Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "lacayo" aquí tienes una selección de 16 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra lacayo para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Traía el lacayo ya el caballo, que se paró luego.
- Llegáronse dos caballeros, cada cual con su lacayo.
- Las tres entraron en el coche, y el lacayo cerró la portezuela.
- El lacayo entró en la casa, y Deogracias se puso a hablar con el cochero.
- él no era el capellán complaciente que sirve a los grandes como lacayo espiritual.
- Dábame el lacayo prisa porque no saliese su amo y lo viese, que había de ir a palacio.
- Supe dónde se alquilaban caballos y espetéme en uno el primer día, y no hallé lacayo.
- Dejé dicho al mercader que si viniesen allí mis pajes y un lacayo, que los encaminase al Prado.
- Después de mucho pasear vio el faetón de Santa Cruz, guiado por el lacayo, despacio, como para que no se enfriaran los caballos.
- Di traza con los que me ayudaron de mudar de hábito y ponerme calza de obra y vestido al uso, cuellos grandes y un lacayo en menudos.
- En topando algún paje, caballo o lacayo, los hacía parar y les preguntaba cúyo era, y decía de las señales y si le querían vender.
- De vez en cuando un lacayo de librea, un mozo de cordel atravesaban la plaza abrumados por el peso de colosal corona de siemprevivas, de blandones como columnas, y catafalcos portátiles.
- Pues andar a pie pareciera mal y más entonces, fuime a San Filipe y topéme con una lacayo de un letrado, que tenía un caballo y le aguardaba, que se había acabado de apear a oír misa.
- Y como no llevaba lacayo, por no pasar sin él, aguardaba a la esquina, antes de entrar, a que pasase algún hombre que lo pareciese, y en pasando partía detrás de él, haciéndole lacayo sin serlo.
- Y soy tan desgraciado, que estándome diciendo el lacayo que nos fuésemos, llega por detrás el letradillo, y conociendo su rocín arremete al lacayo y empieza a darle de puñadas, diciendo en altas voces que qué bellaquería era dar su caballo a nadie.
- Todo se realizó tal como lo dispuso doña Manuela, y ésta, a los pocos días, recordaba como un sueño la estancia de seis años en la tienda del Mercado, y se consideraba feliz pudiendo pasear en berlina por la Alameda y teniendo un lacayo a sus órdenes para enviar recaditos a las nuevas amigas, esposas de magistrados y militares, señoras a las cuales, por ser rica, trataba con aire protector.