Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra leído

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra leído en el contexto de una oración.

Término leído: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "leído" aquí tienes una selección de 74 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra leído para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Lo he leído ya.
  • ¿Ha leído usted eso?
  • ¿Qué periódicos has leído?
  • Había leído muy pocos libros.
  • Nunca había leído él aquello.
  • Y digo que sí que los he leído.
  • No la he leído hasta esta mañana.
  • Lo he leído en la Correspondencia.
  • He aquí lo que mis ojos han leído.
  • Azorín no ha leído más y ha dicho.
  • ¿dónde ha leído eso el señor Ozores?
  • Pues en la mía poco habrá leído usted.
  • ¿Tú nunca has leído vida de santos, verdad?
  • Lo han leído en ocho o diez fuentes distintas.
  • Lo había leído en la Historia de la prostitución.
  • Sin embargo, no es bastante decir que los he leído.
  • No había leído jamás libro ninguno, ni siquiera novela.
  • He leído en La Voz de Monóvar que acabas de llegar a ésa.
  • A ver si tú entiendes esto que he leído hoy en el periódico.
  • He aquí lo que dice una de ellas, que Azorín ha leído en voz alta.
  • En mis ratos de ocio he leído libros de medicina, conozco el Jaccoud.
  • Y Azorín, que le ha leído a Sarrió este suelto, ha dicho tristemente.
  • He leído en uno de esos libros tuyos lo que son las abejas, lo he leído.
  • De haberla leído, me hubiera encontrado a mí mismo doblemente interesante.
  • Ana hablaba de los hombres de mundo por lo que había leído en las novelas.
  • Y al fin me dijeron que habían leído las obras y que les parecían anticuadas.
  • Los escritores que han leído y escrito mucho, acaban también por ser naturales.
  • Y más, que tenía yo conocimiento con algunos poetas y había leído a Garcilaso.
  • Disparate que había leído don Pompeyo en un libro viejo que compró en la feria.
  • Leído esto, Soraberri tosió, escupió y comenzó esta relación con gran solemnidad.
  • El amor es lo único que vale la pena de vivir, había ella oído y leído muchas veces.
  • Nombraba turcos, galeones y capitanes, todos los que había leído en unas coplas que andaban de esto.
  • En los libros algunas veces había leído algo así, pero ¿qué vetustense sabía hablar de aquel modo?
  • Los disparates que yo decía los recuerdo como se recuerdan los de las novelas que uno ha leído de niño.
  • Este joven, abogado, había leído algunas revistas francesas reaccionarias, y se creía en el centro del mundo.
  • Sí, lo había, ella no podía asegurarlo por experiencia, pero lo había leído y el corazón se lo confirmaba.
  • Ya sé que la tibieza es muerte, leído tengo lo que dice nuestra querida Madre y Maestra hablando de sus pecados.
  • No había leído todavía ninguna novela de Balzac, de esas en que figuran únicamente duquesas y jóvenes ambiciosos.
  • ¡nunca ha visto ni leído el Tenorio ! Sabe versos sueltos de él, como todos los españoles, pero no conoce el drama.
  • Había leído que en las personas nerviosas, imágenes y aprensiones de este género provocan los actos correspondientes.
  • Había leído muy poco y nutría su entendimiento de lo que en los cafés escuchaba y de lo que los periódicos le decían.
  • Esta sentencia de Demócrito, que había leído en la Historia del Materialismo de Lange, le parecía a Andrés muy exacta.
  • Y después que he leído un largo rato, cojo unos papeles blancos y voy escribiendo en ellos cosas verdaderamente tremendas.
  • La libertad y el gobierno son antitéticos, había leído en un periódico rojo, y aplicaba la frase a la cocina y a la mujer.
  • No sé si habrás leído que Spallanzani había acostumbrado a una paloma a comer carne y a un águila a comer y digerir el pan.
  • Yo he leído en los diccionarios que autotelia significa cualidad de un ser que puede trazarse a sí mismo el fin de sus acciones.
  • Jamás había leído a Voltaire, pero le admiraba tanto como le aborrecía Glocester, el Arcediano, que no lo había leído tampoco.
  • Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
  • Otro lector constante era un vejete semi idiota que jamás se acostaba sin haber leído todos los fondos de la prensa que llegaba al Casino.
  • Yo he leído añadía don Álvaro en casos tales que ha habido princesas y reinas encaprichadas y metidas con monos, así como suena, monos.
  • Le había dicho una vez que sabía más que el Tostado, elogio que él supo apreciar en todo lo que valía, por haber leído al ilustre hijo de Ávila.
  • Y, por eso, yo rehuyo cuanto puedo el escribir acerca de los libros que tengo sobre la mesa y digo que todos son admirables, aunque no los haya leído.
  • Como recuerdos de un poema heroico leído en la juventud con entusiasmo, guardaba en la memoria brillantes cuadros que la ambición había pintado en su fantasía.
  • Pero al mismo tiempo se aclaraba el sentido de todo aquello que había leído en sus mitologías, de lo que había oído a criados y pastores murmurar con malicia.
  • Indudablemente, Julián había visto alguna pintura o leído alguna medrosa descripción de esos espantajos del pasado que nuestro siglo restaura con tanto cariño.
  • Lo primero que se le ocurrió a la tía fué ver si con su boca, chupándoselo, podía extraerle el veneno como había leído que se hace con el de ciertas culebras.
  • Y entró cuando Ana se volvía un poco para ocultar a su amigo la confusión que él hubiera leído en el rostro de ella, a no haber tenido que atender a doña Petronila que gritaba.
  • No estaba seguro de que fuera Bactriana lo que había leído, pero en sus disputas de la aldea era poco escrupuloso en los datos históricos, porque contaba con la ignorancia del concurso.
  • Siguiendo las rutinas a que se dan los que han leído algunos libros, habló también de Constantino, de Grecia, de las barras de Aragón y de los pececillos que las tenían pintadas en el lomo.
  • Usted que ha leído, sabe perfectamente que muchos clérigos que han escrito acerca de las costumbres y carácter de la mujer de su tiempo, han recargado las sombras, han llenado sus cuadros de negro.
  • Antes me solía acompañar en mis paseos, y algunas veces, al ver aparecer el lucero de la tarde, recitó esa poesía de Ossian, que hemos leído los dos en un ejemplar de Ana Sandow, y que empieza así.
  • De conocer Martín la Odisea es posible que hubiese tenido la pretensión de comparar a Linda con la hechicera Circe y a sí mismo con Ulises, pero como no había leído el poema de Homero no se le ocurrió tal comparación.
  • ¡Eva murió huérfana de humanidad! Y Eva le trajo el recuerdo del relato del Génesis, que había leído poco antes, y cómo el Señor alentó al hombre por la nariz soplo de vida, y se imaginó que se la quitase por manera análoga.
  • Sintió una bola extraña que se le atascaba en la garganta, y en un instante pasaron por su imaginación, como relámpagos lívidos, todas las escenas de novela que había leído, con sus terribles descubrimientos y sorpresas aplastantes.
  • ¡Válgame Dios! ¡Pues no daba ahora en el dislate de creer que la señora de Moscoso vivía, a pesar de haber leído su esquela de defunción! Tan rara alucinación era, sin duda, causada por la vuelta a Ulloa, después de un paréntesis de dos lustros.
  • Si en vez de la Historia de la prostitución Paquito hubiese leído ciertas novelas de moda, hubiera sabido que don Álvaro no hacía más que imitar y de mala manera, porque él era ante todo un hombre político a los héroes de aquellos libros elegantes.
  • Encontraba el Arcediano, sin haber leído a Darwin, cierta misteriosa y acaso cabalística relación entre aquella manera de F que figuraba su cuerpo y la sagacidad, la astucia, el disimulo, la malicia discreta y hasta el maquiavelismo canónico que era lo que más le importaba.
  • Harto tiene el pobre con morirse de hambre y de disgustos, sin que usted por haber leído, sabe Dios dónde y con cuánta prisa, un articulillo acerca del aguardiente, digámoslo así, se crea autorizado para insultar a mi buen amigo y llamarle borrachón en términos técnicos.
  • (En aquel momento se figuraba la Regenta como una Babilonia aquella Vetusta que le pareciera siempre tan pequeña, tan monótona y triste.) Ella que había leído a San Agustín ¿no recordaba que el santo Obispo gustaba de la música religiosa, no por el deleite de los sentidos, sino porque elevaba el alma?
  • Había leído más de veinte veces Los tres mosqueteros, y el fruto que sacó de esta lectura fue que los aprendices se burlasen de él viéndolo un día en el almacén, envuelto en un guiñapo colorado, con un rabo de escoba en la cadera y contoneándose como si fuese el mismo D Artagnan con todas sus jactancias de espadachín.
  • Pero dice usted que Anita no ha visto el Tenorio, ¡eso es imperdonable! Aunque a don Álvaro el drama de Zorrilla le parecía inmoral, falso, absurdo, muy malo, y siempre decía que era mucho mejor el Don Juan de Molière (que no había leído), le convenía ahora alabar el poema popular y lo hizo con frases de gacetillero agradecido.
  • Pero después, al notar las extravagancias de su torcida imaginación, le acribilló con burlas y le colgó el apodo de Don Quijote, no porque el viejo comerciante hubiese leído la inmortal obra de Cervantes, sino por tener arriba en su comedor una litografía detestable, en la cual el hidalgo manchego, dormido y en camisa, daba de cuchilladas a pellejos de vino.
  • Cada vez que algún Ayuntamiento radical emprendía o proyectaba siquiera el derribo de algunas ruinas o la expropiación de algún solar por utilidad pública, don Saturnino ponía el grito en el cielo y publicaba en El Lábaro, el órgano de los ultramontanos de Vetusta, largos artículos que nadie leía, y que el alcalde no hubiera entendido, de haberlos leído.
  • Y después, cuando el despejo de su cerebro le hacía dueño de todas sus triquiñuelas de hombre leído y mundano, no volvió a salir de sus labios ni un solo vocablo soez, ni una sola espontaneidad de aquellas que existían dentro de él, como existen los trapos de colorines en algún rincón de la casa del que ha sido cómico, aunque sólo lo haya sido de afición.