Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra llegamos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra llegamos en el contexto de una oración.

Término llegamos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "llegamos" aquí tienes una selección de 69 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra llegamos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Llegamos tarde?
  • Llegamos a Plymouth.
  • En una hora llegamos.
  • Llegamos a Aguirreche.
  • Llegamos a la fuente.
  • Vaya, por fin llegamos.
  • ¿No llegamos todavía?
  • Llegamos al buque inglés.
  • Llegamos a su posada, y dijo.
  • Por fin llegamos al Trinidad.
  • Llegamos a las aguas de China.
  • Y con tanto, llegamos a Toledo.
  • En estas pláticas llegamos a Rejas.
  • Llegamos tratando en ello a su casa.
  • Lo atravesamos, y llegamos a Batavia.
  • Y rodando llegamos al monte de maíz.
  • Con estas y otras cosas, llegamos a la villa.
  • En estas cosas divertidos, llegamos a Cercedilla.
  • Llegamos a las Canarias, y de las Canarias a Liverpool.
  • Dos años y medio después de la salida llegamos a Cádiz.
  • Llegamos a la cima del monte donde se celebraba la romería.
  • Llegamos por fin a Rota, y allí nos embarcamos para Cádiz.
  • Discutimos varios días un plan, hasta que llegamos a aceptar uno.
  • Serían las diez de la noche cuando llegamos al borde del pantano.
  • Llegamos a la calle de la Mar, donde encaró con nosotros la ronda.
  • Forzaron los remeros, y no sin trabajo llegamos a ponernos al habla.
  • Entramos en una aldea y llegamos hasta la posada a pedir alojamiento.
  • Recalde, Zelayeta y yo llegamos a la punta del muelle en este momento.
  • Llegamos a la arruinada fortaleza, y Allen exigió que le dejaran solo.
  • Smiles y yo nos echamos al agua y, nadando, llegamos a coger la goleta.
  • Llegamos todos a él, y el cura el primero, diciéndole que qué tenía.
  • III EL PONTÓN Llegamos a tierra y nos condujeron delante de los jueces.
  • Con ellos llegamos a una venta del camino que se llamaba la Campana Azul.
  • Llegamos al Brasil, dejamos la carroña que llevábamos y volvimos al Africa.
  • Llegamos al Rompeolas, y Quenoveva y Mary besaron la cruz por el lado del mar.
  • Llovía cada vez más fuerte, cuando llegamos cerca de la cueva de la Egan suguia.
  • Y en medio de una tormenta de nieve llegamos al puerto Cook de la isla de los Estados.
  • Llegamos cerca de la Aduana, y don Ciriaco se detuvo delante de una casa grande, con miradores.
  • El hombre, que no tenía las ideas muy claras, hizo lo que le decía, y llegamos a Saint Malô.
  • Después de una travesía larga y llena de peripecias, llegamos frente al Estrecho de Magallanes.
  • Smiles y yo, saltando por encima de aquella arena movediza, llegamos a la desembocadura del río.
  • Por más arreglos que intentamos hacer, no llegamos a poner a flote el barco construído por Caracas.
  • Por la noche, y esquivando las miradas de la gente, llegamos a la finca en donde había estado Allen.
  • Llegamos al Prado, y en entrando, saqué el pie del estribo y puse el talón por defuera y empecé a pasear.
  • Con un viaje muy malo, después de siete meses de navegación con temporales y borrascas, llegamos a Cádiz.
  • Y cayendo y levantándonos, con barro hasta la coronilla, llegamos a tocar tierra firme en una punta arenosa.
  • Con estas pláticas y desconciertos llegamos a Torrejón, donde se quedó, que venía a ver una parienta suya.
  • Dimos vuelta a la punta arenosa en que nos encontrábamos, y llegamos a una playa en donde el agua estaba limpia.
  • ) Llegamos este Hamlet indiano y yo a Bayona, y yo tuve la suerte de encontrar un patache de cabotaje que iba a Lúzaro.
  • Eres muy buena y prestas tu casa a los que van por el monte! Adiós! Llegamos a Lúzaro y llevé a Mary a casa de Recalde.
  • En este tiempo dio el reloj la una después de mediodía, y llegamos a una casa ante la cual mi amo se paró, y yo con él.
  • El caballo tomó un trotecillo no muy cómodo, y por la carretera, húmeda, llegamos en una hora a la playa de las Ánimas.
  • Llegamos a la bomba de proa que comunicaba con el otro aljibe, la hicimos funcionar, y trajimos diez o doce litros de agua.
  • Llegamos cerca del cenador, y al pasar una enramada prendióseme en un árbol la guarnición del cuello y desgarróse un poco.
  • Llegamos rendidos cerca del mar, y nos encontramos en un arenal inmenso, formado por dunas que el viento levantaba y deshacía.
  • Que viene un día en que la máquina dice, hasta aquí llegamos, compañero y no se empeñe usted en remendarla, ni echarle aceite.
  • Apeámonos en un mesón, y en todo el día, que llegamos a las nueve, acabamos de contar la cena pasada, y nunca pudimos en limpio sacar el gasto.
  • Precedidos por el criado, subimos la escalera monumental, y, recorriendo un pasillo, llegamos a un salón inmenso, con grandes espejos y medallones.
  • Y ansí pasamos adelante por el mismo portal y llegamos a un mesón, a la puerta del cual había muchos cuernos en la pared, donde ataban los recueros sus bestias.
  • Nosotros nos metimos en un coche, salimos a la tardecica, una hora antes de anochecer, y llegamos a la media noche, poco más, a la siempre maldita venta de Viveros.
  • En esto llegamos cerca, y el corregidor, advertido, mandó que debajo de unas yerbas pusiesen todos las espadas escondidas en un campo que está enfrente casi de la casa.
  • Ya en lo alto, llegamos a un angosto pasillo, torcemos luego a la izquierda, y nos hallamos en un cuarto reducido, con tres mesas de mármol y un ventanillo microscópico.
  • Cruzamos la bahía de Cádiz, desembarcamos, atravesamos las calles del Puerto de Santa María, en coche, y llegamos a la finca del amigo del marqués, a eso de las dos de la tarde.
  • Mas, al fin, aunque hubo momentos en que a mí me parecía que la embarcación iba a desaparecer para siempre, llegamos al costado del Rayo, y con muchísimo trabajo subimos la escala.
  • A poder de éste, pues, vine, y en su poder estuve con don Diego, y la noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una plática corta, que aun por no gastar tiempo no duró más.
  • Y como éste era mucho más cómodo y expedito desde Chiclana a Cádiz que en el tramo recorrido, llegamos al término de nuestro viaje a eso de las once del día, sin novedad en la salud y con el alma alegre.
  • Rióse mucho el soldado de la pregunta, y el ermitaño de su desnudez, y con tanto llegamos a la falda del puerto, el ermitaño rezando el rosario de una carga de leña hecha bolas, de manera que a cada avemaría sonaba un cabe.
  • Enderezamos el rumbo hacia el Cabo de Buena Esperanza, y con unos días borrascosos, luchando con la corriente del Cabo de las Agujas, pasamos al Atlántico, y tras de muchas penalidades llegamos a Angola y fondeamos en la Bahía de los Elefantes, nuestro puerto de refugio.
  • Al fin, llegamos a los túes, y yo, para alimentar más el crédito de mi calidad, salíme de casa y alquilé una mula, y arrebozado y mudando la voz, vine a la posada y pregunté por mí mismo, diciendo si vivía allí su merced del señor don Ramiro de Guzmán, señor del Valcerrado y Villorete.