Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra manda

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra manda en el contexto de una oración.

Término manda: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "manda" aquí tienes una selección de 76 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra manda para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Usted me manda.
  • Quien manda, manda.
  • La ciencia manda esto.
  • ¿Manda usía otra cosa?
  • Pero quien manda, manda.
  • Usted manda en esta casa.
  • Pues ese es el que manda.
  • Si usted me lo manda, sí.
  • Haré todo lo que usted manda.
  • , si llamasen como Dios manda.
  • De aquí para allá manda usted.
  • El centro, que lleva siete y lo manda Mr.
  • Pero donde manda capitán no manda marinero.
  • El médico me manda que coma poco y a menudo.
  • Me manda dentro de la carta cuatro mil reales.
  • La Ordenanza manda que se les envuelva en el coy 5.
  • Que le manda a usted venir a estas horas a mi casa?
  • Ayer el señorito Álvaro, que es el que manda allí.
  • No he faltado ni tanto así a lo que manda la Ordenanza.
  • Pero al fin, señorito, ¡aquí le manda Primitivo! Bah.
  • XI Final, que viene a ser principio i Quien manda, manda.
  • Vamos, hija, pocas palabras y a hacer lo que se le manda.
  • Hija, hay que irse acostumbrando a hablar como Dios manda.
  • Si se estuvieran quietecitos en sus casas como Dios manda.
  • Es peor que si lo fuese, porque manda en todos, incluso en mí.
  • Quien manda manda, y está dispuesto que no sean las cosas así.
  • Compre usted unos zapatos nuevos, como Dios manda, y será mejor.
  • Doña Lupe es la que manda allí, y peor para ellos si no mandara.
  • Y es a lo que nos manda Dios a este mundo, a alegrar a los demás.
  • Y manda además que sea usted degradado y entregado al brazo secular.
  • Dice que aquí me manda un santo para que me predique y me convierta.
  • Porque aunque no le he hablado nunca, le hablaré, si usted me lo manda.
  • Porque querían vivir trabajando, sin ofender á nadie, como Dios manda.
  • Pero que si se descuida y no hace lo que él le manda, lo va a pasar mal.
  • , es aquel paso de Hernán Cortés cuando manda dar fuego a las judías naves.
  • ¿Conque se cuidará usted, hará lo que le manda su primo y lo que le mande yo?
  • Señorito murmuró, ¿y por qué no nos dedicamos a ordenar esto como Dios manda?
  • Gritó Juan Pablo, alzando arrogante la voz, que a mí no se me manda callar, ¿estamos?
  • Le manda ahora los vestidos que deja, y como los deja nuevos y tiene tantos y tan ricos.
  • En la muerte no quería pensar, porque eso le ponía malo, y Dios no manda que enfermemos.
  • Hijo mío, estate calladito, y no chistes, que si tu mamá se va es porque Dios se lo manda.
  • Si fuese como Dios manda, una persona arregladita y económica, la sangre de mis venas le daría.
  • Le manda su último artículo dijo el regente a sus amigos, acechando en la puerta de la farmacia.
  • Sólo aquello que el rubor más elemental manda que se tape, era lo que ocultaba don Carlos a su hija.
  • Paco Vegallana había hecho beber al ateo, sin que este lo sintiera, más de lo que la justicia manda.
  • ¿Tú crees que una persona como Dios manda pone la firma, porque sí, al primer judío que se presenta?
  • ¡Pues yo voy a castigarte! Y entonces el sol, que es un hombre terrible, manda un rayo feroz contra el agua.
  • Decidido, audaz, acostumbrado a mandar como se manda en un barco, no podía soportar que nadie le contrariase.
  • (solo de este instrumento), y entré por una porta y salí por otra, ¡y manda el rey que te lo cuente otra vez!
  • ¿Y quién te dice a ti, bachillera, que Dios manda comprar zapatos nuevos mientras el prójimo anda sin zapatos?
  • Casi a viva fuerza habían hecho Visitación y Quintanar que Ana se vistiera, como Dios manda, y saliese con ellos.
  • Divertirse, alborotar, como manda el señor Quintanar, que además de tener derecho para mandarlo, pide muy cuerdamente.
  • Es usted el ama, y me manda a mí, y si me pide una cataplasma hecha con picadillo de mi corazón, al momento se la hago.
  • Usted sabe muy bien, mi oficial, que el hombre que manda durante mucho tiempo un barco de vela, llega a mirarle como una cosa viva.
  • Tiene usted que llamar a su marido y decirle que para quererle como Dios manda, es preciso que no mate a nadie, absolutamente a nadie.
  • A los dos años de vivir así, se la vio renunciar por completo a vestirse y ataviarse como manda la moda que se atavíen las señoras.
  • La retaguardia, también de siete, que va mandada por Dumanoir, y el cuerpo de reserva, compuesto de doce navíos, que manda Don Federico.
  • ¡Perfectamente! Pero usted olvida que es casada y que Dios le manda querer a su marido, y si no le quiere, serle fiel de cuerpo y de pensamiento.
  • No sé si sabrás que, cuando se construye un buque, se hace un libro o cuaderno que se entrega por el constructor al primer oficial que lo manda.
  • Yo me caso, me caso, y me caso, porque soy dueño de mis actos, porque soy mayor de edad, porque me lo dicta mi conciencia, porque me lo manda Dios.
  • Este estribillo lo repetía muy orgullosamente la viuda siempre que saltaba una oportunidad, añadiendo que creía cuanto la Santa Madre Iglesia manda creer.
  • Un poco asustada, la nena besó también a su madre, sin efusión de cariño, y como besan a cualquier persona los chicos obedientes, cuando se lo manda la maestra.
  • A los individuos de Orden Público o de la Guardia Civil que iba encontrando, les miraba ya como subalternos, y por poco les manda prender a su tía y a Torquemada.
  • El amor sacrílego iba y venía volando invisible por naves y capillas como una mariposa que la primavera manda desde el campo al pueblo para anunciar la alegría nueva.
  • A vivir como Dios manda, con tranquilidad y modestia, educando a tu hijo para que sea un hombre de provecho, y sin repetir ciertas locurillas de las que no quiero hablarte.
  • Y además de esto, para que cunda el ejemplo, manda que sus damas principales acompañen a doña Teresa en las visitas que todos los viernes y durante la cuaresma hace a los hospitales.
  • Mírame a mí, que no hago más que lo que me manda el Padre Nones, y he perdonado a la Pepa, a la Matilde, que me quiso envenenar, y a doña Malvina la protestanta y a todo el género mundano.
  • ¡Si ella había soñado siempre con verse rodeada de un corro chiquito de personas queridas, y vivir como Dios manda, queriendo bien a los suyos y bien querida de ellos, pasando la vida sin afanes!
  • Y como la historia ha de atreverse a decirlo todo, según manda Tácito, sépase que Anita, casta por vigor del temperamento, encontraba exquisito deleite en verificar la justicia de aquellas alabanzas.
  • ¡Qué tormento! ¡Ni un día de reposo! Se casa una para vivir con su marido, y a lo mejor viene un despacho de Madrid que en dos palotadas me lo manda qué sé yo a dónde, a la Patagonia, al Japón o al mismo infierno.
  • Mas pues él nos manda que no volvamos mal por mal y perdonemos las injurias, con confianza podremos suplicarle que cumpla lo que nos manda, y Su Majestad perdone a éste que le ofendió poniendo en su santa fe obstáculo.
  • Con su laconismo y seriedad habituales, hablaba del tiempo desapacible y metido en agua, que casi no había consentido majar, ni segar el maíz, ni vendimiar como Dios manda, ni cumplir en paz ninguna de las grandes faenas agrícolas.
  • Le parecía que gastar carbón, pudiendo navegar a vela, era una estupidez, y cuando veía que soplaba un buen viento, creyendo hacer un obsequio a la Compañía, mandaba apagar los fuegos, largaba las velas y se lanzaba a navegar como Dios manda.
  • ¡Y verlos hablar quedito y de rezado! ¡Pues sufrir una vieja que riñe, una portera que manda y una tornera que miente! Y lo mejor es ver cómo nos piden celos de las de acá fuera, diciendo que el verdadero amor es el suyo, y las causas tan endemoniadas que hallan para probarlo.
  • ¡Mia tú el Papa, que manda más que el rey! Y que le vi yo pintao, en un santo mu grande, sentao en su coche, que era como una butaca, y lo llevaban en vez de mulas un tiro de carcas (curas según Bismarck), y lo cual que le iban espantando las moscas con un paraguas, que parecía cosa del teatro.
  • Y cuando dábamos sacramento a los enfermos, especialmente la extrema unción, como manda el clérigo rezar a los que están allí, yo cierto no era el postrero de la oracion, y con todo mi corazón y buena voluntad rogaba al Señor, no que la echase a la parte que más servido fuese, como se suele decir, mas que le llevase de aqueste mundo.