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Ejemplos de oraciones con la palabra manuel

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra manuel en el contexto de una oración.

Término manuel: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "manuel" aquí tienes una selección de 69 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra manuel para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Don Manuel.
  • Al veinticinco, don Manuel.
  • Era sobrino de don Manuel en grado lejano.
  • Por algo comía el pan de don Manuel Pardo.
  • Don Manuel Moreno Isla no fue aquella noche.
  • Trataba don Manuel de descortezar a don Pedro.
  • XI Hacía un mes que don Manuel Pardo se preguntaba a sí mismo.
  • Carga con ellos y así te perniquiebres repuso Don Manuel sonriendo.
  • En cambio don Manuel y Nucha daban señales de inquietud y desagrado.
  • Con una buena propinilla, Manuel no me habría ocultado lo que supiera.
  • Don Manuel, trémulo de coraje, vertía el anisete al llevarlo a la boca.
  • Don Pedro Manuel de Jáuregui había servido en el Real Cuerpo de Alabarderos.
  • ¡La razón! Buena tía indecente está observó Don Manuel dentro de su pensamiento.
  • Don Manuel, ¡por Dios! que la letra vence hoy, y he de pagarla o se deshonra mi tienda.
  • Comenzó don Manuel a poner mil objeciones, callándose algunas que no eran para dichas.
  • (este tremendo disparate debía haberlo aprendido don Manuel en algún artículo de fondo).
  • Que no se casa ni se casará porque él quiere hacerla monja, y que don Manuel autoriza esto, y.
  • Por efecto de las continuas visitas le trataron como amigo íntimo los de la familia de don Manuel.
  • ¡La que se armó allí! Acordábase Don Manuel de aquel lance como si hubiera ocurrido el día anterior.
  • Don Manuel le apreciaba como muchacho laborioso y económico, que tenía lo que él llamaba sangre comercial.
  • Con tan gratos pensamientos, don Manuel abrió los oídos para mejor recibir el rocío de las palabras de su sobrino.
  • Detuviéronse un instante en la habitación, y Don Manuel, poniéndole una cara muy seria, hizo a su primo esta pregunta.
  • Esta noche sí que voy a dormir bien anunció Don Manuel con esa esperanza de enfermo que es gozo empapado en melancolía.
  • Y ahora que recuerdo, esta casa era de Don Manuel Moreno Isla, que el año pasado le dio la administración a Don Plácido.
  • Don Manuel murmuraba el pedigüeño con voz misteriosa y arrodillándose cerca del Banco, necesito al momento seis mil reales.
  • Se le royeron los zancajos a don Manuel, afirmando que había dicho en toda confianza a persona que lo repitió en toda intimidad.
  • Yo a quien conocí y traté, porque era gran amigo de mi padre observa otro contertulio, fue a don Juan Manuel Montalbán y Herranz.
  • Estupiñá, que entraba detrás, le echó también un gran saludo a Don Manuel, permitiéndose abrazarle, porque eran antiguos amigos.
  • La Casa de banca no era ya Moreno en 1870, sino Ruiz Ochoa y Compañía, aunque uno de sus principales socios era don Manuel Moreno Isla.
  • En el principal moraba Don Manuel Moreno Isla, cuando venía a Madrid, su hermana doña Patrocinio, viuda, y su tía Guillermina Pacheco.
  • II Insomnio i A las doce de un hermoso día de Octubre, Don Manuel Moreno Isla regresaba a su casa, de vuelta de un paseíto por Hide Park.
  • En su fachada severa desafinaba una galería de nuevo cuño, ideada por don Manuel Pardo de la Lage, que tenía el costoso vicio de hacer obras.
  • Yo pienso ver a Casta Moreno para que interceda con Don Manuel Moreno Isla, y este le hable a Zalamero, que está casado con la chica de Ruiz Ochoa.
  • Don Manuel Pardo le veía gustoso acercarse a sus hijas, por ser el señorito de la Formoseda de muy limpio solar montañés, y no despreciable caudal.
  • Don Manuel, el hombre de las economías inauditas y las ruindades sin ejemplo, estremecíase de rabia al ver el uso que Rafael hacía de sus liberalidades.
  • Cuando todos fueron saliendo, don Manuel Pardo se acercó a su hija, y la oprimió contra el pecho colosal, sellándole la frente con besos muy cariñosos.
  • Panderetas de las más abigarradas, abanicos y algunos cuadritos fueron llegando sucesivamente en todo el transcurso del día, y Don Manuel escogía y pagaba.
  • Además, el fino trato de su mujer, la perpetua compañía de sus hijas suavizara ya las tradiciones rudas que por parte de los la Lage conservaba don Manuel.
  • Don Manuel no era ningún lince, pero afiliado platónicamente desde muchos años atrás al partido moderado puro, hecho a leer periódicos, conocía la rutina.
  • En los últimos años de la Revolución, Don Manuel Pez diole un destinillo en el Gobierno civil, y él lo aceptó como ayuda hasta que vinieran tiempos mejores.
  • El capital para la instalación de esta importante industria habíalo facilitado Don Manuel Moreno Isla, que tenía confianza en la honradez y tino de Pepe Samaniego.
  • Su club era el salón de un amigo y pariente, al cual iban casi todas las noches Don Manuel Cantero, Don Cirilo Álvarez y Don Joaquín Aguirre, y algunas Don Pascual Madoz.
  • Hay quien dice que Pepe Moreno Vallejo, el cordelero de la Concepción Jerónima, es primo hermano de Don Manuel Moreno Isla, uno de los Morenos que atan perros con longaniza.
  • Don Manuel Pardo mejoraba en tercio y quinto a su primogénito Gabriel, que entre la mejora, su legítima y el vínculo, vendría a arramblar con casi toda la casa de la Lage.
  • Además, la señorita Carmen estaba cada día más chocha por su estudiante, y se creía en el pueblo que, si don Manuel Pardo negaba el consentimiento, la chica saldría depositada.
  • Y en cuanto a sus relaciones con los Páez, yo que soy amigo de corazón de don Manuel, y conozco a su hija desde que era así media vara protesto contra todas esas calumniosas especies.
  • Se aseguró que las hermanas no cruzaban ya palabra alguna en la mesa, y lo confirmó ver a Rita en paseo sola con Carmen delante, mientras el primo seguía detrás con don Manuel y Nucha.
  • De todos los individuos que formaban la tertulia de Las Tres Rosas, don Manuel Fora era el más considerado, a causa de su fortuna sólida y cuantiosa y de respeto que gozaba en el comercio.
  • Las señoritas de la Lage, discurría don Manuel, deben casarse, y sería contrario al orden providencial que no apareciese tronco en que injertar dignamente los retoños de tan noble estirpe.
  • Lo cierto es que, apenas el primo se sentó a platicar con don Manuel, cada niña se escurrió bonitamente, ya a arreglar su tocado, ya a prevenir alojamiento al forastero y platos selectos para la mesa.
  • Estremecióse de placer don Manuel Pardo viendo al sobrino entrar en su despacho una mañana, con la expresión indefinible que se nota en el rostro y continente de quien viene a tratar algo de importancia.
  • Había oído don Manuel que donde hay varias hermanas, lo difícil es deshacerse de la primera, y después las otras se desprenden de suyo, como las cuentas de una sarta tras la más próxima al cabo del hilo.
  • Así pues, don Manuel, que se desdeñaría de tender redes a un ricachón plebeyo, se propuso inmediatamente hacer cuanto estuviese en su mano para que su sobrino pasase a yerno, como el Sandoval de la zarzuela.
  • Cuando se abrió el testamento del señor Don Manuel Moreno Isla, que en gloria esté, testamento hecho tres años ha, se encontró que dejaba esta casa y el solar de la calle de Relatores a doña Guillermina Pacheco, su tía.
  • El dueño de este gran establecimiento, que tanto ha de llamar la atención, es Pepe Samaniego, a quien ha facilitado el dinero para montarlo mi primo Don Manuel Moreno Isla, el hombre más bueno y más generoso del mundo, y con un capital.
  • ¡Qué mejor esposo podían desear sus hijas que el primo Ulloa! Entre los numerosos ejemplares del tipo del padre que desea colocar a sus niñas, ninguno más vehemente que don Manuel Pardo, en cuanto a la voluntad, pero ninguno más reservado en el modo y forma.
  • Las sobremesas eran para él largo suplicio, pues a las anécdotas y cuentos de don Manuel, que versaban siempre sobre materias nada pulcras ni bien olientes (costumbre inveterada en el señor de la Lage), se unían las continuas inconveniencias del primo con la prima.
  • Don Manuel era superior a su sobrino por el barniz de educación adquirido en dilatados años de existencia ciudadana y el consiguiente trato de gentes, así como por aquel bien entendido orgullo de su nacimiento y apellido, que le salvaba de adocenarse (era su expresión predilecta).
  • Pero, a no ser en uno de sus momentos de arrechucho puramente nervioso, no podía, no sabía, no acertaba a dar un paso, a adoptar una medida aunque ésta fuese tan fácil y hacedera como escribir cuatro renglones a don Manuel Pardo de la Lage, informándole de lo que ocurría a su hija.
  • Verdad es que el señor don Nemesio Angulo, eclesiástico en extremo cortesano y afable, antiguo amigo y tertuliano de don Manuel y autor de la dicha de los cónyuges, a quienes acababa de bendecir, intentó soltar dos o tres cosillas festivas, en tono decentemente jovial, para animar un poco la asamblea.
  • , y una lindísima chaqueta de grana, con las insignias de coronel bordadas en plata por bocamangas y cuello, herencia de la abuela de don Manuel Pardo, que según costumbre de su época, autorizada por el ejemplo de la reina María Luisa, usaba el uniforme de su marido para montar diestramente a horcajadas.
  • Cuantos géneros de seda se despachaban en la tienda procedían de la fábrica de don Manuel, y de esto resultaba una continua comunicación entre el establecimiento de don Eugenio y el caserón del barrio de las Escuelas Pías, relaciones en las que servía de intermediario Melchor Peña, como dependiente de confianza.
  • Pero lo que daba cierto aspecto grandioso al gabinete era el retrato del difunto esposo de doña Lupe, colgado en el sitio presidencial, un cuadrángano al óleo, perverso, que representaba a Don Pedro Manuel de Jáuregui, alias el de los Pavos, vestido de comandante de la Milicia Nacional, con su morrión en una mano y en otra el bastón de mando.
  • Juan, un joven infatigable para el trabajo, meticuloso en los negocios, capaz, como su padre, de darse de cachetes por un ochavo, y Manolita, una muchacha hermosota, que a los diecisiete años tenía el aspecto de una matrona romana, y a quien don Manuel no quería encargar de la administración de la casa en vista del poco aprecio que mostraba al dinero.
  • Pero aunque en ello entrase en gran parte la exagerada malevolencia de sus enemigos, lo cierto era que don Manuel, con el producto de sus doscientos telares siempre en actividad y los caritativos auxilios que prestaba desde el Banco de San Juan, iba formándose una fortuna, cuya cifra, por ser desconocida, rodeaba a su poseedor de cierto prestigio misterioso.
  • Él era quien iba al despacho de don Manuel a escoger pañuelos y piezas de seda, raso o terciopelo en aquellos armarios de roble con cerradura complicada, que databan del siglo anterior, y él también quien subía a los porches, donde con un tric trac ensordecedor movíanse los telares y volaban las lanzaderas, haciendo surgir los ricos tejidos entre polvo y telarañas.
  • Uno tras otro se cerraban los talleres montados a la antigua que durante un siglo habían sostenido la supremacía industrial de Valencia, y don Manuel, que a pesar de su buen sentido comercial tenía empeño en mantener testarudamente la lucha con el exterior, sufrió grandes pérdidas y murió de un berrinche antes que la ruina viniese a coronar su desesperada resistencia.
  • Aparte de la manía de referir en las sobremesas y entre amigos de confianza mil anécdotas, no contrarias al pudor, pero sí a la serenidad del estómago de los oyentes, era don Manuel persona cortés y de buenas formas para presidir, verbigracia, un duelo, asistir a una junta en la Sociedad Económica de Amigos del País, llevar el estandarte en una procesión, ser llamado al despacho de un gobernador en consulta.
  • Otro, hizo la observación de que sus ojos eran ardientes ascuas, imagen del dominio común de todos los novelistas por él conocidos, una noche hasta llegó a pensar, revolviéndose en su menguada cama de dependiente, que la hija de don Manuel estaría admirablemente formada, a juzgar por su exterior escultural otra frase cien veces leída, y el resultado de estas y otras observaciones fue confesarse a sí mismo que era esclavo de Manolita y la amaría hasta la muerte.