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Ejemplos de oraciones con la palabra joaquín

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra joaquín en el contexto de una oración.

Término joaquín: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "joaquín" aquí tienes una selección de 89 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra joaquín para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Joaquín gritó.
  • Joaquín contestó.
  • Joaquín y Ana vencieron.
  • Esto lo dijo Joaquín Orgaz.
  • Es Mesía interrumpió Joaquín.
  • A ella la ha visto ayer Joaquín Pez.
  • Joaquín Orgaz defendió a don Álvaro.
  • Don Joaquín sabía hacer bien las cosas.
  • Joaquín propuso la misma lucha a Obdulia.
  • Fuera, don Joaquín daba palmadas de atención.
  • Joaquín la vio entrar en una casa de préstamos.
  • ¡Bien, muy bien! dijeron todos, incluso Joaquín.
  • Don Joaquín y doña Pepa, el maestro y su señora.
  • Por fortuna Joaquín se conformaba con el accèsit.
  • A don Joaquín le inspiraba gran simpatía el viejo.
  • Joaquín y Obdulia sabían que todo el mundo era patria.
  • Paco y Joaquín desaparecieron en lo obscuro del corredor.
  • Oye, Joaquín, ahora que me acuerdo ¿no sabes lo que pasa?
  • El señor Foja, ex alcalde, Paco Vegallana y Joaquín Orgaz.
  • Paréceme que me dijo Joaquín que aún llevaba las turquesas.
  • Joaquín dio media vuelta y se volvió al lado de don Pompeyo.
  • Ana y su marido dentro, Paco, Joaquín y Álvaro en la galería.
  • Como Joaquín y yo la mirábamos tanto, el tío aquel se escamaba.
  • Don Álvaro Mesía, Paco Vegallana y Joaquín Orgaz salieron juntos.
  • Joaquín Orgaz había prometido cantar por lo flamenco a los postres.
  • Don Joaquín de Salas y Don Juan Matute, también tenientes de navío.
  • Joaquín, a pesar de lo flamenco, se turbó, entre avergonzado y hueco.
  • Joaquín siguió algunos minutos hablando de aquellas bromas y se despidió.
  • Somoza, Paco y Joaquín Orgaz ayudaron a Obdulia a salir del cajón maldito.
  • Joaquín Orgaz y el Marquesito oían con recogimiento de sectario al maestro.
  • Mesía, Paco Vegallana y Joaquín Orgaz acompañaron a don Pompeyo a su casa.
  • Siempre que va a casa de Joaquín, le pinchamos para que hable de la adúuultera.
  • Esto lo cantó bajito Joaquín Orgaz, tocando el tambor en la cabeza de Guimarán.
  • Sin contar añadía Joaquín Orgaz con que esto se presta a exageraciones y abusos.
  • ¡Ojo, señores míos, que yo les vigilo! gritaba don Joaquín como última advertencia.
  • Todas las tardes, apenas don Joaquín perdía de vista el grupo, empezaban las hostilidades.
  • Pero decía bien Joaquín Orgaz al día siguiente tuvo que devolver su palabra a don Álvaro.
  • Tiene razón Visita, tiene razón gritaban desde dentro Joaquín Orgaz o el Pepe de la bofetada.
  • , pues el otro día, cuando nos vimos en casa de Joaquín, decía este que estaba usted algo peneque.
  • Estos escándalos indignaban á don Joaquín y le hacían mover su caña inexorable al día siguiente.
  • Tal vez sabía el de Pernueces que Joaquín imitaba perfectamente sus disparates y manera de decirlos.
  • ¡Está esto que arde! le decía Joaquín Orgaz a una niña del barón, que sonreía y miraba al techo.
  • Da vez en cuando enmudecía el coro y sonaba majestuosa la voz de don Joaquín soltando su chorro de sabiduría.
  • Don Joaquín decía su gruesa mujer, que era la primera en sostenerle el tratamiento nunca se ha visto como hoy.
  • Joaquín era uña y carne del Marquesito el hijo del marqués de Vegallana y este el amigo íntimo de don Álvaro.
  • Pero ella no tiene motivo para desconfiar, porque ni Paco ni Joaquín se van a atrever a tocarle el pelo de la ropa.
  • Creía Joaquín que en casa de un ateo de profesión, de un loco, en otros términos, la buena crianza estaba de más.
  • Joaquín, el coronel, que estaba sereno, pero quería que muriese el Magistral, y otros dos o tres comensales borrachos.
  • A su derecha tenía Trabuco a Joaquín Orgaz que hablaba sin cesar con su pareja, una americana muy rica y muy perezosa.
  • ¿No era lo probable que estuvieran con ellos Paco, Joaquín, Visita, Obdulia y los demás que habían subido al bosque?
  • Al uno por el pellizco y al otro por impropiedad de lenguaje, como decía bufando don Joaquín sin parar en sus cañazos.
  • Obdulia entre el Magistral y Joaquín Orgaz, don Saturnino Bermúdez entre doña Petronila y el capellán de los Vegallana.
  • Así lo comprendió Joaquín que propuso a Paco dejar el concierto de Quintanar y don Cayetano y correr detrás de aquellas.
  • Paco y Joaquín no habrán puesto obstáculos, habrán procurado lo mismo para quedarse con Obdulia y Edelmira respectivamente.
  • La gente de las barracas respetaba á don Joaquín, aunque en lo concerniente á sostener su miseria anduviese remisa y remolona.
  • , y salían de la barraca, besando antes la diestra escamosa de don Joaquín y repitiendo todos de corrido al pasar junto á él.
  • Dejó los guantes sobre la mesa, pidió café y se puso a mirar de hito en hito a Joaquín, que hubiera querido hacerse invisible.
  • Paco, con regular voz de barítono, cantó pedazos de Favorita y de Sonámbula y Joaquín salió por malagueñas, como él decía.
  • Villalonga representaba el Parlamento, Aparisi el Municipio, Joaquín Pez el Foro, y Federico Ruiz representaba muchas cosas a la vez.
  • ¿Qué culpa tenía de encontrarse en pugna con unas gentes que, como decía don Joaquín el maestro, eran muy buenas, pero muy bestias?
  • Se animó Joaquín con el buen éxito de sus murmuraciones y sostuvo que era cursi aquel respeto y admiración que inspiraba la Regenta.
  • Joaquín Orgaz, que había conseguido aquella tarde algunas ventajas positivas en el amor siempre efímero de Obdulia, pellizcaba también.
  • Después me fui un rato al Real, y al salir ocurriome pasar por Praga a ver si estaba allí Joaquín Pez, a quien tenía que decir una cosa.
  • No eran flojos los trabajos sufridos por don Joaquín para hacerse entender de sus discípulos y que no reculasen ante el idioma castellano.
  • Jamás Visita hizo la niña de mejor buena fe, jamás Obdulia consintió a Joaquín más tonterías, según su vocabulario lleno de eufemismos.
  • El ruido lento y monótono que surgía entre los árboles era el de la escuela de don Joaquín, establecida en una barraca oculta por la fila de álamos.
  • Le saludó amable, bulliciosa, y volvió con Obdulia, con Visita y con Edelmira a correr por la huerta, seguidas de Paco, Joaquín, don Álvaro y don Víctor.
  • Fatigados con tanto movimiento y alardes de fuerza, choques y excitaciones vanas, Paco y Joaquín, antes que Edelmira, Obdulia y Visita, dejaron de correr y enredar.
  • Su club era el salón de un amigo y pariente, al cual iban casi todas las noches Don Manuel Cantero, Don Cirilo Álvarez y Don Joaquín Aguirre, y algunas Don Pascual Madoz.
  • Mientras abajo se trataban a gritos y con idas y venidas tan arduas materias, Edelmira, Obdulia, Visita, Paco y Joaquín corrían como locos por el corredor del primer piso.
  • ¡Qué explosión de cólera la de don Joaquín! Lo que más le irritaba era la afición de los muchachos á llamarse por los apodos de sus padres y aun á fabricarlos nuevos.
  • Se llamaba Joaquín Orgaz y se timaba con todas las niñas casaderas de la población, lo cual quiere decir que las miraba con insistencia y tenía el gusto de ser mirado por ellas.
  • Entre la casa de los Marqueses y la de Quintanar se había establecido una especie de convivencia de que participaban Obdulia, Visita, Álvaro, Joaquín y algunos otros amigos íntimos.
  • éste porque San Joaquín estaba donde Cristo dio las tres voces, aquél porque ya se iba cargando de la pertinencia con que Rubín se burlaba de sus profecías sobre la proximidad de la Restauración.
  • Pero ya veras como al Provisor le saben a cuerno quemado (así hablaba Visitación con sus amigos íntimos.) Le consolará Obdulia, que le asedia y le prefiere a don Saturno, al mitrado y a mi amigo Joaquín.
  • Esto hacía decir á algunos enemigos de don Joaquín que el maestro era aficionado á castigar á sus discípulos mermándoles la ración, para subsanar de este modo las deficiencias de la cocina de doña Pepa.
  • Ana veía a Edelmira y a Obdulia, que se había declarado maestra de la niña colorada y fuerte, correr como locas por el bosque de robles seculares perseguidas por Paco Vegallana, Joaquín Orgaz y otros íntimos.
  • Vi En esta nueva emigración, deseando estar lo más lejos posible del Siglo, se fue a San Joaquín, en la calle de Fuencarral, y no se corrió más al Norte porque no había cafés en las latitudes altas de Madrid.
  • ¡Señores gritó Joaquín si en la otra vida no hay cante o es cante adulterado, renuncio al más allá! Y dio un salto sobre la mesa agarrándose a una columna y comenzó un baile flamenco con perfección clásica.
  • De Pas respondía con mal disimulado despego a las coqueterías de Obdulia y no le agradecía siquiera el holocausto que le estaba ofreciendo de los obsequios de Joaquín Orgaz que ella desdeñaba con mal disimulado énfasis.
  • Allí estaban Villalonga, Juanito Santa Cruz, Zalamero, Severiano Rodríguez, el médico Moreno Rubio, Sánchez Botín, Joaquín Pez y otros que tenían constituida la más ingeniosa y regocijada peña que en los cafés de Madrid ha existido.
  • Los agresores huían, se desbandaban, y arrepentidos de su hazaña al verse solos, pensaban aterrados, con el fácil cambio de impresiones de la infancia, en aquel pájaro que lo sabía todo y en lo que les guardaba don Joaquín para et día siguiente.
  • Quintanar y señora, Obdulia Fandiño, Visitación, doña Petronila Rianzares (la señora que parecía un fraile), Ripamilán, Álvaro Mesía, Saturnino Bermúdez, Joaquín Orgaz, y a última hora el Magistral con algunos otros vetustenses ilustres, v.
  • Obdulia pensaba, aunque es claro que no lo decía sino en el seno de la mayor confianza, pensaba, que el hacer el oso, que era a lo que llamaba timarse Joaquín Orgaz, si siempre era agradable, lo era mucho más en la iglesia, porque allí tenía un cachet.
  • Y mientras el pastor, despedido cortésmente, guiaba sus ovejas hacia el molino, para repetir allí sus historias, empezaba de nuevo en la escuela el canturreo de la tabla de multiplicar, que era para los discípulos de don Joaquín el gran alarde de sabiduría.
  • Marcial había navegado en el Conde de Regla, en el San Joaquín, en el Real Carlos, en el Trinidad, y en otros heroicos y desgraciados barcos que, al parecer derrotados con honra o destruidos con alevosía, sumergieron con sus viejas tablas el poderío naval de España.
  • Y las comadres de la huerta, sin perjuicio de olvidarse alguno que otro sábado de los dos cuartos de la escuela, respetaban como un ser superior á don Joaquín, reservándose un poco de burla para la casaquilla verde con faldones cuadrados que se endosaba los días de fiesta, cuando cantaba en el coro de la iglesia de Alboraya durante la misa mayor.
  • Recordaba con escalofríos épocas pasadas en que decadencias pasajeras, producidas por excesos de placer, le habían obligado a recurrir a expedientes bochornosos, buenos para referirlos entre carcajadas en el Casino, a última hora, a Paco, a Joaquín y demás trasnochadores, para referirlos después de pasados, cuando el vigor volvía y ya las trazas cómicas no eran necesarias.
  • Cuando media hora después entraba solo por el postigo del bosque en la huerta, lo primero que vio fue a la Regenta metida en el pozo seco, cargado de yerba, y a su lado a don Álvaro que se defendía y la defendía de los ataques de Obdulia, Visita, Edelmira, Paco, Joaquín y don Víctor que arrojaban sobre ellos todo el heno que podían robar a puñados de una vara de yerba, que se erguía en la próxima pomarada de Pepe el casero.