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Ejemplos de oraciones con la palabra lloraban

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra lloraban en el contexto de una oración.

Término lloraban: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "lloraban" aquí tienes una selección de 12 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra lloraban para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Algunas lloraban.
  • Y las mujeres lloraban.
  • Por algo, según las historias, lloraban los moros al ser arrojados de allí.
  • La niña fue aprendiendo lo que valía el dinero, por la gran pena con que los suyos lo lloraban ausente.
  • Me han dicho que las pobres beatas lloraban algunas veces al oirle predicar sin percibir ni una sola de sus palabras.
  • El mísero empleado del Banco retorcía el bigotillo engomado y con voz de tiple decía a la muchedumbre de sus hijos que lloraban por la sopa.
  • Al fin, yo salí tan bienquisto del pueblo que dejé con mi ausencia a la mitad de él llorando y a la otra mitad riéndose de los que lloraban.
  • Y las criaturas, agarradas á sus faldas, lloraban y aturdían con sus gritos, queriendo unas volver á casa, pidiendo otras que les enseñasen el albaet.
  • Que Don Evaristo es un cristiano rancio, y que cuando le administraron, recibió al Señor con una edificación y una santidad tan grandes, que todos los concurrentes al acto lloraban a moco y baba.
  • Y las palabras eran entrecortadas por los sollozos, y volvían á abrazarse el padre y las hijas, y Pepeta, la dueña de la barraca, y otras mujeres lloraban y repetían las maldiciones contra el viejo avaro, hasta que Pimentó intervino oportunamente.
  • El juez de primera instancia, que se dividía a sí mismo en dos entidades, 1.º el juez, incorruptible, intratable, puerco espín sin pizca de educación, y 2.º el hombre de sociedad, perseguidor de casadas de mala fama, consuelo de todas las que lloraban desengaños de amores desgraciados.
  • Y cuando unos tíos repugnantes llegaron en un carro para llevarse su caballo á la Caldera 16, donde convertirían su esqueleto en hueso de pulida brillantez y sus carnes en abono fecundizante, lloraban los chicos, gritando desde la puerta un adiós interminable al pobre Morrut, que se alejaba con las patas rígidas y la cabeza balanceante, mientras la madre, como si tuviese un horrible presentimiento, se arrojaba con los brazos abiertos sobre el enfermito.