Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra luto

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra luto en el contexto de una oración.

Término luto: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "luto" aquí tienes una selección de 29 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra luto para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Vestía siempre de luto.
  • Venía con orla de luto.
  • Fue un luto estrepitoso el de doña Manuela.
  • Si ve una carta de luto se sobresalta un poco.
  • Siempre parecía que iba de luto, aunque no fuera.
  • Yo soy lutera, vamos al decir, pinto papel de luto.
  • ¡Garbanzos con luto! ¿Quién se les habrá muerto?
  • ¡Qué tontería! En ese caso, ¿por qué no nos vestimos de luto?
  • Traía su capa de luto, botas, cuello pequeño y mostachos grandes.
  • A otro las mismas resmas ya con bordes negros, convertidas en papel de luto.
  • En uno de aquellos patios vió Andrés muchos hombres y mujeres, de luto, rezando.
  • ¡Una ley prohibiendo el luto! Si creerás que a mí me comulgas con ruedas de molino.
  • ¡Qué atrasado de noticias estás! ¿No sabes que hay ahora una ley prohibiendo el luto?
  • La seriedad de aquellos serenos ojazos de luto le concentró la sangre toda en el corazón.
  • Carraspique, que vestía el luto reciente de su hija, miraba a don Fermín con los ojos arrasados en lágrimas.
  • Era el luto oficial de los ricos que sin ánimo o tiempo para visitar a sus muertos les mandaban aquella especie de besa la mano.
  • Deposité el dinero y en un instante, de la sotanilla me hicieron ropilla de luto de paño, y acortando el herreruelo quedó bueno.
  • Estuvimos un momento, y después, mi abuela, la tía Úrsula y mi madre, vestidas con mantos de luto, y yo con la Iñure, nos dirigimos a la iglesia.
  • Con esos ojazos tristes los de mi hermana, los de mi madre, Dios las tenga en su santa gloria! ¡Esos ojazos de luto que se le meten a uno en el corazón.
  • Esto no impidió que durante el viaje manifestase la señorita de Ozores, vestida de riguroso luto, un dolor apenas mitigado por la resignación cristiana.
  • ¡Calla, déjale que hable! Y las visitas de Gertrudis, que con su cara grave y sus grandes ojazos de luto a que se asomaba un espíritu embozado, parecía decirles.
  • Poco a poco fueron entrando mujeres vestidas de luto, que se arrodillaban, extendían paños negros en el suelo, desarrollaban la cerilla amarillenta y la encendían.
  • Arriméme a la pared por darles lugar, y desque el cuerpo pasó, venían luego a par del lecho una que debía ser mujer del difunto, cargada de luto, y con ella otras muchas mujeres.
  • Llenáronsele los grandes ojazos, aquellos ojos de luto, serenamente graves, gravemente serenos, de lágrimas, y apretando a su seno a los dos pequeños, apretó sus mejillas a cada una de las de ellos.
  • Volvemos a Vetusta, casi pasando por encima de la ley, y nos coge el luto de tu pobre tía Águeda que se fue a juntar con la otra, y con ese pretexto te encierras en este caserón y no hay quien te saque al sol en un año.
  • AQUÍ YACE MARTÍN ZALACAÍN MUERTO A LOS 24 AÑOS EL 29 DE FEBRERO DE 1876 Una tarde de verano, muchos, muchos años después de la guerra, se vió entrar en el mismo día en el cementerio de Zaro a tres viejecitas vestidas de luto.
  • Juanito se manifestó enteramente conforme con su papá, y recibida la bendición nupcial, verificado el almuerzo en familia sin aparato alguno a causa del luto, sin ninguna cosa notable como no fuera un conato de brindis de Estupiñá, cuya boca tapó Barbarita a la primera palabra.
  • Aunque tradicionalmente el Espolón venía siendo patrimonio de sacerdotes, magistrados melancólicos y familias de luto, como algunas señoras notasen que el Paseo de los curas era más caliente que todos los demás, comenzaron en tertulias y cofradías a tratar la cuestión de si debía trasladarse el paseo de invierno al Espolón.
  • Yo pensé que eran calzas, porque eran a modo de ellas, cuando él, para entrarse a espulgar, se arremangó, y vi que eran dos rodajas de cartón que traía atadas a la cintura y encajadas en los muslos, de suerte que hacían apariencia debajo del luto, porque el tal no traía camisa ni gregüescos, que apenas tenía qué espulgar según andaba desnudo.