Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra licencia

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra licencia en el contexto de una oración.

Término licencia: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "licencia" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra licencia para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y así, con licencia de V.
  • El tiempo de licencia concluía.
  • Pedíle licencia, diciendo que luego volvía.
  • La licencia para el oratorio de los de Páez, ¿vino ya?
  • Eso es ahora, que antes, para mover un pie le pedías licencia al otro.
  • Me han retirado la licencia, ordenándome que me presente al instante en Cádiz.
  • Avisé de dónde y cómo quedaba y que hasta que me diesen licencia no los vería.
  • Hay que ser indulgente con la miseria, y otorgarle un poquitín de licencia para el mal.
  • Dieron las diez, y yo dije que era plazo de cierto martelo y que, así, me diesen licencia.
  • III LA TERTULIA DE LA RELOJERÍA Mi madre quería que, aprovechando mi licencia, me casara.
  • El corto tiempo que tenía licencia lo aprovechaba para llegar a Lúzaro y ver a mi madre y a Mary.
  • No quiere que le agradezcamos la licencia del oratorio y el permiso para doblar la misa para don Anselmo.
  • A mi casa me voy con mi mujer y mis hijos, pues ya he cumplido, y dentro de unos días me han de dar la licencia.
  • Pareciólas irse, por ser ya tarde, y así me pidieron licencia, advirtiéndome con el secreto que había de ir el paje.
  • Debo de haber dicho que Malespina era oficial de Artillería, pero no que estaba de guarnición en Cádiz y con licencia en Vejer.
  • Hablamos un rato, y sacó un guante con diez y seis reales, y una carta, con la cual, diciendo que era licencia para pedir para una pobre, los había allegado.
  • Este libro lo dice, y está impreso con licencia del Rey, y yo sustentaré que es verdad lo que dice, con el cucharón y sin el cucharón, aquí y en otra parte, y, si no, midámoslo.
  • Ahora, las chicuelas que vendían sin licencia corrían perseguidas hacia la calle de San Fernando, y otra vez el rebaño de la miseria, greñudo, sucio, con las ropas caídas, pasó azorado y veloz con triste chancleteo, arrollándolo todo, mostrando la palidez del hambre a la muchedumbre glotona y feliz.
  • Aquel rebaño sucio, miserable y asustado, con la palidez del hambre en las carnes y la locura del terror en los ojos, era la piratería del Mercado, los parias que estaban fuera de la ley, los que no podían pagar al Municipio la licencia para la venta, y al distinguir a lo lejos la levita azul y la gorra dorada del alguacil, avisábanse con gritos instintivos, como los rebaños al presentir el peligro, y emprendían furiosa carrera, empujando a los transeúntes, deslizándose entre sus piernas, cayendo para levantarse inmediatamente, abriendo agujeros en la masa humana que obstruía la plaza.