Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "manto" aquí tienes una selección de 31 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra manto para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Y no te has quitado el manto.
- Añadió sacando de debajo del manto un objeto.
- Oye una cosa dijo a Fortunata, quitándose el manto.
- Y el manto de la Virgen, el manto de brocado con ramos.
- La señora no se había quitado el manto ni los guantes.
- La portera vio que doña Guillermina se quitaba el manto.
- Púsose el manto y el pañuelo por la cabeza, y bajó a la calle.
- Quitose la señora el manto y lo puso sobre la cómoda bien doblado.
- Al entrar la Regenta en la capilla, la reconoció a pesar del manto.
- Todavía no se había quitado el manto, y parecía que iba a volver a la calle.
- Encerrose en su alcoba, tiró el manto y se echó en el sofá, dando un rugido.
- Allí estaba la santa, todavía con el manto puesto y el libro de misa en la mano.
- A la rubia, un bamboleo de cabellos y un asomo de vedijas por el manto y la toca extremado.
- Por todas partes cubre el manto de la política intereses egoístas y bastardos, apostasías y vilezas.
- Vamos ahora a otra cosa dijo la joven, sacando de debajo del manto una mano, en la que tenía una carta.
- En cuanto Guillermina pescó lo que le faltaba para completar su cantidad, dejó la costura y se puso el manto.
- Tan guapetona, tan maja, con aquel manto todito lleno de estrellas y los pies encima del biricornio de la luna.
- Sin pensar siquiera en que llovía, sin acordarse de que el cielo era un sudario en vez de un manto azul, como debiera.
- Adoptó el traje liso de merino negro, el manto, pañolón oscuro cuando hacía frío, y unos zapatones de paño holgados y feos.
- Al caer en la cuenta de lo tarde que era, púsose precipitadamente el manto, y se despidió del Pituso, a quien dio muchos besos.
- Detrás de la celosía se le figuró ver un manto negro y dos chispas detrás del manto, dos ojos que brillaban en la obscuridad.
- Lo primero que ha hecho es vestirse con un hábito de viuda, es decir, con un manto de paño negro común y unas tocas blancas gruesas.
- David, con corona de latón, barba de crin y el floreado manto barriendo los adoquines, avanzaba pulsando los bramantes de su arpa de madera.
- Doña Lupe permaneció un rato en la sala, sin moverse del sillón en que se sentara al entrar, con el manto puesto, la mano en la mejilla, pensando en lo mismo.
- ¡Qué hermosa es la verdad, mejor dicho, estos bordes del manto de la verdad que alcanzamos a ver en la tierra, porque el cuerpo del manto y el de la verdad misma no se ven desde estos barrios!
- Y como encontrara mujeres bonitas, solas, en parejas o en grupos, bien con toquilla a la cabeza o con manto, gozaba mucho en afirmarse a sí mismo que aquellas eran honradas, y en seguirlas hasta ver a dónde iban.
- Pero para la liebre, vestida con su abrigado manto de suave y tupido pelo, era noche de festín, noche de pacer los tiernos retoños de los pinos, la fresca hierba impregnada de rocío, las aromáticas plantas de la selva.
- Llegose un instante a su gabinete, pensando en la visita que aquel día esperaba, pero el interés de este asunto no le hizo olvidar los suyos propios, y sin quitarse el manto, volvió a salir y fue al despacho de su sobrino.
- V Y no pudo en muchos días apartar de su pensamiento las cosas que le refirió doña Manolita que, entre paréntesis, no acababa de serle simpática, y lo que más metida en reflexiones la traía no era precisamente que aquellos hechos de regalar la custodia y el manto se hubieran verificado, sino la casualidad.
- En el centro de estos campos desolados, que se destacaban sobre la hermosa vega como una mancha de mugre en un manto regio de terciopelo verde, alzábase la barraca, ó más bien dicho, caía, con su montera de paja despanzurrada, enseñando por las aberturas que agujerearon el viento y la lluvia su carcomido costillaje de madera.
- ¡Cosa más rara! ¡Y ella había tenido en su mano, días antes, para limpiarle unas gotas de cera, aquel mismo manto que había servido para pagar, digámoslo así, la salvación del chico de Santa Cruz! Y no obstante, todo era muy natural, sólo que a ella se le revolvían los pensamientos y le daba qué pensar, no el hecho en sí, sino la casualidad, eso es, la casualidad, el haber tenido en su mano objetos relacionados, por medio de una curva social, con ella misma, sin que ella misma lo sospechara.