Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "leyó" aquí tienes una selección de 54 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra leyó para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Leyó en alta voz.
- Leyó siempre que pudo.
- Tu tía lo leyó anoche.
- De Pas se acercó y leyó.
- Anita leyó toda esta carta.
- La leyó con cariño de artista.
- Después leyó Ana Los Mártires.
- Ella tenía aquel libro, lo leyó.
- Esto leyó la Regenta sin entenderlo bien.
- Leyó la primera que casi sabía de memoria.
- Andrés leyó el diario y quedó sorprendido.
- Un día le leyó la cartilla en estos términos.
- Leyó lo escrito y lo rasgó todo en cien pedazos.
- Andrés abrió la carta, la leyó y quedó atónito.
- De Pas hizo un gesto de indiferencia y leyó la carta.
- El primer día le leyó la cartilla, que era muy breve.
- Su ama le leyó la cartilla el primer día, diciéndole.
- Entonces leyó distraída en el lomo del libro voluminoso.
- También leyó en francés el poema de Lucrecio De rerum natura.
- Después de la historia de Thiers, leyó los Girondinos, de Lamartine.
- Cuando salió el periódico, mucha gente leyó el suelto y no hizo caso.
- Leyó libros de higiene, hizo gimnasia de salón, paseó mucho a caballo.
- Julián extendió la mano, cogió un tomo al azar, lo abrió, leyó la portada.
- Leyó primero La Ciencia del Conocimiento, de Fichte, y no pudo enterarse de nada.
- Se fué de la plaza, y cuando se vió solo, leyó el papel de Bautista que decía.
- Leyó con deleite aquella página, no recreándose en el estilo, sino en los recuerdos.
- Leyó Fuerza y materia de Buchner y algunos libros de Flammarion, pero estos le disgustaron.
- Muchas veces, para distraer al herido, Rosa le leyó novelas de Dumas y poesías de Bécquer.
- Se examinó de las asignaturas del doctorado, y leyó la tesis que había escrito en Valencia.
- Ana leyó los versos de San Juan y entonces sintió la lengua expedita para improvisar oraciones.
- También leyó a Moleschott y a Virchov y a Vogt traducidos, cubiertos con papel de color de azafrán.
- Ya sabes que no recibe dijo la señorita, y tomando de manos de Blas una tarjeta que este traía leyó.
- Se leyó una alocución patriótica, y después don Carlos, repitiendo el final de la alocución, exclamó.
- Sin hacer mucho caso de su amigo, Don Baldomero leyó en voz alta la noticia o estribillo de todos los días.
- Y en pie, bañados por un rayo de sol su cabeza pequeña y rizada y el libro abierto, leyó las primeras páginas.
- Cuando pudo, leyó la feliz mujer el papelito, en el cual se le citaba a tal hora y a tal sitio para el día siguiente.
- Creyó que era una de aquellas novelas que su padre le prohibía leer y ya iba a dejar el libro cuando leyó en el lomo.
- Un día leyó en un periódico que el médico de un pueblo de la provincia de Burgos necesitaba un sustituto por dos meses.
- Pues cuando le entregaron el pliego de historia del barco y leyó el nombre, Menchaca estuvo a punto de tener una congestión.
- XXI Ana leyó en su lecho, a escondidas de don Víctor, los cuarenta capítulos de la Vida de Santa Teresa escrita por ella misma.
- Uno de los saineteros hizo el león, tirándose por el suelo y rugiendo, y el padre leyó unas quintillas que se aplaudieron a rabiar.
- Desde entonces leyó periódicos y novelas de Pigault Lebrun y Paul de Kock, únicos libros que podía mirar sin dormirse acto continuo.
- Rompió el sobre con dedos que temblaban y leyó aquellas letras de tinta rosada que saltaban y se confundían enganchadas unas con otras.
- Viendo que no le gustaban los libros modernos volvió a emprender con la obra de Kant, y leyó entera con grandes trabajos la Crítica de la razón pura.
- Aquel día leyó el joven en el corazón de doña Lupe y apreció sus disposiciones pacificadoras, a pesar de las frases estudiadas con que las quería disimular.
- Aunque la inercia la obligaba a pasar por allí los ojos, la atención retrocedía, y tres veces leyó los cinco primeros versos, sin saber lo que querían decir.
- El verano, durante las vacaciones, Andrés leyó en la Biblioteca Nacional algunos libros filosóficos nuevos de los profesores franceses e italianos y le sorprendieron.
- ¡Maravillosa superchería de la imaginación! Como quien repasa hojas hace tiempo dobladas de un libro que se leyó, así miro con curiosidad y asombro los años que fueron.
- Ya tengo el don de lágrimas, leyó el Magistral en voz alta como diciéndoselo a jilgueros y gorriones, petirrojos y demás vecinos de la enramada, ya lloro, amigo mío por algo más que mis penas.
- El Arcediano, en cuanto calló el órgano, como quien quiere interrumpir una broma con una nota seria, leyó la epístola de San Pablo Apóstol a Tito, capítulo segundo, dándole una intención que no tenía.
- Durante un par de semanas leyó mucho, devorando obras diferentes, y como tenía facilidad de asimilación y mucha labia, lo que leía por las mañanas lo desembuchaba por las noches en el café convertido en pajaritas.
- Después se sentó en una mecedora junto a su tocador, en el gabinete, lejos del lecho por no caer en la tentación de acostarse, y leyó un cuarto de hora un libro devoto en que se trataba del sacramento de la penitencia en preguntas y respuestas.
- Aún estaba aturdida, casi espantada por aquella voz que oyera dentro de sí, cuando llegó al pasaje en donde el santo refiere que paseándose él también por un jardín oyó una voz que le decía Tole, lege y que corrió al texto sagrado y leyó un versículo de la Biblia.
- Leyó de nuevo el libro de Letamendi, siguió oyendo sus explicaciones y se convenció de que todo aquello de la fórmula de la vida y sus corolarios, que al principio le pareció serio y profundo, no eran más que juegos de prestidigitación, unas veces ingeniosos, otras veces vulgares, pero siempre sin realidad alguna, ni metafísica, ni empírica.