Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra llamándole

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra llamándole en el contexto de una oración.

Término llamándole: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "llamándole" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra llamándole para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Hasta seguían llamándole borracho.
  • ¡pare! Era Batistet llamándole desde la puerta de la barraca.
  • A Primitivo no se le encontraba sino llamándole cuando hacía falta.
  • ¡Eh, Jacinto, por Dios, una palabra! dijo Don Evaristo llamándole cuando ya estaba en la puerta.
  • Intentaba enternecerlo llamándole Tòni, con familiar cariño, en vez de designarle por su apodo.
  • Ven, ven le dijo llamándole con ese movimiento de las dos manos que había aprendido de las madres.
  • Sacó los insectos con el dedo meñique, y su amiga le criticó esta acción, llamándole sucio y tratándole con cierta sequedad.
  • Por lo general, siempre que su tía le daba tratamiento, llamándole señor don, el pobre chico veía la nube del pedrisco sobre su cabeza.
  • Era don Juan, el hermano de la señora, aquel de quien todos hablaban mal en casa, aunque con cierto respeto, llamándole por antonomasia el tío.
  • ¡al monte! ¡al monte! Y con los ojos, al decir esto, se lo comía, y le insultaba llamándole con las agujas de las pupilas idiota, Juan Lanas y cosas peores.
  • Mas el padre, que, según entonces comprendí, era un rematado fanfarrón, felicitó a mi amo muy campanudamente, llamándole flor de los navegantes, espejo de los marinos y honra de la patria.
  • A poco entró doña Desdémona preguntando por su marido, y pudo observar el joven que Ballester le hizo señas, llamándole la atención sobre la presencia de Maxi, pues la señora empezó diciendo.
  • Pero la misma ofendida no extremaba mucho, como parecía natural, los anatemas contra el seductor, por cuya razón tuvo Maximiliano que redoblar su furia contra él, llamándole monstruo y otras cosas muy malas.
  • Dio tres, cuatro pasos más sin resolverse a volver pie atrás, por más que el demonio de la seducción le sujetaba los brazos, le atraía hacia la puerta y se le burlaba con palabras de fuego al oído llamándole.
  • Aquel acólito del culto de Mercurio, por su empaque desenfadado atraíase la mala voluntad de los pilluelos de la plaza, enjambre de diablejos que pasaban horas enteras ante la relamida figurilla llamándole ¡ churriquio ! con irritante tono de mofa, hasta que algún dependiente les amenazaba con la vara de medir.