Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "lope" aquí tienes una selección de 31 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra lope para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Lope de Aguirre, el traidor.
- Lope de Aguirre era todo un hombre.
- Realmente, Lope de Aguirre era todo un hombre.
- Lope de Aguirre debía ser de una de estas casas.
- Lope fué uno de los principales jefes de la partida.
- Era Lope hombre inquieto y turbulento, terco y mal encarado.
- Había vuelto a Calderón y Lope con más entusiasmo que nunca.
- A Lope le conocían entre los soldados por el apodo de Aguirre, el loco.
- Lope de Aguirre nació en el primer tercio del siglo XVI, y era vizcaíno.
- No contaba Lope más que con barcas apenas útiles para la navegación fluvial.
- Este vicio lo debía a los muchos versos de Lope y Calderón que sabía de memoria.
- ¡Mal tiro! exclamó Lope al primer disparo, al notar que la bala pasaba por encima de su cabeza.
- Lope asesinó también al teniente Vargas y dirigió un manifiesto a los rebeldes, que le siguieron.
- Que me acuerdo yo antes, que si no eran comedias del buen Lope de Vega, y Ramón, no había otra cosa.
- Llegó Lope al Perú, a mediados del siglo XVI, y tomó partido por Gonzalo Pizarro en la rebelión de éste.
- VI LOPE DE AGUIRRE, EL TRAIDOR De muchos capitanes, marinos, aventureros y frailes se ocupaba el libro de la familia.
- Los sublevados proclamaron general y príncipe del Perú a Fernando de Guzmán, y mariscal de campo a Lope de Aguirre.
- Allí donde arribaba, Lope se dedicaba al pillaje, saqueando los puertos, quemando todo cuanto se le ponía por delante, llevado de su loca furia.
- De los cuatrocientos hombres que salieron con Ursúa, no le quedaban a Lope más que ciento cincuenta, y de éstos, muchos iban, por días, desertando.
- Un mar de cabezas agitábase ante aquellas plataformas que recordaban el teatro primitivo, lo mismo el tablado de Esquilo que la carreta de Lope de Rueda.
- Quebrantado, cercado, cuando se vio irremisiblemente perdido, Lope, sacando su daga, la hundió hasta el puño en el corazón de su hija, que era todavía una niña.
- Y el pobre muchacho apretaba con mano crispada su junquillo, que para su imaginación era toledano acero, y pensaba desordenadamente en Lope de Vega, Quevedo, Cervantes y Lord Byron.
- Pero, entre todas aquellas historias, la más extraordinaria, la más absurda, dentro de su realidad, era la de Lope de Aguirre, el loco, llamado también Lope de Aguirre, el traidor.
- Como Guzmán reconviniera a Lope por su inútil crueldad, el feroz vasco, que no admitía reconvenciones, se vengó de él, asesinándolo y cometiendo después una serie de atropellos y de crímenes.
- Contemplar el mismo paisaje que columbraron Cervantes o Lope, posar en los mismos mesones, charlar con los mismos tipos castizos arrieros e hidalgos, peregrinar por los mismos llanos polvorientos y por las mismas anfractuosas serranías.
- Un majadero, un sietemesino que estudiaba en Madrid, había dicho que el teatro de Lope y de Calderón no debía imitarse en nuestros días, que en las tablas era poco natural el verso, que para los dramas de la época era mejor la prosa.
- Mesía esperaba la presencia de Ana y así podía resistir la conversación de su amigo, pero muchas veces la Regenta no parecía por el gabinete de su marido, y el galán tenía que contentarse con el bock de cerveza y el teatro de Calderón y Lope.
- En lo de tomar justa y sabrosa venganza los maridos ultrajados, el divino don Pedro había discurrido como nadie y sin quitar a El castigo sin venganza y otros portentos de Lope el mérito que tenían, don Víctor nada encontraba como El médico de su honra.
- El dandy vetustense sudaba de congoja recordando lo mucho que había padecido bajo el poder de don Víctor Quintanar, que según su cuenta, en pocos meses de íntima amistad le había declamado todo el teatro de Calderón, Lope, Tirso, Rojas, Moreto y Alarcón.
- Y que había estado en Madrid tan cerca de Lope de Vega como lo estaba de mí, y que había visto a don Alonso de Ercilla mil veces, y que tenía en su casa un retrato del divino Figueroa, y que había comprado los gregüescos que dejó Padilla cuando se metió fraile, y que hoy día los traía, y malos.
- Lope de Vega, el más furibundo, el más brutal, el más enorme de todos los modernistas, puesto que rompe con una abrumadora tradición clásica, será, sin duda, aplaudido por los viejos cuando se representa una obra suya, ¡una obra que es un insulto a Aristóteles, a Vida, a López Pinciano y a la multitud de gentes que creían en ellos, es decir, a los viejos de aquel entonces! Imitad a los clásicos se dice a los jóvenes no intentéis innovar.