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Ejemplos de oraciones con la palabra locura

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra locura en el contexto de una oración.

Término locura: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "locura" aquí tienes una selección de 76 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra locura para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Una locura.
  • Es una locura.
  • Era una locura.
  • ¿Cómo locura?
  • La locura ha sido antes.
  • La locura, sin duda la locura.
  • Era locura, simplemente locura.
  • Era una locura buscar la muerte.
  • Pero, señora, si es una locura.
  • ¿Qué nueva locura era aquella?
  • Ni siquiera la locura de la cruz.
  • Aquel terror pánico a la locura.
  • Una locura grosera de algunos meses.
  • No, por allí no se iba a la locura.
  • Y aquella fue su locura de amor religioso.
  • Pero siendo amado por ella, era una locura.
  • Y aquella locura de injertar gallos ingleses.
  • Podrá haberlo adivinado por su propia locura.
  • Quería aludir a la locura del poeta bucólico.
  • La locura pasó por su imaginación como un mareo.
  • Toda la Mitología era una locura, según el santo.
  • A él he llegado pasando por la rabia, por la locura.
  • ¿No había sido un arrebato de locura aquella promesa?
  • Dios, ¡qué hombre! ¿Será farsa todo esto de la locura?
  • La querrá con locura, más que a ti, más que a su mujer.
  • Ya no pensaba en su locura, pensaba en defender su secreto.
  • Todo eso que usted me cuenta, ¿es verdad o es locura de usted?
  • He pasado por todas las crisis de la ira, de la rabia y de la locura.
  • Las consecuencias de su locura por el trabajo no se hicieron esperar.
  • Y ahora que se mostraba favorable, era una locura no retirarse a tiempo.
  • Te idolatra, y los que aman así, con esa locura, se pirran por perdonar.
  • Si se habían dado cuenta de nuestra falta, era una locura intentar nada.
  • Hablo de mi temor a la locura con Quintanar como de la manía de un extraño.
  • Pero los escrúpulos me volverían a la locura, a las aprensiones horrorosas.
  • La atmósfera parecía cargada de un ambiente extraño de locura y brutalidad.
  • Crees que tu última locura la ignoran todos, y cuantos te conocen lo sospechan.
  • Él consideraba una locura el pensar que habían de encontrar un estudio agradable.
  • ¡El mundo, la locura, los arrojaba de su solitario recreo! ¡El siglo lo invadía todo!
  • ¡Ay! sí, el amor era aquello, un filtro, una atmósfera de fuego, una locura mística.
  • Y todo para derrocharlo, para satisfacer esa locura de engrandecimiento que a todos domina.
  • No pensó mucho tiempo, porque comprendió enseguida que era una locura pedir recibo o fianza.
  • Cualquier murmuración iba con ella, en los corrillos se le antojaba que comentaban su locura.
  • Esa locura, ese engaño que dice usted que es el amor, lo he sentido yo por usted desde que le vi.
  • Vio claramente que era locura no seguir el camino por donde la llevaban, que era sin duda el mejor.
  • Como supongo prosiguió doña Anuncia que ya no te acordarás siquiera de aquella locura del monjío.
  • La horrorizaba la idea de la locura y el miedo del dolor desconocido, extraño, del cerebro descompuesto.
  • ¿Para qué me hubiera querido mi hermano mayor del alma, sin el alma, o con el alma obscurecida por la locura?
  • Ser inteligente constituía una desgracia, y sólo la felicidad podía venir de la inconsciencia y de la locura.
  • Eso me prueba que hubiera sido un absurdo, una locura recorrer lo que, visto de allá, parecía el camino derecho.
  • ¡Pero eso que pretendes es una locura, Gertrudis! La locura, peor que locura, la infamia, sería lo que pensabas.
  • Cuando un padre de familia ha trabajado y tiene en el granero la cosecha, bien puede permitirse su poquito de locura.
  • Él ama al anís con locura, junta sus tallos a sus tallos, acaricia sus hojas, besa sus olorosos frutos pubescentes.
  • Pero luego me produjo lástima y desprecio, comprendiendo que estaba en uno de sus arrebatos de locura, de insensatez.
  • Otra vez tuvo miedo a morir, otra vez tuvo el pánico de la locura, la horrorosa aprensión de perder el juicio y conocerlo ella.
  • Aquel hecho era quizás síntoma de un nuevo aspecto de locura, y las dos señoras no cabían ya en su pellejo, de temor y zozobra.
  • No se podía marchar, aunque iba comprendiendo que la idea que a tal sitio la llevó era una locura, como las que se hacen en sueños.
  • ¡El dulce Nombre! No, señorita es que hace frío aquí, es que truena, es que es una locura andar ahora revolviendo en los sótanos.
  • Antes del último arranque de locura, de las últimas carreras por el bosque y de la última alegría hubo un cuarto de hora de melancolía.
  • Estaba pensando que Ana, después de aquella locura que cometía por el confesor, por De Pas, haría otras mayores por el amante, por Mesía.
  • Ana sentía que acabarse el amor, aquella pasión absorbente, fuerte, nueva, que gozaba por la primera vez en la vida, sería para ella comenzar la locura.
  • Algunas amigas suyas aseguraron que estaba loca, porque demencia era pensar en la fundación de un asilo para huerfanitos, y mayor locura dotarle de recursos permanentes.
  • Pero la desesperación taciturna de su Fermo, complicada con una enfermedad misteriosa, de mal aspecto, que podía parar en locura, asustó a la madre que adoraba a su modo al hijo.
  • Me parecía una locura cambiar esas horas de indolencia y ensueño de los días de navegación, por la vida de un pueblecillo triste, aburrido, lleno de preocupaciones y de mezquindades.
  • Que mi locura, de la que con la ayuda de Dios he sanado, se me cuente como martirio, pues mis extravíos, ¿qué han sido más que la expresión exterior de las horribles agonías de mi alma?
  • Temía sobre todo que si rompía sus relaciones devotas con él, volviese una reacción de lástima, arrepentimiento y piedad imaginaria que la arrastrase a otra locura como la del viernes Santo.
  • Aquello fué una locura, una necia locura, de la que se avergonzaba apenas veía entrar a Gertrudis derramando serena seriedad en torno, y de aquello le curó la sazón del amor cuando le fué anunciado el hijo.
  • Las monjas la consideraban lunática, porque si las más de las veces la sometían fácilmente a la obediencia, haciéndola trabajar, entrábale de golpe como una locura y rompía a decir y hacer los mayores desatinos.
  • Seguía las modas con escrupulosidad costosa, y muchas veces aumentaba sus gastos hasta la locura, únicamente por el gusto de darles en las narices, como ella decía, al regañón de don Eugenio y al tacaño de su padre.
  • Esta ambición de algunos momentos, descabellada, pueril, locura que pasaba, pero que volvía, quería vencerla, para no padecer tanto, para conformarse mejor con la vida, para no encontrar tan triste y desabrido el mundo.
  • Estos y todos los demás lunares que en Mesía le obligaba a descubrir de poco acá el endiablado espíritu de análisis, camino de la locura según ella, procuraba Ana convertirlos en otras tantas estrellas luminosas de pura hermosura.
  • Y completamente solo, ocultando á la familia su situación, teniendo que sonreir cuando estaba entre su mujer y sus hijas, las cuales le recomendaban que no se esforzase tanto, el pobre Barret se entregó á la más disparatada locura del trabajo.
  • Celestina, desesperada, se acercó al lecho de su padre, lloró otra vez, de rodillas, con la cabeza hundida en el flaco jergón, mientras don Santos repetía con voz pausada, débil, que tenía una majestad especial, compuesta de dolor, locura, abyección y miseria.
  • Pensó entonces con admirable tino que cuando en el orden privado, lo mismo que en el público, se inicia un poderoso impulso revolucionario, lógico, motivado, que arranca de la naturaleza misma de las cosas y se fortifica en las circunstancias, es locura plantársele delante.
  • Pero a ratos, meditando, pensando en su delito, en su doble delito, en la muerte de Quintanar sobre todo, al remordimiento, que era una cosa sólida en la conciencia, un mal palpable, una desesperación definida, evidente, se mezclaba, como una niebla que pasa delante de un cuerpo, un vago terror más temible que el infierno, el terror de la locura, la aprensión de perder el juicio.
  • Las tintas rabiosas de los trajes de la huerta, las blancas manchas de los grupos en mangas de camisa, los pantalones rojos de los soldados, los enormes quitasoles de seda granate que parecían robados de una antigua sacristía, los gigantescos abanicos de papel moviéndose con incesante aleteo, las botas de vino que a cada instante se alzaban oblicuamente sobre las cabezas, los gritos, las protestas porque se hacía tarde, todo daba a aquella parte de la plaza un aspecto de locura orgiástica, de brutalidad jocosa.
  • Aquel rebaño sucio, miserable y asustado, con la palidez del hambre en las carnes y la locura del terror en los ojos, era la piratería del Mercado, los parias que estaban fuera de la ley, los que no podían pagar al Municipio la licencia para la venta, y al distinguir a lo lejos la levita azul y la gorra dorada del alguacil, avisábanse con gritos instintivos, como los rebaños al presentir el peligro, y emprendían furiosa carrera, empujando a los transeúntes, deslizándose entre sus piernas, cayendo para levantarse inmediatamente, abriendo agujeros en la masa humana que obstruía la plaza.