso panal, y tomo entre las manos y dientes un bodigo, y en dos credos le hice invisible, no se me olvidando el arca abierta.
  • Y el viejo, con el bigote un tanto erizado y los mongólicos ojos echando chispas, se movía y braceaba furioso, como si arrojara su indignación a la cara de un ser invisible.
  • La Virgen está conmigo pensaba Ana en el lecho, allá en Loreto, y acababa por llorar, por rezar fervorosamente y sentir sobre su cabeza las caricias de la mano invisible de Dios.
  • Concurriendo al de Gallo o al de la Concepción Jerónima cuando quería hacerse el invisible, y por fin, sentar sus reales en uno de los más concurridos y bulliciosos de la Puerta del Sol.
  • Con la muerte de por medio, la una en la vida visible y la otra en la invisible, bien podría ser que las dos mujeres se miraran de orilla a orilla, con intención y deseos de darse un abrazo.
  • Parecía existir una barrera invisible e infranqueable entre la gente que paseaba a pie y aquellas cabezas que asomaban a las ventanillas, contrayéndose con una sonrisa siempre igual cuando recibían el saludo de las personas conocidas.
  • Todo de negro, abrochada la levita ceñida hasta el cuello, don Álvaro, pálido, mordía de rato en rato el puro habano que tenía en la boca, sonreía a veces y se volvía de cuando en cuando a contestar a un interlocutor, invisible para Visita.
  • La dama desconocida, de espalda a la calle, ahora, inclinando la cabeza hacia el interlocutor invisible, hablaba tranquilamente y se defendía como por máquina, con leves manotadas felinas, de unas manos que de vez en cuando intentaban cogerla por los hombros.
  • Aquel verde esplendoroso con tornasoles dorados y de plata, se apagaba en la sierra, como si cubriera su falda y su cumbre la sombra de una nube invisible, y un tinte rojizo aparecía entre las calvicies de la vegetación, menos vigorosa y variada que en el valle.
  • Todos estaban en actitud reverente, sin ver otra cosa de la misa que las obscuras puertas, en cuyo fondo brillaban como chispas de oro las luces de los altares, sintiendo en sus descubiertas cabezas el vientecillo de primavera, semejante al halago de una mano invisible, tibia y olorosa.