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Ejemplos de oraciones con la palabra juego

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra juego en el contexto de una oración.

Término juego: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "juego" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra juego para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Yo sigo mi juego.
  • Me juego la vida en esto.
  • Yo no juego a la lotería.
  • Estas no son cosas de juego.
  • Juego a los bolos que ya ya.
  • Juego, campanas, carlismo y jota.
  • ¿Qué mejor juego que estar juntos?
  • Negocios, contrabando, amores, juego.
  • La paz del hogar no es cosa de juego.
  • Tenía por pareja a sí mismo en aquel juego.
  • La presencia del Provisor interrumpió el juego.
  • Se manifestó primeramente en el juego de pelota.
  • Entré muy humilde, sentéme, comenzóse el juego.
  • Como haya telégrafos, cuenta que les atrapo el juego.
  • Ramiro se unió alguna vez a este juego de los niños.
  • No era la bebida, no era el amor, ni el juego ni el lujo.
  • Debían ser algo como el juego de un oso con dos monitas.
  • La afición al juego por lo mucho que llovía en Vetusta.
  • Métanse ustedes en faena unos con otros si quieren juego.
  • Después punto figurado en la casa de juego del pulpitillo.
  • Es un axioma que en el juego se conoce la buena educación.
  • Pero esto era muy estudiado para que Maxi no viera el juego.
  • Creemos que el honor de las hijas del pueblo es cosa de juego.
  • Como perdía en el juego con frecuencia, tenía muchos apuros.
  • Semejante juego mortificaba al capellán tanto como a la chica.
  • El Cacho tenía un juego furioso de hombre pequeño é iracundo.
  • Desde entonces se vió que el Cacho é Isquiña perdían el juego.
  • ¡Ah! debía confesar que el juego de cama era digno de una princesa.
  • Para hacer juego, propuso Juan Antonio poner al otro lado la Numancia.
  • El padre gastaba en la taberna y en el juego lo que ganaba en la mina.
  • En esto, supimos que se jugaba en casa de un vecino boticario juego de parar.
  • ¡Eso es! El juego terminó con el triunfo completo de Zalacaín y de Urbide.
  • El juego de Martín, tranquilo y reposado, era del que está seguro de sí mismo.
  • Pero tú parece que te complaces en eso, que es un juego muy peligroso y muy feo.
  • Y si va a decir verdad, entre burla y juego, empedré la faltriquera de mendrugos.
  • Se trataba del zurriágame la melunga, juego popular al alcance de todas las fortunas.
  • Más adelante jugaba una partida de ajedrez, y ya se sabe lo pesado que es este juego.
  • Las ideas no entran en juego, sino solamente las personas, y en el terreno más mezquino.
  • Otros, al dominó juego muy en predicamento en provincias, otros charlan sin jugar a nada.
  • Reía ella lo mismo que una loca, y pedía impaciente, por señas, que le renovasen el juego.
  • Era dorado, con figuras como de pastores, haciendo juego con candelabros encerrados en guardabrisas.
  • Fue el juego al parar, y lo bueno fue que dijo que no sabía el juego y hizo que se le enseñásemos.
  • Había algunos cafés cantantes y casas de juego, muy cerrados, que a Hurtado se le antojaban peligrosos.
  • ¡idolatrando!, ¡ja, ja! repitió la otra, y devolvía la palabra como se devuelve una pelota en el juego.
  • Este juego inocente daba ocasión a multitud de sabrosos incidentes entre aquellos jugadores todos malicia.
  • Pero Barbarita se opuso, porque dejar de verlos allí haciendo juego con la fisonomía lela y honrada del Sr.
  • Mandola acostar, y entretanto, pasó el farmacéutico a la sala, haciendo que atendía al juego de las damas.
  • No hay más que un juego de dolores, un choque de contrasentidos que pueden hacer que padezcas infinitamente.
  • El pueblo entero y mucha gente de los alrededores se dirigió al juego de pelota a presenciar el espectáculo.
  • Aquellas águilas, según el señor Páez, hacían juego con otras dos bordadas en la alfombra de su despacho.
  • Hacía aspavientos, e invocaba la tolerancia religiosa, la libertad de cultos y hasta la sesión del juego de pelota.
  • No siguió este diálogo, que prometía dar mucho juego, porque del salón llamaron a Moreno con enérgica insistencia.
  • Porque así se igualarían algo los dos consortes o harían más juego, y porque así la mirarían menos los extraños.
  • Varios puntos entendidos con la casa iniciaban una partida de juego, y cuando había dinero en la mesa, alguno gritaba.
  • Y cuentan las crónicas platónicas, que antes de llegar a la mitad del segundo juego, las pobres fichas se quedaron solas.
  • Y no recuerdo alborozo comparable al que me causaba obligándome a correr tras ella en ese divino e inmortal juego que llaman.
  • Se pasaba las horas muertas haciendo el juego del bilboquet, o bien entretenido en enredar con los muchos gatos que había en la casa.
  • También creyó que su fama de hombre de talento se afianzaría probando sus fuerzas en el ajedrez y aplicó a este juego mucha energía.
  • A ruegos de los gacetilleros, singularmente el del Lábaro, se perseguía cruelmente la prostitución, pero el juego no se podía perseguir.
  • CAPÍTULO VIII VARIAS ANÉCDOTAS DE FERNANDO DE AMEZQUETA Y LLEGADA A ESTELLA En Amezqueta entraron en la posada próxima al juego de pelota.
  • Los domingos, después de la misa, los aldeanos endomingados, con la chaqueta al hombro, se reunían en la sidrería y en el juego de pelota.
  • Dijo, después de haber pescado la mosca, que en nosotros está todo el juego, y que si uno da en no ser hombre de bien puede hacer mucho mal.
  • Engolosinado, olvidando el peligro del juego, el marqués echó detrás de la prima, que se había desvanecido ya en las negruras del pasadizo.
  • Y esa noche, después de cenar, pusiéronse a jugar la colación él y el alguacil, y sobre el juego vinieron a reñir y a haber malas palabras.
  • Otros chicos, en general los de familias terrestres o terráqueas, como dicen algunos en Lúzaro, tenían más afición a ir al juego de pelota.
  • Y aseguró que si su hermano se obstinaba en quitarlos, ella se los llevaría a su casa para ponerlos en el comedor, haciendo juego con los aparadores.
  • Y así, de una en otra, jugándose la vida en todas ellas, convirtió el peón en reina, y ganó el juego el enérgico diputado provincial de Pernueces.
  • Los mineros la encontraban al salir a la claridad y allí, sin dar otro paso, apagaban la sed y el hambre, y la pasión del juego que dominaba a casi todos.
  • Izquierdo mandó a Encarnación por una grande de cerveza, y sacando de una caja muy sucia el juego de dominó, extendió y mezcló las fichas para empezar una partidita.
  • Y cuando con más calor hablaba Andresito de sus tormentos amorosos, la niña le interrumpió, diciéndole con su tonillo bromista, como quien accede a tomar parte en un juego.
  • Después del vestíbulo se encontraban tres o cuatro pasillos convertidos en salas de espera, de descanso, de conversación, de juego de dominó, todo ello junto y como quiera.
  • Volviendo al juego, si algún gobernador enérgico había amenazado a los socios del Casino con darles un susto, los jugadores influyentes le habían pronosticado una cesantía.
  • Izquierdo había sido chalán, tratante en trigos, revolucionario, jefe de partidas, industrial, fabricante de velas, punto figurado en una casa de juego y dueño de una chirlata.
  • El favorito actual era (¡oh escándalo del juego natural de las instituciones y del turno pacífico!) ni más ni menos, don Álvaro Mesía, el jefe del partido liberal dinástico.
  • Lo que más la irritaba era que el tunante, después de lo que había dicho, tuviera todavía humor de bromas y pusiera aquella cara de pillín, como si se tratara de una cosa de juego.
  • Tuvo que tolerar lo que al principio le sublevaba sólo pensado, que sus hijas se moviesen, que sus amigos pusieran en juego sus relaciones para que el obispo se metiera el rayo en el bolsillo.
  • Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mí, determiné de todo en todo dejalle, y como lo traía pensado y lo tenía en voluntad, con este postrer juego que me hizo afirmélo más.
  • Es de ver uno de nosotros en una casa de juego con el cuidado que sirve y despabila las velas, trae orinales, cómo mete naipes y solemniza las cosas del que gana, todo por un triste real de barato.
  • Al principio, el Cacho se defendía bien y remataba el juego con golpes furiosos, pero luego, como si hubiese perdido el tono, comenzó a hacer faltas con una frecuencia lamentable y el partido se igualó.
  • Por cierto que al instruir estas diligencias se hizo bastante burla de don Pedro y del señor de la Lage, a quien se acusaba de haber bordado la corona de marquesa en un juego de sábanas regalado a su hija.
  • Las esperanzas se desvanecían, las sospechas se confirmaban las más de las veces, y el número de los que ganaban en aquel agonioso juego de la suerte era bien pequeño, comparado con el de los que perdían.
  • Sobre la mesa había unos guantes, varios libros, dos retratos en bonitos marcos, uno de ellos del gordo Arnaiz, una papelera, juego de té de finísima porcelana, una cajita de marfil y otros objetos muy lindos.
  • Cuando entró Fortunata, el juego del hilo y de la pelota estaba suspendido, por ley de variedad, y Don Evaristo tenía en la mano su bilboquet, saltando la bola, y acertando muy raras veces a clavarla en el palo.
  • Don Baldomero, que deseaba echar aquella noche una partida de mus, el juego clásico y tradicional de los comerciantes de Madrid, esperó a que entrase Pepe Samaniego, que era maestro consumado, para armar la partida.
  • Si usted, hija mía, se baña en un río, y revolviendo el agua al nadar, por juego, como solemos hacer, encuentra entre la arena una pepita de oro, pequeñísima que no vale una peseta, ¿se creerá usted ya millonaria?
  • Y la prima se levantaba y echaba a correr con su plato en las manos, para evitar el hurto de un merengue o de media manzana, y el juego se celebraba con estrepitosas carcajadas, como si fuese el paso más gracioso del mundo.
  • Y don Pompeyo bajaba la voz, y el corro se alejaba de los tresillistas, lleno de respeto, obedientes todos, convencidos de que aquello del juego era cosa mucho más seria que las teologías de don Pompeyo, más práctica, más respetable.
  • Mientras estaba lavándose, desnudo de la cintura arriba, don Fermín se acordaba de sus proezas en el juego de bolos, allá en la aldea, cuando aprovechaba vacaciones del seminario para ser medio salvaje corriendo por breñas y vericuetos.
  • Lo más que se le permitía era poner sobre el tablero de ajedrez que estaba en la vitrina de la ventana enrejada (entonces no había escaparates), todas las piezas de un juego, no de los más finos, a un lado las blancas, a otro las encarnadas.
  • Los espectadores, contagiados por los del juego, se pasaban de mano en mano los jarros pagados á escote, y era aquello una verdadera inundación de aguardiente, que, desbordándose fuera de la taberna, bajaba como oleada de fuego á todos los estómagos.
  • A más de un liberal de los que renegaban de la confesión auricular, hubiera podido decirle las veces que se había embriagado, el dinero que había perdido al juego, o si tenía las manos sucias o si maltrataba a su mujer, con otros secretos más íntimos.
  • El infeliz joven, poco avezado a los azares del juego, e incapaz de ocultar las terribles impresiones de la ruina, sintió ganas de llorar en plena Bolsa, ante los corredores y los alcistas, que sonreían con un gozo feroz viendo la agonía de sus contrincantes.
  • Vió Batiste á Pimentó y á sus contrincantes sentados en taburetes de fuerte madera de algarrobo, con los naipes ante los ojos, el jarro de aguardiente al alcance de una mano y sobre el cinc el montoncito de granos de maíz que equivalía á los tantos del juego.
  • Como mis padres no me permitían más compañía que la de otros muchachones tan ñoños como yo, no sabía ninguna suerte de travesuras, ni habia visto a una mujer más que por el forro, ni entendía de ningún juego, ni podía hablar de nada que fuera mundano y corriente.
  • Por que sí, por que él lo necesitaba, porque quería hablarla, decirle que aquello no estaba bien, que él no era un saco para dejarlo arrimado a una pared, que la piedad no era cosa de juego y que los libros edificantes no se tiran con desdén sobre los bancos de la huerta.
  • En la nave del trasaltar, la más obscura, escondidos en la sombra de los pilares y en las capillas, algunos señoritos se divertían en echar a rodar sobre el juego de damas del pavimento de mármol monedas de cobre, cuyo profano estrépito despertaba la codicia de la gente menuda.
  • Pero ninguno de estos accidentes me confundió tanto como la transformación de su voz, que adquirió cierta sonora gravedad bien distinta de aquel travieso y alegre chillido con que me llamaba antes, trastornándome el juicio, y obligándome a olvidar mis quehaceres, para acudir al juego.
  • La claridad que bañó la habitación, una vez abiertas las maderas de la ventana, permitió a Nucha distinguir al fin el sofá de repis azul, los dos sillones haciendo juego, el velador de caoba, la alfombra tendida a los pies del sofá y que representaba un ferocísimo tigre de Bengala, color de canela fina.
  • Cierto inexplicable idealismo, algo de histórico y religioso a la vez, mezclado con la complicación de líneas y el juego de colores que combina a su capricho el sol, han determinado esta asociación extravagante, que yo me explico por la huella de romanticismo que dejan en el espíritu las impresiones de la niñez.
  • Tenía el cuerpo esbelto, las manos ásperas del trabajo y el agua fría, la cara diablesca, con unos ojos reventones de que sacaba mucho partido para hacer reír a la gente, la boca hocicuda y graciosa, con un juego de labios y unos dientes blanquísimos que eran como de encargo para producir las muecas más extravagantes.