Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra lanzó

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra lanzó en el contexto de una oración.

Término lanzó: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "lanzó" aquí tienes una selección de 42 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra lanzó para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Lo lanzó sobre un diván y gritando dijo.
  • Rosita lanzó un grito terrible y cayó desmayada.
  • Fortunata lanzó una exclamación de pasmo y maravilla.
  • Lanzó don Pedro una de sus terribles y mofadoras carcajadas.
  • El domador se fijó en el muchacho y le lanzó una mirada de odio.
  • El emplazamiento de hombre a hombre que lanzó al salir de la capilla.
  • Catalina se lanzó sobre el cuerpo de su marido y trató de incorporarle.
  • La joven nada dijo, pero lanzó a Martín una mirada de odio y de desprecio.
  • Después se lanzó por las escaleras, dirigiéndose a la habitación de Nucha.
  • Le levantó como una pluma y le lanzó violentamente donde antes había caído.
  • Como animado por tal agresión, todo el corro se lanzó contra el odiado intruso.
  • Pero luego la primera lanzó un grito de angustia, y la santa salió a pedir socorro.
  • Casi volcó la pequeña mesa con una de sus patadas, y se lanzó fuera de la barraca.
  • El barco de guerra lanzó una de las chalupas, para que viniera a visitarnos a bordo.
  • Luego Catalina volvió a aparecer y lanzó un ovillo de hilo casi a los pies de Martín.
  • Después lanzó un ¡ay! agudísimo, como la persona que recibe la picada de una víbora.
  • La superiora lanzó una mirada furiosa a Catalina, y al ver que bajaba los ojos, exclamó.
  • Cuadros lanzó una carcajada, que, en fuerza de querer ser irónica, resultaba espeluznante.
  • Zaldumbide agarró el rebenque y se lanzó hacia proa repartiendo chicotazos a derecha y a izquierda.
  • ¡Infame carcelero! Impaciente, Fortunata se lanzó a las determinaciones que exigen los casos graves.
  • Luego soltó un perro que se lanzó sobre el oso, y después de un momento de lucha se le colgó de la piel.
  • La señora, al oirle, lanzó nuevos gemidos y comenzó a lamentarse, con grandes sollozos, de haber escapado.
  • Por fin se lanzó entre las urces, y al punto mismo se oyó un revoloteo, y el bando salió en todas direcciones.
  • Martín lanzó un grito, el irrintzi, como una larga carcajada, o un relincho salvaje terminado en una risa burlona.
  • Y por atajos y vericuetos sólo practicables para los conejos y para él, Perucho se lanzó tras la pista de su abuelo.
  • Obedecía a un empuje superior a su voluntad, cuando se lanzó hacia ella con la rapidez y el salto de un perro de presa.
  • Ama y criada rompieron a reír, y Juanín lanzó una carcajada graciosísima, repitiendo la expresión, y dando palmadas como para aplaudirse.
  • El Dragón, como asombrado, dió un bote terrible, se inclinó hasta hundir la proa en el agua, se tendió al viento y se lanzó a la carrera.
  • Mas de repente, y cuando Jacinta se disponía a oír denegaciones categóricas, la abuela lanzó una fuerte exclamación de alegría, diciendo así.
  • Cien voces dijeron ¡ fuego !, repitiendo como un eco infernal la del comandante, y la andanada lanzó cincuenta proyectiles sobre el navío inglés.
  • Cuando los biombos transparentaron una mancha roja que rápidamente se agrandaba entre incesante chisporroteo, la muchedumbre lanzó un ¡oh! de satisfacción.
  • Como el que recela penetrar en la madriguera de una bestia feroz, Nicolás permaneció en la puerta, y desde ella lanzó en medio de la oscuridad estas palabras.
  • Ibamos a la altura de San Vicente, a la anochecida, cuando un crucero inglés nos hizo señas de que nos detuviéramos, y nos lanzó, por primera providencia, una andanada.
  • En las postrimerías de aquel reinado fue cuando la casa empezó a trabajar en géneros de fuera, y la reforma arancelaria de 1849 lanzó a Don Baldomero II a mayores empresas.
  • Con admiración de todos, Juan Pablo se lanzó a la defensa del amor libre, de las relaciones absolutamente espontáneas entre los sexos, y puso la patria potestad sobre la cabeza de la madre.
  • Mas convencido de que no era error, lanzó otra exclamación más fuerte y al instante se enteraron todos, y Juan Pablo fue objeto de aclamaciones y plácemes, unos sinceros, otros con su poco de bien disimulada envidia.
  • ¡Un señor venerable, con cara de santito, entretenerse en tales porquerías! Doña Manuela lanzó una mirada tan severa al vejete de rostro bondadoso, que el sátiro retrocedió, levantando el embozo de la capa con sus audaces manos.
  • A la cabeza de sus hombres, subyugados por el terror (ahorcó a ocho que no le parecían bastante fieles), bajó por el Amazonas y recorrió, después de meses y meses, la inmensidad del curso de este enorme río, y se lanzó al Atlántico.
  • Machín, sin atender a las indicaciones del atalayero, se lanzó sobre las olas amarillas de la barra, allí donde se confundían el cielo y el mar, y pasó él y pasamos nosotros con una velocidad vertiginosa, tan pronto en la cumbre de una montaña de agua, como casi atravesándola por en medio.
  • La catástrofe tuvo lugar a la noche siguiente, pues habiéndose permitido Rubín algunas reticencias desfavorables a la reputación de la Virgen María, saltó Pedernero de su asiento, trémulo y descompuesto, en estado de horrible agitación, y lanzó a su contrario anatema tan furibundo que los amigos tuvieron que sujetarles.
  • De pronto la criatura, incitada por el tasajo que sobrenadaba en la cubeta de la perra Chula, tendió la mano para cogerlo, y la perra, torciendo la cabeza, lanzó una feroz dentellada, que por fortuna sólo alcanzó la manga del chico, obligándole a refugiarse más que de prisa, asustado y lloriqueando, entre las sayas de la moza, ya ocupada en servir caldo a los racionales.
  • ¡Cristo! ¡Ara t pille! 27 27 ¡Cristo! ¡Ahora te pillo! Se lanzó por entre las cañas, bajó casi rodando la pendiente de una de las orillas de la acequia, y se vio metido en el agua hasta la cintura, los pies en el barro y los brazos altos, muy altos, para impedir que se le mojase la escopeta, guardando avaramente los dos tiros hasta el momento de dispararlos con toda seguridad.