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Ejemplos de oraciones con la palabra malos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra malos en el contexto de una oración.

Término malos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "malos" aquí tienes una selección de 95 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra malos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Los años son malos.
  • Los hombres son muy malos.
  • Ese era de los menos malos.
  • Los síntomas no eran malos.
  • Los tiempos estaban malos, abofé.
  • Tengo malos presentimientos, Tula.
  • Siempre eran malos, pero muy malos.
  • Por lo demás, los versos no son malos.
  • Si no ha visto nunca más que malos ejemplos.
  • ¡Qué tiempos tan malos, Julián! Señorita.
  • Y mucho cuidadito con meterse en sitios malos.
  • Pasé días muy malos entre la vida y la muerte.
  • ¿Por qué serán tan malos cristianos los hombres?
  • Se hacía tarde, y los malos tragos pasarlos pronto.
  • Es que los caballos son muy malos contestó Martín.
  • Los cuadros, buenos o malos, llegaban hasta el techo.
  • (Los malos pasos de Napoleón, bien los has aprendido).
  • El tío Garrota no negó que daba malos tratos a su mujer.
  • Pero los tiempos están malos, y hay poco papel que teñir.
  • ¿No conviene usted conmigo en que los hombres son muy malos?
  • Viii Aquella tarde pasaron las dos pobres mujeres ratos muy malos.
  • Pero estos hombres, ¡qué malos son, pero qué malos! Pues verás.
  • Salía a pedir y por eso tenía todos los malos hábitos de la vagancia.
  • El buen fin precisamente, disculpando los malos medios, era la más negra.
  • Primitivo es hombre de malos hígados, capaz de darle a usted cien vueltas.
  • Ello tenía que suceder, porque los malos pasos conducen siempre a malos fines.
  • No sabes bien qué días tan malos estoy pasando desde que murió la pobre Rosa.
  • ¡Qué malos son ustedes los hombres! A Andrés esta mujer le pareció repulsiva.
  • No era fácil comprender qué malos pasos de Napoleón habría aprendido Manolita.
  • Nosotros tenemos en Santiago de Cuba seis barcos viejos, malos y de poca velocidad.
  • Y ya se decía que los curas no son ni más ni menos malos que los demás burgueses.
  • Doña Paula se sentó junto a la mesa, de lado, como los cómicos malos en el teatro.
  • En 1869, cuando demolieron la iglesia de Santa Cruz, Estupiñá pasó muy malos ratos.
  • Jormiguita para cuando vengan los malos tiempos dijo el Delfín con benévola ironía.
  • Pero como esto es dificilillo, hay que tener formalidad y no dar nunca malos ejemplos.
  • Y por fin, componiéndose la cabellera negra y abundante como los malos pensamientos, decía.
  • Estos hombres malos son los que engañan a los demás, a todos estos infelices que van a pelear.
  • Anoche nos dio malos ratos, porque llamaba a su Pae Pepe y se acordaba de la pocilga en que ha vivido.
  • Veo las admirables enseñanzas de Dios, veo a los malos recibir su castigo, y procuro no merecerlo yo.
  • Y de repente recordó que ella también había escrito versos, y pensó que podían ser muy malos también.
  • Dicen que es mucho y yo digo que me lo tienen que agradecer, porque los tiempos están malos, pero muy malos.
  • Atendiendo a que este género de sabandijas que llaman poetas son nuestros prójimos, y cristianos aunque malos.
  • Pensaba sermonearla hasta quitarla todos los malos resabios y dirigirla por la senda de la más estrecha virtud.
  • A pesar de las amonestaciones y malos tratos de su hija, Barinaga no había querido pasarse al partido contrario.
  • Está con mi hermana Severiana, porque yo, como gasto este geniazo, le doy malos ejemplos sin querer, ¿tú sabes?
  • Bien merecido me lo tengo declaró en un arranque de dolor combinado con la rabia, porque los dos hemos sido malos.
  • Era una oficina como otra cualquiera con algo menos de malos modos y un poco más de hipocresía impasible y cruel.
  • Yo envidio a los malos, porque envidio la ocasión, que me falta, de romper y tirar un mundo, y les miro y les digo.
  • En las paredes cuelgan apaisados cuadros antiguos que como están completamente negros es de suponer que no son malos.
  • El santo decía que los niños son por instinto malos, que su perversión innata hace gozar y reír a los que los aman.
  • Vigilaba á todas horas, permanecía siempre junto al rocín delantero, evitando los baches profundos y los malos pasos.
  • El Magistral se dejó introducir en el estrado por una criada sesentona, que ladraba a los pobres como los perros malos.
  • Por eso estoy tranquilo, y no veo con malos ojos que se despabile, que conozca el mundo, que adquiera soltura de modales.
  • Mi madre, que desde el principio que le hablé de Mary sintió por ella antipatía, se informó, y obtuvo malos informes.
  • Pero bien la podrían poner, si a mano viene, en un hospicio, o casa de orates, al menos para que no diera malos ejemplos.
  • ¡Cuánto cuesta ganarlo! ¡Y cuán malos hace á los hombres! En una barraca brillaba una luz pálida, amarillenta, triste.
  • A mí se me esconde, y no veo más que la grosería, los malos modos, la pobreza, hombres que parecen salvajes, liados en mantas.
  • Aquel continuo estudiar su pensamiento, acecharse a sí misma, acusarse, por ideas inocentes, de malos pensamientos, era un martirio.
  • La fiebre amarilla por un lado y los malos tiempos por otro han puesto a Andalucía en tal estado, que toda ella no vale una aljofifa.
  • No obstante, aún le parecía poco caritativo atribuir a malos fines su desaliño indecoroso, prefiriendo achacarlo a ignorancia y rudeza.
  • Una comisión del Cabildo presidida por el Deán, la Audiencia, la Universidad, y además cuantos se preciaban de buenos o malos católicos.
  • Yo confieso la verdad, que aunque me holgaba de oírle, tuve miedo a tantos versos malos, y así, comencé a echar la plática a otras cosas.
  • Sentáronse los tres en sillas de lustrosa madera, y doña Manuela, por costumbre, habló de los negocios y de lo malos que estaban los tiempos.
  • Sólo sé que sus crueldades conmigo se redoblaron hasta tal punto, que cansándome de sus malos tratos, me evadí de la casa deseoso de buscar fortuna.
  • Más de dos horas estuvieron charlando los que fueron amantes, y ella no paraba el pico refiriendo los malos tratos que le daba el hombre que a la sazón era su dueño.
  • En la caja habían entrado ya los primeros billetes del Banco de San Fernando, que sólo se usaban para el pago de letras, pues el público los miraba aún con malos ojos.
  • Que disimula los malos y esconde los buenos, y que en ella hay unos géneros de gentes como yo, que no se les conoce raíz ni mueble, ni otra cepa de la que descienden los tales.
  • La sobrina de Beracochea, que era la heredera, llamó a don Benigno, el vicario, para que los examinara, y éste afirmó que aquellos libros eran tan malos, que era mejor quemarlos.
  • ¡Pues para este viaje no necesitábamos alforjas! gritó Contracayes, no menos furioso, volviéndose al consternado Peláez, que no había previsto aquel choque de dos malos genios.
  • El inspirado y entusiasta mancebo hacía hincapié en lo malos que son los señoritos y en la necesidad de una ley a la inglesa que proteja a las muchachas inocentes contra los seductores.
  • Cuando murió Don Nicolás Rubín, todos los ingleses cobraron con las existencias de la tienda, a excepción de uno, que había sido el mejor y más fiel amigo del difunto en sus días buenos y malos.
  • Desde que un ladrón muerto de hambre había logrado imponerse á todos ellos, los propietarios se reían, y para vengarse de diez años de forzada mansedumbre, se hacían más malos que el famoso don Salvador.
  • Lamentábase de lo pésimamente que va España, repetía las noticias de los que venían de la ciudad, abominaba de los malos gobiernos, que tienen la culpa de las malas cosechas, y acababa por decir lo de siempre.
  • Entre Fortunata y doña Lupe no era todo concordia, como se puede haber comprendido, pues la señora de Jáuregui, observadora sagaz, había comprendido que desde principios de Junio su sobrina andaba en malos pasos.
  • Y a los pocos días la cocinera, cansada de aldea, se despidió con malos modos, y Sabel quedó en su sitio, sin que mediasen más fórmulas para el reemplazo que asir el mango de la sartén cuando la otra lo soltó.
  • Esta impresión de la escuela, fría y húmeda, donde se entumecen los pies, donde recibe uno, sin saber casi por qué, frases duras, malos tratos y castigos, esa impresión es de las más feas y antipáticas de la vida.
  • Todos los extremos son malos, y Benítez me tenía dicho que la verdadera curación de Ana vendría cuando se la viese menos atenta a la salud de su cuerpo, sin volver, ni por pienso, al cuidado excesivo y loco de su alma.
  • Además, usted necesita no sólo que la censuren, que la corrijan, sino que la animen también, elogiando sincera y noblemente la mucha parte buena que hay en ciertas ideas y en los actos que usted cree completamente malos.
  • Dijimos al fin que nos dolían las tripas y que estábamos muy malos de achaque de no haber hecho de nuestras personas en tres días, fiados en que a trueque de no gastar dos cuartos en una melecina, no buscaría el remedio.
  • Alguno de ellos era poeta, o, mejor dicho, todos hacían versos, aunque malos, y me parece que les oí hablar de cierta Academia en que se reunían para tirotearse con sus estrofas, entretenimiento que no hacía daño a nadie.
  • Aquellos buenos hombres llegaron a él, y dando voces le despertaron y le suplicaron quisiese socorrer a aquel pobre que estaba muriendo, y que no mirase a las cosas pasadas ni a sus dichos malos, pues ya dellos tenía el pago.
  • Había hablado, sin precisar nada, de malos pensamientos, pero le parecía indecoroso e injusto para con ella misma, hasta grosero, personificar aquellas tentaciones, decir que se trataba de un solo hombre de tales prendas, y señalar los peligros que había.
  • ¡Y qué horrorizado se quedaba oyendo contar lo mal que se portó el seductor de aquella hermosura! El honradísimo aprendiz de farmacéutico no comprendía que pudieran existir hombres tan malos, y las penas todas del infierno parecíanle pocas para castigarles.
  • Ambas familias se visitaban a menudo, tratándose con la mayor cordialidad, y aun se llegó a decir que Juan Pablo no miraba con malos ojos a la mayor de las hijas del boticario, llamada Aurora, y de cuyas virtudes, talento y aptitud para el trabajo se hacía toda lenguas doña Lupe.
  • En la inmoralidad que acusaba aquella aglomeración de malos cristianos, estaba pensando precisamente don Pompeyo Guimarán, que, mal curado de una fiebre, había consentido en cenar con don Álvaro, Orgaz, Foja y demás trasnochadores en el Casino y había venido con ellos a la misa del gallo.
  • La fantasía de Paco, sus costumbres, la especial perversión de su sentido moral le hacían afeminado en el alma en el sentido de parecerse a tantas y tantas señoras y señoritas, sin malos humores, ociosas, de buen diente, criadas en el ocio y el regalo, en medio del vicio fácil y corriente.
  • Y que había estado en Madrid tan cerca de Lope de Vega como lo estaba de mí, y que había visto a don Alonso de Ercilla mil veces, y que tenía en su casa un retrato del divino Figueroa, y que había comprado los gregüescos que dejó Padilla cuando se metió fraile, y que hoy día los traía, y malos.
  • Algunas madres de la vecindad, con su tropel de muñecos voceadores, y grupos de curas y aficionados a la clase sacerdotal, destacando sobre el verde la mancha negra de sus trajes, hablando con misterio de lo malos que están los tiempos, del prisionero del Vaticano y del verdadero rey que vive en Venecia.
  • Esto de que las islas han de querer quitarse unas a otras algún pedazo de tierra, lo echa todo a perder, y sin duda en todas ellas debe de haber hombres muy malos, que son los que arman las guerras para su provecho particular, bien porque son ambiciosos y quieren mandar, bien porque son avaros y anhelan ser ricos.
  • Sin duda, pensó Hurtado, que le gustaba explicárselo todo, la vaguedad de la música hace que los envidiosos y los canallas, al oir las melodías de Mozart, o las armonías de Wagner, descansen con delicia de la acritud interna que les produce sus malos sentimientos, como un hiperclorhídrico al ingerir una substancia neutra.
  • Toma, y vuélvela luego, y no hagáis sino golosinar, como si debajo della estuvieran todas las conservas de Valencia, con no haber en la dicha cámara, como dije, maldita la otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo, las cuales él tenía tan bien por cuenta, que si por malos de mis pecados me desmandara a más de mi tasa, me costara caro.
  • ¡y qué desconsolador era tener que echar sobre sí misma el desdén que mereciera todo! ¡Y con qué entusiasmo había escrito muchas de aquellas poesías religiosas, místicas, que ahora le aparecían amaneradas, rapsodias serviles de Fray Luis de León y San Juan de la Cruz! Y lo peor no era que los versos fueran malos, insignificantes, vulgares, vacíos.
  • Ella también iba a renacer, iba a resucitar, ¡pero a qué mundo tan diferente! ¡Cuán otra vida iba a ser de la que había sido! se preparaba a sí misma una vida de sacrificios, pero sin intermitencias de malos pensamientos y de rebelión sorda y rencorosa, una vida de buenas obras, de amor a todas las criaturas, y por consiguiente a su marido, amor en Dios y por Dios.
  • Preciso es declarar que el clero vetustense, aunque famoso por su intransigencia en cuestiones dogmáticas, morales y hasta disciplinarias, y si se quiere políticas, no había puesto nunca malos ojos a la proximidad del progreso urbano, y antes se felicitaba de que Vetusta se transformase de día en día, de modo que a la vuelta de veinte años no hubiera quien la conociese.
  • El comedor era interior, con tres ventanas al patio, su gran mesa y aparadores de nogal llenos de finísima loza de China, la consabida sillería de cuero claveteado, y en las paredes papel imitando roble, listones claveteados también, y los bodegones al óleo, no malos, con la invariable raja de sandía, el conejo muerto y unas ruedas de merluza que de tan bien pintadas parecía que olían mal.