Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "jaqueca" aquí tienes una selección de 42 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra jaqueca para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Con jaqueca?
- ¿Tienes jaqueca?
- ¿Tienes hoy jaqueca?
- ¡estaba con jaqueca!
- Buena jaqueca me está dando.
- ¿Cómo sufría aquella jaqueca?
- Además él está hoy con jaqueca.
- Buena jaqueca le ha caído encima.
- Tú tienes jaqueca le dijo su tía.
- Hoy estuvo otra vez a darme la jaqueca.
- Se quedaría en la cama fingiendo una jaqueca.
- Le sabía mal la boca y temía los amagos de la jaqueca.
- Las majaderías de su esposo que me está dando jaqueca.
- Julián sacó del libro del abad una jaqueca tremebunda.
- Pero probablemente concluiría todo con una fuerte jaqueca.
- ¡Qué día de boda, hija, y qué noche! Esta maldita jaqueca.
- La suerte suya era que aquello se pasaba, como pasaría una jaqueca.
- Anteayer me dio usted la gran jaqueca con aquello de la cosa en sí.
- A lo mejor, cualquier chusco se lo canta y ya tenemos jaqueca para rato.
- Ana se turbó cuando el Magistral se atrevió a preguntarle por la jaqueca.
- Explicó lo mejor que pudo su presencia en el Parque a pesar de la jaqueca.
- Bueno, pues sigo diciéndote que aquella infeliz pareja me dio la gran jaqueca.
- Pero para colocarse en buena situación, dijo que sentía principios de jaqueca.
- Le decía que se sentía mal, que había tenido la jaqueca y le suplicaba que la dispensase.
- Pero esto no era fácil, y una vez desatada la insana manía, ya había jaqueca para un rato.
- Este, después de almorzar, sintiose amagado de la jaqueca y se echó de muy mal humor en su cama.
- Odiaba de tal modo las tiendas de tiradores de oro, que cuando pasaba por alguna, parecía que le entraba la jaqueca.
- No quisieron ellas variarle la difícil postura, temiendo que si le tocaban, se alborotaría de nuevo y les daría otra jaqueca.
- El pobrecito estaba destinado a no tener rato bueno, pues a punto que su espíritu recibía algún alivio, se le inició la jaqueca.
- También era probable que al chico le diera una jaqueca muy fuerte si le sofocaban tan a deshora, y doña Lupe no quería martirizarle.
- Ya pensaba en la jaqueca que le iba a dar al administrador, cuando se acordó (su gozo en un pozo) de que el administrador era Estupiñá.
- Fortunata le vio entrar sobre las diez, pálido como la cera, convaleciente de la jaqueca, que le dejaba mareos, aturdimiento y fatiga general.
- Él fue quien dio las albricias a Samaniego, y cuando ya no halló ningún interesado, daba la gran jaqueca a todos los conocidos que encontraba.
- Anoche me dio la gran jaqueca, con que si sacó las maderas de seis a treinta y ocho reales, y las carreras de pie y cuarto a diez y seis reales pie.
- ¡Figúrese usted qué nos importará a nosotros que cumpla no sé cuántos años ese señor Emperador, a quien parta un rayo! ¡Valiente jaqueca nos dio anoche!
- Las últimas palabras de la visita fueron referentes al mal tiempo, a que él no podía estar en Madrid sino dos semanas, y por fin a la jaqueca que tenía Maximiliano aquel día.
- Y De Pas volvía a ser quien era, se erguía, doblaba las puntas de acero y tornaba a descargar citas sobre los abrumados vetustenses, que salían de allí con jaqueca y diciendo.
- Todo aquello, que había podido ser trágico, se había convertido en una aventura cómica, ridícula, y el remordimiento de lo grotesco empezó a pincharle el cerebro con botonazos de jaqueca.
- Cuando Maximiliano iba con jaqueca a la casa de su amante, esta le cuidaba casi tan bien como la propia doña Lupe, y hacía los imposibles por conseguir que no metieran bulla los chicos de la huevera.
- Verdad era que de algún tiempo a aquella parte su pensamiento, sin que ella quisiese, buscaba y encontraba secretas relaciones entre las cosas, y por todas sentía un cariño melancólico que acababa por ser una jaqueca aguda.
- Vi En la noche de aquel memorable día, y cuando la jaqueca se le calmó, pudo enterarse Maxi de que su hermano había ido a la calle de Pelayo, y de que sus impresiones no habían sido malas según declaración del propio cura.
- Al día siguiente, después de almorzar, y cuando Maxi se había marchado a la botica, tuvo tanto miedo Fortunata a que la ira estallase, que para evitarlo se ató una venda a la cabeza, fingiendo jaqueca, y encerrándose en su alcoba, acostose en su cama.