Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "irritado" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra irritado para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Por eso los perseguía tenaz, irritado.
- Tenía por él un cariño celoso e irritado.
- Y el travieso bebé decía esto con tonillo irritado, levantando el puño.
- Y encogió los hombros irritado también con aquella obsesión de estúpido.
- ¡El pan del cuerpo! gritó con supremo esfuerzo el moribundo, irritado cuando podía.
- Todo esto pensó en un momento, irritado, con vehemente deseo de salir de dudas y vacilaciones.
- Ugarte estaba enfermo, irritado por los castigos, y me excitaba preguntándome si es que tenía miedo.
- Después se supo que Papitos tenía la culpa, porque le había irritado, contradiciéndole estúpidamente.
- Yo lo que voy a hacer dijo Andrés irritado es darle un silletazo en la cabeza y echarle a puntapiés por las escaleras.
- Pero en último caso, si tan irritado estás, si tan ciego te ves, si no puedes atender a razones, ni a tu conciencia que bien claro te habla.
- Le habían mirado distraídos, sin que ella procurase evitar el contacto de aquellas pupilas cargadas de lascivia y de amor propio irritado, confundido con el deseo.
- Me parece oír el rumor de las tripulaciones, como la voz que sale de un pecho irritado, a veces alarido de entusiasmo, a veces sordo mugido de desesperación, precursor de exterminio.
- Que al sentirse admirado, tal vez amado en aquel momento, el agradecimiento tierno y dulce del amante y el amor irritado con el agradecimiento y con el señuelo de la ocasión le derretían.
- Los despojos de la más numerosa escuadra que por aquel tiempo había desafiado su furor juntamente con el de los enemigos, no se escapaban a la cólera del elemento, irritado como un dios antiguo, sin compasión hasta el último instante, tan cruel ante la fortuna como ante la desdicha.
- Y debo advertir, para que se tenga idea de la obstinación de mi amo, que éste no tenía miedo a los ingleses, ni a los franceses, ni a los argelinos, ni a los salvajes del estrecho de Magallanes, ni al mar irritado, ni a los monstruos acuáticos, ni a la ruidosa tempestad, ni al cielo, ni a la tierra.