Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "lloró" aquí tienes una selección de 41 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra lloró para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Si no lloro.
- Por eso no lloro.
- ¿No ves que lloro?
- Pero ella no lloró.
- Lloró la mujer de Batiste.
- Lloró con los ojos cerrados.
- Ana se opuso, lloró, suplicó.
- Pero si no lloro, ¿no ves que no lloro?
- Agapita lloró sobre el pecho flaco de su padre.
- Lloró como un anciano, y pensó en que ya lo era.
- Hasta llorar aquí por lo que lloro es una canallada.
- Así lloró la huerta la desaparición de don Salvador.
- Luego se lo dije a Niní, que lloró y quiso tomar venganza.
- Pero con la humedad del lloro y del sudor era ya como una pelota.
- Pidió, suplicó, se puso de rodillas con las manos en cruz, lloró.
- Mi amo lloró como hombre, después de haber cumplido con su deber como marino.
- Y lloró sobre las Confesiones de San Agustín, como sobre el seno de una madre.
- Aquella noche lloró en su lecho Ana como lloraba bajo el poder de doña Camila.
- ¡Angelito! Lloró bien cuando le pusieron la sal y cuando sintió el agua fría.
- Ana, entonces, no pudo evitarlo, lloró, lloró, sintiendo por aquella Inés una compasión infinita.
- Y a solas en el cuarto con el cuerpo del buen anciano, le lloró como no se creyera capaz de hacerlo.
- Lloro de amor, llena el alma de la presencia del Señor a quien usted y la santa querida me enseñaron a conocer.
- ¡Infame! ¡Infelices! Y don Santos se incorporó como pudo, inclinó la cabeza sobre el pecho, y lloró en silencio.
- Cubriose la cara con las manos y lloró, con toda la expresiva franqueza del verdadero dolor, al jefe, al protector y al amigo.
- Y desvanecida, buscó a tientas el sofá de damasco y sobre él, tendida, medio desnuda, lloró, lloró sin saber cuánto tiempo.
- Ana se le arrojó a los brazos, le ciñó con los suyos la cabeza y lloró abundantemente sobre las solapas de la levita de tricot.
- ¡Si no lloro! y se enjugaba los ojos con el dorso de la mano izquierda mientras con la otra temblorosa, sostenía el vaso de la medicina.
- Y lloró con toda su alma, inclinándose sobre el muertecito, rozando apenas con sus labios la frente pálida y fría, como si temiese despertarle.
- Barret protestó, y hasta lloró recordando los méritos de su familia, que había perdido la piel en aquellos campos para hacer de ellos los mejores de la huerta.
- La novia lloró bastante con el obsequio de su niño, púsolo en el dedo meñique de la mano izquierda, y allí se le reunió el otro anillo que en la iglesia le ciñeron.
- Anita, al oír este familiar lenguaje, casi jocoso, del Magistral, con motivo de cosas tan grandes y sublimes, sintió lágrimas y risas mezcladas, y lloró riendo como Andrómaca.
- En Zaro hay siempre un silencio absoluto, casi únicamente interrumpido por la voz cascada del reloj de la iglesia, que da las horas de una manera melancólica, con un tañido de lloro.
- Le lloró por muerto con verdadera efusión de hija desconsolada, y se aterraba de la orfandad en que iba a quedar cuando más necesitaba de una persona sesuda y discreta que la dirigiera.
- Ya tengo el don de lágrimas, leyó el Magistral en voz alta como diciéndoselo a jilgueros y gorriones, petirrojos y demás vecinos de la enramada, ya lloro, amigo mío por algo más que mis penas.
- Allí lloró y lloró, sintiendo con esto un gran alivio, acariciado por las sombras de la noche, que parecían tomar parte en su pena, pues cada vez se hacían más densas, ocultando su llanto infantil.
- De la niña que se le cayó la muñeca en un pozo seco adonde no podía bajar a sacarla y se puso a llorar, a llorar, a llorar, y lloró tanto que se llenó el pozo con sus lágrimas y salió flotando en ellas la muñeca.
- Aquella noche lloró la Regenta lágrimas que salían de lo más profundo de sus entrañas, de rodillas sobre la piel de tigre, con la cabeza hundida en el lecho, los brazos tendidos más allá de la cabeza, las manos en cruz.
- Mucho tiempo hacía que Anita no había tenido uno de aquellos impulsos cariñosos de que solía ser objeto don Víctor, pero aquel día, a la tarde, sobre todo al obscurecer, lloró ocultando el rostro, pensando en el esposo ausente.
- Celestina, desesperada, se acercó al lecho de su padre, lloró otra vez, de rodillas, con la cabeza hundida en el flaco jergón, mientras don Santos repetía con voz pausada, débil, que tenía una majestad especial, compuesta de dolor, locura, abyección y miseria.
- Yo soy médico, le digo, y no sólo no tuve hijos de mi mujer, que era viuda, y perdimos el que ella me trajo al matrimonio, ¡aún le lloro al pobrecillo!, sino que sé, sé positivamente, sé con toda seguridad, que no he de tener nunca hijos propios, que no puedo tenerlos.
- Y cansado por tantos esfuerzos y sorpresas, don Fermín dejó caer la cabeza sobre el sobado reps azul del testero y en aquel rincón obscuro del coche, ocultando el rostro en las manos que ardían, lloró como un niño, sin vergüenza de aquellas lágrimas de que él solo sabría.