Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "llega" aquí tienes una selección de 81 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra llega para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Nos llega?
- Llega usted a tiempo.
- Tal cosa no llega nunca.
- Ya llega, abre su puerta.
- ¿Llega usted ahora mismo?
- Es un hijo más que nos llega.
- Si llega a ser perro me muerde.
- Hasta eso no llega mi sabiduría.
- Llega usted a tiempo, amigo mío.
- Señora mía, llega usted a tiempo.
- Llega Somoza, pulsa a la dama, pide.
- Es que llega un momento en que dicen.
- Siempre llega tarde, y como de mala gana.
- Para comer mal siempre se llega a tiempo.
- Parece que llega el barco, luego hablaremos.
- Llega al foso, y efectivamente no hay verja.
- A poco llega un coche de lujo con un caballero muy gordo.
- Llega el silbido ondulante, apagado, de un tren que pasa.
- , que luego llega una y se asombra de verse allí, y dice.
- De poco llega a hacerme creer que soy un pozo de prudencia.
- Conozco adonde se llega siguiendo ese camino en que os halláis.
- Sí llega, sí llega gritó Paco, que quiso verle hacer títeres.
- Si así hacen todos los espíritus fuertes cuando les llega su hora.
- Si a mí me llega a pasar lo que te ha pasado a ti con esa pastelera.
- Lázaro, llega el oído a este toro, y oirás gran ruido dentro dél.
- Sin embargo, se llega a un grado en que perder un segundo es perderlo todo.
- Si llega usted a Francia, escriba usted a la criada vieja de casa de Sandow.
- Y sin embargo llega, y apenas nos sorprende por la suavidad con que ha venido.
- Cuando llega la noche, la vieja enciende una capuchina y la pone sobre la mesa.
- Pero mientras llega la hora, don Eugenio siempre firme en su tienda del Mercado.
- Y mientras llega la carta y la recibe, si es que la recibe, ¿qué piensas hacer?
- No se conoce el genio de las personas hasta que no llega la ocasión de mostrarlo.
- Y para casarse, no es cosa de broma que la mujer las gaste con el primero que llega.
- En fin, señores prosiguió ustedes defienden el absurdo y ahí no llega mi paciencia.
- Probablemente si llega usted a intentar abrir la caja, lo hubiera usted pasado muy mal.
- Llega un momento en que el alma no puede ya aguantar la esclavitud, y es preciso soltarse.
- Al que llega a cierto grado de fortaleza, la presencia del mal le edifica a su modo por el contraste.
- A las personas que son muy buenas, muy buenas, llega un momento en que no hay más remedio que atarlas.
- A ratos llega el traqueteo de un carro, o se perciben los gritos de los muchachos que juegan a lo lejos.
- Y de los confines remotos llega y retumba en todo el valle el formidable y sordo rumor de un tren que pasa.
- Y llega el otro, y dame un trasquilón de oreja a oreja y quítanme la capa, y déjanme en el suelo, diciendo.
- Si Jacinta llega a descubrir este arcano escondidísimo del alma de Juanito Santa Cruz, de fijo pide el divorcio.
- Otras veces se llega a la fuente una moza, una de estas mozas blancas, con grandes ojeras, y llena un cántaro de agua.
- Cuando yo llego ante esta puerta llega también un hombre vestido de pana gris y ceñido el cuerpo por ancha faja negra.
- Quiere arrimarse a mí, arropada por la tierra, allí abajo, donde no llega la luz, y que yo le preste no sé qué calor.
- Yo leo una muchedumbre de libros, yo emborrono una atrocidad de cuartillas, pero esa gloria tan casquivana no llega, no llega.
- Y dichoso mil veces el que como usted, así, tan jovencito, llega a posesionarse de esa idea y a hacerla efectiva en la vida real.
- Lo hay en esas fondas silenciosas, con comedores que se abren de tarde en tarde, solemnemente, cuando por acaso llega un huésped.
- Usted sabe muy bien, mi oficial, que el hombre que manda durante mucho tiempo un barco de vela, llega a mirarle como una cosa viva.
- Es así que jamás llega a casa el cartero del exterior, y cuando va es para traer alguna carta de las hermanas de mi tío Jáuregui.
- Una cosa es enamorarse de la muerte, y otra cumplir nuestras obligaciones mientras no llega el momento dijo doña Lupe con naturalidad.
- Pero en este pícaro mundo, se llega hasta donde se puede, y el que, impulsado por el querer, va más allá del poder, cae y se estrella.
- Si no se llega a la unanimidad, entonces se somete el fallo a votación, se saca una caja de madera con dos compartimientos y dos ranuras.
- ¡A qué degradación llega uno cuando se deja caer así! Estaba yo tan tonto, que me parecía que siempre había de vivir entre semejante chusma.
- A cada bestia le llega su San Martín repetía, con otras frases que habrían sido humorísticas, si las circunstancias no las hicieran lúgubres.
- Me voy a Burdeos con mi marido, pasan meses y meses, llega el verano y nos vamos a pasar una corta temporada en Royan, un pueblo de baños de mar.
- Un haz de rayos que resbala por una cima hiende los aires en franja luminosa, corre en diagonal por un terrero, llega a esclarecer un bosquecillo.
- Trabajillo cuesta el desprenderse de esta sarna moral, heredada, con la cual nace uno y con la cual vive hasta que llega la hora de la liberación.
- Y cuando llega la hora de la muerte, ¿qué importa ni de qué sirve haber pasado un poco más alegre y tranquila esta vidilla perecedera y despreciable?
- Se llega a este estado padeciendo, después de pasar por todas las angustias de la cólera, por los pinchazos que le da a uno el amor propio y por mil amarguras.
- Tocante a esos polvos, encárgate tú de guardarlos, y si el caso llega, chico, no seré yo quien les haga ascos, porque, bien mirado, para lo que sirve esta vida.
- Pues sepa usted que aquí traigo en la cabeza un proyecto grandioso, y tal que si algún día llega a ser realidad, no volverán a ocurrir desastres como éste del 21.
- El 68, cuando la santísima, estuve haciendo la guardia en el Banco, pa que no robaran, y le digo asté que si por un es caso llega a paicerse por allí algún randa, lo suicido.
- Y pensemos que cuando a estas cosas llega la pasión de los hombres, ¿qué no será en aquellas otras que atañen muy de cerca a los grandes intereses y a los ideales perdurables?
- Pues las personas que por medio de la anulación social, y cultivando la vida interior, llegan a purificarse, comprenden por su propio sentido cuándo llega el momento de tomar el portante.
- Es casi imposible poner en las cuartillas uno de estos interiores de pueblo en que la tristeza se va condensando poco a poco y llega a determinar una modalidad enfermiza, malsana, abrumadora.
- Verá usted decía el Magistral como llega un día en que no necesita a Zorrilla ni poeta nacido para llorar de ternura y elevarse, de una en otra, como usted dice, hasta la idea santa de Dios.
- En este bulle bulle de las pasiones de los hombres del día prosiguió Maxi con cierto énfasis, llega uno a olvidarse de que vivimos para perdonar las ofensas y hacer bien a los que nos han hecho mal.
- Se esponjaba de tal suerte ante los homenajes masculinos! El aldeano que llega al pueblo ha oído contar mil lances, mil jugarretas hechas a los bobos que allí entran desprevenidos como incautos peces.
- Oílas todas, que por esto llaman a los enamorados de monjas solenes enamorados, por lo que tienen de vísperas, y tienen también que nunca salen de vísperas del contento, porque no se les llega el día jamás.
- Paco Vegallana, Obdulia, Visita y demás gente loca había dicho el Arcipreste se entretienen en cortar helechos, yerbas, ramas de árboles y arrojarlo todo al pozo, y cuando ya llega la hojarasca cerca de la boca.
- Gracias que la cuestión ocurrió cuando la niña tenía entre sus dedos el andante cantabile molto expresivo, que si llega a coincidir con el allegro agitato, ni Dios pesca una letra de lo que hija y madre hablaron.
- Además, el gobernador tiene, de los maravedís que en nombre de Su Majestad se ejecutan, ciento y cincuenta maravedís cuando la cantidad llega a cinco mil maravedís, y no más aunque pase, y de allí abajo, a real de plata.
- En el seno de la prosperidad en que ella vivía, no pudo darse nunca cuenta de lo grande que es el imperio de la pobreza, y ahora veía que, por mucho que se explore, no se llega nunca a los confines de este dilatado continente.
- Y cuando llega la vejez y vemos que los libros no nos han enseñado nada, entonces clamamos por la alegría y el amor, ¡que ya no pueden venir a nuestros cuerpos, tristes y cansados! VII Esta tarde hemos cumplido un deber triste.
- No hay razón para que tenga límites esta tortura del espíritu, que duda de todo, de sí mismo también, pero no del dolor que es lo único que llega al que dentro de ti siente, que no se sabe cómo es ni lo que es, pero que padece, pues padeces.
- Y soy tan desgraciado, que estándome diciendo el lacayo que nos fuésemos, llega por detrás el letradillo, y conociendo su rocín arremete al lacayo y empieza a darle de puñadas, diciendo en altas voces que qué bellaquería era dar su caballo a nadie.
- Señores, éste es un niño inocente, y ha pocos días que está con ese escudero, y no sabe dél más que vuestras merecedes, sino cuánto el pecadorcico se llega aquí a nuestra casa, y le damos de comer lo que podemos por amor de Dios, y a las noches se iba a dormir con él.
- El cual patio está también enlosado y tiene una cisterna en un ángulo, que recibe sus aguas de un canal de latón que recorre el borde del tejado, que desciende por la pared, que llega a una pila repleta de menuda grava por donde las aguas se filtran y bajan en un claro raudal a lo profundo.
- El vehículo, cargado de pellejos de aceite, con un perro atado al eje, la sartén de las migas colgando por detrás, se planta, a punto que llega por detrás el carro de la carne con los cuartos de vaca chorreando sangre, y ambos carreteros empiezan a echar por aquellas bocas las finuras de costumbre.
- ¡Ya llega, ya llega! murmuraban los socios del Casino apiñados en los balcones, codeándose, pisándose, estrujándose, los músculos del cuello en tensión, por el afán de ver mejor el extraño espectáculo, de contemplar a su sabor a la dama hermosa, a la perla de Vetusta, rodeada de curas y monagos, a pie y descalza, vestida de nazareno, ni más ni menos que el señor Vinagre, el cruelísimo maestro de escuela.