Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "llamase" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra llamase para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Ramiro quiso hacer que le llamase señorita.
- Aunque la llamase no era regular venir en ese traje.
- ¡Eso no puede ser, padre! Y si Dios le llamase por ese camino.
- Le obligó, ya desde un principio, a que le tutease y le llamase madre.
- Ana esperaba sin aliento, resucita a acudir, la seña que la llamase a la celosía.
- Quintanar preparaba su reloj despertador de suerte que le llamase con un estrépito horrísono a las ocho en punto.
- Los detallistas no necesitaban que se les llamase a son de cencerro ni que se les embaucara con artes charlatánicas.
- Ya había conseguido que Tónica le llamase Juanito, y no señor Peña, con aquel acento ceremonioso que hacía reír.
- El gitano había vuelto á colocarse junto á su caballo y le miraba desde lejos, agitando la cuerda del ronzal como si le llamase.
- Severiana explicó minuciosamente a la señora cuanto había que hacer, advirtiéndole que la llamase si ocurría algo extraordinario.
- Y por la noche, cuando se retiraban con el azadón al hombro, no faltaba una buena alma que los llamase desde la puerta de la taberna de Copa.
- Sólo faltaba Aurora, a quien Fortunata esperaba con ansia, y siempre que sentía pasos en la escalera, iba a la puerta para abrirle antes de que llamase.
- ¡Ah, señora hermosa, sea Dios en su ánima! Y las más, porque las llamase así, le daban limosna y pasaban por allí aunque no fuese camino para sus visitas.
- No era pedante, pero cuando le apuraban un poco, cuando le contradecían, invocaba el sacrosanto nombre de la ciencia, como si llamase al comisario de policía.
- Don Álvaro vio que mientras la conversación general ocupaba a todos los convidados, que esperaban en el salón, en pie los más, la voz que les llamase a la mesa.
- Nadie necesitaba tanto como él que se le llamase al orden, y sobre todo, lo que más falta le hacía era que le recortaran la bebida, porque aquello no era ya boca, era un embudo.
- Doña Lupe también hacía aspavientos, y Fortunata se veía obligada a expresar su entusiasmo, aunque no entendía una palabra de tal cencerrada, y en su interior se pasmaba de que aquello se llamase arte sublime, y de que las personas formales aplaudiesen música semejante a la de un taller de calderería.