Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "llegue" aquí tienes una selección de 59 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra llegue para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Ya desde que llegué.
- Vivir para que llegue un día así.
- Llegué por fin, y entré en la casa.
- Dará tiempo a que llegue el médico?
- Cuando llegué estaba en su sano juicio.
- Yo simplemente llegué, creyendo ser ansí.
- Subí por una cuerda y llegué al cadáver.
- Verá usted, en cuanto llegue le echo el toro.
- Mientras la Ciencia no llegue hasta ahí, silencio.
- Puede que me llegue un ratito a casa de Paca Morejón.
- Suponiendo que la vida llegue a serte insoportable, y.
- Yo me llegué a creer que podría ser buena y honrada.
- Cuando llegué a casa de Recalde, se abría la puerta.
- Llegué yo y me lo encontré con las enaguas levantadas.
- Si no es verdad esto, que no llegue a la noche con salud.
- Pues sí, cuando llegué, el pobre niño estaba expirando.
- Y, por acabar, llegué al postrer capítulo, que decía así.
- Llegué, y ya estaban allá las dichas y los caballeros y todo.
- Llegue y alcance, que mi señor don Diego nos hace merced a todos.
- Llegué por fin a la Caleta, y allí mi alegría no tuvo límites.
- El que mañana llegue con las manos vacías no pasará de esa puerta.
- Llegué rápidamente a la herrería, y de allí, a pie, volví a mi casa.
- O subo y la mato ahora mismo, antes que llegue Tomás, o ya no la mato hoy.
- ¿Debo casarme pronto para que mi mujer no llegue a mis brazos hecha una vieja?
- Nunca llegué a acostumbrarme al espectáculo de miseria y de horror que ofrecían.
- Yo me dediqué a darles lecciones de matemáticas, y llegué a ganar algún dinero.
- En fin, a las doce, que era a la hora que solía hablar con ella, llegué a la puerta.
- Pasé por Burgos y Vitoria, y de aquí, tomando un coche y dejando otro, llegué a Lúzaro.
- Saldrá, como usted me enseña, cuando llegue el mismísimo punto resfinado de la ocasión.
- De la puerta me volví, y no sé cómo llegué al taller, porque me iba cayendo por el camino.
- La más negra era que el garrotillo le cogió al pobrecillo nene tan de filo, que cuando yo llegué.
- Pues yo decía Don Basilio, cuando estaba en mi ramo, llegué a veinticuatro por mis pasos contados.
- Ilustración VI BISUSALDE Una mañana de otoño llegué a la playa de las Ánimas antes del mediodía.
- Es tan bueno, tan bueno, que no niega su amparo a ningún pecador que se llegue a Él por empedernido que sea.
- Llegué al pueblo, y a la entrada vi a mi padre en el camino, aguardando ir en bolsas, hechos cuartos, a Josafad.
- Llegué a Dunkerque y me embarqué en una goleta de ciento cincuenta toneladas, para ir a Islandia a la pesca del bacalao.
- Yo me lucí en Roma, admiré a los fieles en Madrid, deslumbro a los vetustenses y seré Obispo cuando llegue a los sesenta.
- Yo me iba determinando a quebrar el ayuno, y llegué con esto a la esquina de la calle de San Luis, adonde vivía un pastelero.
- Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el patio.
- Pero cuando llegué a comprender que la idea del espacio y del tiempo son necesidades de nuestro espíritu, pero que no tienen realidad.
- Metiéndome por el agua, llegué hasta el ángulo del muelle y dije a los pescadores lo que pasaba, lo que me había dicho el atalayero.
- Fuime por las calles de Dios, llegué a la puerta de Guadalajara, y sentéme en un banco de los que tienen en sus puertas los mercaderes.
- De esta manera, hija mía añadió lleno de fatuidad, puede darse el caso de que una mujer hermosa llegue a amar entrañablemente a un hombre feo.
- Cuando llegué, vi que los cuatro se habían lanzado al mar y se acercaban nadando a la embarcación, que estaba como a unas diez o doce varas de distancia.
- (Frenéticos aplausos.) Juremos todos ser trompetas del escándalo, para que tanto sea, y a tales oídos llegue, que la ruina del enemigo común sea un hecho.
- Nos mandará acá una pareja de orden público, y en cuanto llegue hombre o mujer de malas trazas con papel o recadito, me lo trincan, y al Saladero de cabeza.
- Es muy santo, muy bueno que usted, con motivo de dar a un niño un globo de colores, llegue a pensar en Dios, a sentir eso que llama usted la presencia de Dios.
- Pues lo primero es no tener horror a la muerte, que es la puerta, estar siempre mirándola, y prepararse para salir por ella cuando llegue la hora feliz de la liberación.
- Yo, pues, con ese lenguaje y con estas flores, llegué a Sevilla con el dinero de las camaradas, gané el alquiler de las mulas y la comida y dineros a los huéspedes de las posadas.
- En este punto de la independencia infantil se va ganando terreno velozmente, y yo fuí avanzando en mi camino, con tal rapidez que llegué en poco tiempo a gozar de completa libertad.
- Tanto gusté de las extrañas maneras de vivir del hidalgo, y tanto me embebecí, que divertido con ellas y con otras, me llegué a pie hasta las Rozas, adonde nos quedamos aquella noche.
- Hice proyectos absurdos de provocarle, que, afortunadamente, no llegué a realizar, y a mediados del mes de julio me quedé sorprendido con la entrada en la bahía de Cádiz de la Bella Vizcaína.
- Tendidos boca abajo, cubierto con un papel el cañón de la carabina a fin de que el olor de la pólvora no llegue a los finos órganos olfativos de la liebre, aplican el oído al suelo, y así se pasan a veces horas enteras.
- Llegué a la mañana siguiente, me acerqué a la casa, entré en el jardín, puse el pie en el primer escalón de la puerta y allí me detuve, porque mis pensamientos absorbían todo mi ser y necesitaba estar inmóvil para meditar mejor.
- Acostumbrándome a la idea de que tan admirable conjunto de gracias no podía ni debía ser para mí, llegué a tranquilizarme, porque la resignación, renunciando a toda esperanza, es un consuelo parecido a la muerte, y por eso es un gran consuelo.
- ¡Y ella tan ajena a esto! ¡Qué dirá cuando llegue a casa y no nos encuentre! A mí se me ensanchaba el pecho con la vista del paisaje, con la alegría y frescura de la mañana y, sobre todo, con la idea de ver pronto a Cádiz y su incomparable bahía poblada de naves.
- Mas ¡vótote a Dios!, si al conde topo en la calle y no me quita muy bien quitado del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una casa, fingiendo yo en ella algún negocio, o atravesar otra calle, si la hay, antes que llegue a mí, por no quitárselo.
- Yo estaba tan orgulloso de encontrarme a bordo del Santísima Trinidad, que me llegué a figurar que iba a desempeñar algún papel importante en tan alta ocasión, y por eso no dejaba de gallardearme con los marineros, haciéndoles ver que yo estaba allí para alguna cosa útil.
- Y la mayor y fundamento de las otras fue que cuando llegué a casa y fui a ver una arca, adonde tenía en una maleta todo el dinero que había quedado de mi herencia y lo que había ganado, menos cien reales que yo traía conmigo, hallé que el buen licenciado Brandalagas y Pero López habían cargado con ello y no parecían.