Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "limpiando" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra limpiando para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Hoy ha estado Candelaria limpiando toda la casa.
- Lulú siguió limpiando los estantes con el plumero.
- Estaba Lulú sola, limpiando con el plumero los armarios.
- Gimió Mesía limpiando su mejilla que sintió húmeda y pegajosa.
- Sacudiendo el polvo de las manos y limpiando el sudor de la frente, dijo.
- Hijo mío exclamó limpiando el sudor de la frente de su marido, ¡cómo estás.
- Al entrar en la casa, husmeó desde la cocina y vió que el ama estaba limpiando dos truchas.
- Siga limpiando, trabaje, dé bofetadas a los muebles, fregotee hasta que le escuezan los dedos.
- Un día de sol, en Mayo, Ana que se preparaba a una vida nueva, por dentro, cantaba alegre limpiando los estantes de la biblioteca en la quinta.
- ¡Antes el aniquilamiento, como dice el ateo! concluía limpiando el copioso sudor de la frente, provocado por aquel esfuerzo intelectual, tan fuera de sus hábitos.
- Batistet, en tanto, con una prudencia precoz, cogía la escopeta y á la luz del candil la secaba, limpiando sus cañones, esforzándose en borrar de ella toda señal de uso reciente, por lo que pudiera ocurrir.
- Desnudo o a medio vestir, cuando andaba por aquella casa tendiendo ropa en el balcón, limpiando los muebles o cargando los colchones cual si fueran cojines, para sacarlos al aire, parecía una figura de otros tiempos.
- ¡Qué despabilado está el tiempo! dijo la señora con cierto retintín, que hizo estremecer al joven, limpiando súbitamente su espíritu de toda idea de independencia, como se limpia de sombras un farol cuando aparece dentro de él la llama del gas.
- Cada vez que veía á su marido limpiando los dos cañones del arma, cambiando los cartuchos ó haciendo jugar la palanca para convencerse de que se abría con suavidad, pasaba por su memoria la imagen del presidio y la terrible historia del tío Barret.
- Aceptada esta fineza, Maxi se personó en casa de Quevedo desde las nueve, hora en que la señora aquella se hallaba en la plenitud de sus funciones, limpiando jaulas, revisando nidos, examinando huevos, y sosteniendo con este y el otro volátil pláticas muy cariñosas.