Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra llamas

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra llamas en el contexto de una oración.

Término llamas: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "llamas" aquí tienes una selección de 35 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra llamas para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Cómo te llamas?
  • ¿Cómo te llamas?
  • ¿las llamas novedades.
  • ¿Cómo te llamas, sobrino?
  • No sabía cómo te llamas tú.
  • ¿A qué llamas hacer una tontería?
  • El Magistral sonrió como un mártir entre llamas.
  • Tú te vas al negrero y te llamas Tristán de Ugarte.
  • ¡Qué monada! ¡Dios lo bendiga! ¿Cómo te llamas, pequeño?
  • Hasta el corral, con su cuadra y sus sombrajos, estaba coronado de llamas.
  • La ola de la indignación subió al rostro de la Regenta y lo cubrió de llamas rojas.
  • Los monigotes, firmes y en pie, ardían como grandes antorchas con un inquieto plumaje de llamas.
  • Te andan dentro de ellos todas las auroras de la gloria celestial y todas las llamas del Infierno.
  • Alguno pensaba que quizá se trataba de un volcán cuyas llamas no se pueden ver a la luz del sol.
  • Algunos maderos estaban erizados de innumerables y pequeñas llamas, como si fuesen cañerías de gas.
  • Además, la ministra, como tú la llamas, a pesar de todos sus encantos no consiguió lo que yo quería.
  • Yo le digo una cosa, pues a eso que tú llamas fuerza, lo llamo yo espíritu, el Verbo, el querer universal.
  • Cada vez que, volteando en el aire sus piernas y sus brazos chamuscados, se zambullía uno en las llamas, oíanse risas y berridos.
  • Los arbustos, después de retorcerse entre las llamas, caían hechos brasas, escapando de sus cenizas asquerosos bichos chamuscados.
  • ¡Una hermosísima mujer! añadió el materialista en sus adentros al mirarla a su lado con llamas en los ojos y carmín en las mejillas.
  • Dando resoplidos, lívida y sudorosa, los ojos despidiendo llamas, Fortunata continuaba con su lengua la trágica obra que sus manos no podían realizar.
  • En la enorme chimenea redonda se echaron montones de leña, y los invitados cantaron y bebieron hasta bien entrada la noche, al resplandor de las llamas.
  • La otra se apartó, echando llamas de sus ojos y resoplidos de su pecho, y andando hacia atrás siguió diciendo, sin que las palabras llegaran a articularse.
  • Siempre permanecía en tinieblas caliginosas, que hacían palpables las tristes llamas de las bujías semejantes a lámparas de minero en las entrañas de la tierra.
  • Las inquietas llamas, moviéndose de un lado para otro, agitaban como abanicos los faldones del frac, los bajos de blanca muselina y las cintas de raso de los bebés.
  • Las llamas iban extinguiéndose, la plaza estaba cada vez más obscura y los chiquillos desertaban en grupos, bucando otras fallas que no hubiesen llegado al período de la agonía.
  • Al ponerse el sol, aquel magnífico cielo de Occidente se encendía en espléndidas llamas, y después de puesto, apagábase con gracia infinita, fundiéndose en las palideces del ópalo.
  • Belén y las damas cantoras entonaban inocentes romanzas, mientras duró el Manifiesto, en las cuales se decía que tenían el pecho ardiendo en llamas de amor y otras candideces por el estilo.
  • Andresito seguía con mirada triste las evoluciones de aquellas bulliciosas salamandras con blusa, que saltaban por entre las llamas como si tal cosa, sacudiéndose las chispas como los perros.
  • En los cristales de las tiendas cerradas y de algunos balcones, se reflejaban las llamas movibles, subían y bajaban en contorsiones fantásticas, como sombras lucientes, en confusión de aquelarre.
  • Hablaba de repente, llamas de amor místico subían de su corazón a su cerebro, y el púlpito se convertía en un pebetero de poesía religiosa cuyos perfumes inundaban el templo, penetraban en las almas.
  • Hasta la boeta de las ánimas del Purgatorio fue cuidadosamente lavada y barnizada de nuevo, y las ánimas en pelota, larguiruchas, acongojadas, rodeadas de llamas de almazarrón, salieron a luz en toda su edificante fealdad.
  • Las nueve sería, cuando los tres entraban por el portal de la casa de corredor, y no fue poco su asombro al ver en el patio resplandor de hoguera y multitud de antorchas, cuyas movibles y rojizas llamas daban a la escena temeroso y fantástico aspecto.
  • Y no obstante trascendía a clérigo, revelándose el sello formidable de la ordenación, que ni aun las llamas del infierno consiguen cancelar, en no sé qué expresión de la fisonomía, en el aire y posturas del cuerpo, en el mirar, en el andar, en todo.
  • Pintón coronado de verdes culebrones, con la roja horquilla en la diestra, y a sus pies, asomando entre guirnaldas de llamas y serpientes, los Pecados capitales, horribles carátulas con lacias y apolilladas greñas, que asustaban a los chicuelos y hacían reír a los grandes.